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Teatro, crítica

Concierto y bromas

Pagagnini 2

Teatro Principal de Alicante

Autoría y producción: Yllana

Dirección: David Ottone y Juan Ramos

Había esperar mucho más, sobre todo porque ya nos visitó Pagagnini. Y no solo porque en aquel espectáculo interviniese el gran comediante del violín Ara Malikian. Ahora, en Pagagnini 2, también residen instrumentistas con alta calidad, pero el sentido cómico no está a la misma altura. Eduardo Ortega repite junto a Jorge Fournadjiev, Isaac M. Pulet y Jorge Guillén «Strad», discípulo de Ara y conocido como «el violinista rebelde», que ya actuó en el Aula de Cultura de Alicante con su propia formación. Aquí es Producciones Yllana la que sigue al pie de un cañón con más de 25 años. El público conoce la capacidad creadora, el teatro gestual y el humor gamberro de esta factoría madrileña que se ríe de sí misma. Pura comedia y rasgos de locura, bajo la dirección de David Ottone y Juan Ramos, aunque baja el nivel de los golpes burlescos y de una dramaturgia que casi no existe. El cuarteto de cuerdas incluye un teclado en ocasiones para que la numerosa afición saboreé las notas clásicas por encima de otros géneros, como una de las piezas de la banda sonora del emotivo filme Cinema Paradiso, o «Hey jude», canción de Los Beatles coreada por el respetable en la recta final. Por cierto, una voz grabada expone la tarea de los músicos del siglo XVIII en la corte para satisfacer las necesidades de ocio de la nobleza. Destacan el vanidoso músico, dos números musicales partiendo de las sintonías de los teléfonos móviles, o tres espectadores que producen la impresión de que tocan las cuerdas, efecto visual e hilarante que todo el mundo conoce. Los violines y el violonchelo cantan alegres y se estimulan con maestría. Hay distorsiones, contrastes y se usa la sonoridad vocal. Aun así, al carácter lúdico de la actuación, con sus trajes de época, no se le saca toda la punta necesaria. Incitan a participar con diversas palmas y no se abandona la tentación de caer en el infantilismo para adultos. El concierto y la broma, no obstante, hacen disfrutar, y la música, administrada con desenfado como forma de entenderla, se digiere muy bien. Esto debería incluirse en el aprendizaje musical de los pequeños. El título recuerda a Paganini, el influyente compositor del movimiento Romántico.

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