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Entre el drama y la comedia

Se calcula en más de 17.000 muertos en el antaño idílico y literario mar Mediterráneo desde que se iniciara el fenómeno de las pateras subsaharianas intentando llegar a Europa, huyendo de mucho y en busca de algo. Algo tan elemental como comida y seguridad. Probablemente me traicione mi concepto de lo que debe ser una actitud humanitaria, pero siento indignación y sobre todo impotencia ante la postura de algunos países ribereños, con Italia a la cabeza, radicalismo llevado al máximo desde que en ese país se formara gobierno entre la Liga Norte (ultraderecha) y el Movimiento 5 Estrellas (antisistema?teóricamente). Fue el pasado año 2018, y el ministro italiano del Interior, Matteo Salvini, se ha convertido en el líder europeo de la anti inmigración. Como es sabido, Salvini promulgó una ley impidiendo el amarre en los puertos italianos de los barcos de las ONGs que recogen a las pateras a la deriva que atisban en el mar, con todo tipo de carga e incluidos niños y mujeres embarazadas. La desesperación llega a esos extremos, mientras Europa se mantiene inamovible ante el gran problema de Italia especialmente y ahora España. Nuestro gobierno no termina de adoptar una postura clara, pero es evidente que ese laissez faire laissez passer permitió que algunos miles de estos desheredados consiguieran introducirse en España, especialmente vía Andalucía y Comunidad Valenciana. Y aunque nuestro país no está para dispendios (el tremendo paro baja muy lentamente y las necesidades y desigualdades de la población son cada día más evidentes) la opinión general española está a favor de la ayuda y aceptación del inmigrante. Sencillamente por un sentido humanitario. Pero es evidente que habrá que tomar algún tipo de medidas que eviten el asalto de nuestras costas sin ningún tipo de plan preconcebido, incluida la devolución a los países de origen que son los responsable del exilio, y las mafias organizadoras de las «excursiones marítimas». En fin, un drama tremendo y con tremendas dificultades para su solución. La gravedad de este asunto no me hace olvidar los visos de retroceso social que empiezan a aparecer en España; hace unos días que el Ayuntamiento de Madrid suspendió el concierto de Luis Pastor, probablemente el único cantautor protesta que ha sobrevivido a los años heroicos de la censura, y que junto a su hijo iba a cantar en las fiestas del municipio madrileño de Aravaca. ¿Razones? Ninguna, si excluimos que había sido aceptado por el gobierno de Carmena, y que (según cuentan) los habitantes de alto estanding de Aravaca, que son mayoría, no estaban muy de acuerdo con el programa de festejos. Personalmente me suena a involución cultural, que me retrotrae a los años 60 y 70 alicantinos en los que para hacer cualquier acto cultural había que pasar mil controles, en muchos casos con la prohibición por respuesta. Pero señores, han pasado casi 50 años?y la censura vuelve, ¡maldición! El teatro, y muy especialmente el cine, parece escapar hasta ahora de cualquier censura. Y por eso doy por título a mi columna «Entre el drama y la comedia». De alguna forma habrá que dejar descansar al cerebro y al corazón, y al alma, y el cine y los libros (a falta de música y teatro) son buenos aliados veraniegos. Respecto a los libros, me permito recomendarles El maestro del Prado porque tras su lectura se sentirán impulsados a revisitar (o quizás visitar por primera vez) nuestra primera pinacoteca guiados por Javier Sierra, su autor. Y vámonos al cine: muy recomendable El cuento de las comadrejas, película argentina de indudable humor negro, diálogos feroces y muy inteligentes, y con un repartazo, cuatro actores inconmensurables entre los que se rencuentran (además de la legendaria diva Graziela Borges) el actor Luis Brandoni que estuvo actuando en el Teatro Principal en el año 1986 (es decir, ¡hace 33 años!) con la inolvidable obra Made in Lanus acompañado por figuras celebérrimas argentinas como Marta Bianchi, Patricio Contreras y Leonor Manso esta última premio de interpretación de la Asociación Independiente de Teatro de Alicante. Y junto a esta comedia de las comadrejas, cruel a veces pero siempre inteligente e hilarante, sitúo a R emember me, producción americana y dirigida por un español, que aun acercándose al melodrama está llena de sinceridad y sin pretensiones de decir cosas trascendentales, es sin duda una loa al amor incondicional en la vejez atacada por el Alzheimer. Y con un Bruce Dern soberbio, y la breve aparición de nuestra Verónica Forqué. Feliz mes de agosto, amigos.

La Perla. «Ayuda a tus semejantes a levantar su carga, pero no te consideres obligado a llevársela» (Pitágoras).

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