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Alicante nos habla de los alicantinos

Fue justamente Óscar Esplá quién actuó de secretario del Concurso Nacional de Música del año 1925 en el que Rafael Rodríguez Albert obtuvo una mención

Recuerdo de niño escuchar con frecuencia la "Sonata del sur" y la "Sinfonía Aitana" ambas de Óscar Esplá en un casete de la Orquesta Nacional de España con Rafael Frübeck de Burgos y Alicia de Larrocha en el papel solista. Me llamaba poderosamente la atención esa música tan particular que parecía describir los paisajes ocres y tornasolados por la intensidad de la luz en la montaña alicantina con una precisión casi palpable. Más tarde supe que a esa idiomática se le llamaba "levantismo musical" termino adoptado justamente en referencia a la música de "Don Óscar". Fue justamente Óscar Esplá quién actuó de secretario del Concurso Nacional de Música del año 1925 en el que Rafael Rodríguez Albert obtuvo una mención. Más tarde, en 1961, Rodríguez Albert ganó su segundo Premio Nacional de Música y de nuevo encontramos a Esplá como miembro del jurado, esta vez como presidente. Es por tanto curioso que el más famoso de los músicos alicantinos reconociera desde el principio el talento de Rodríguez Albert y que, sin embargo, la provincia de ambos valorara tarde y de manera huraña los méritos y el alcance del compositor ciego.

Por eso es de agradecer todos los homenajes que se le están realizando a Rodríguez Albert a lo largo de este año: conciertos, conferencias e incluso una exposición sobre su vida y obra en la Sede de la UA y de la que el que les escribe ha sido investigador y colaborador. Como colofón a estos actos el concierto de ayer con la principal orquesta de la provincia -ADDA Sinfónica- en el que se interpretaron dos obras del compositor alicantino -"Cinco piezas, para pequeña orquesta y piano" y "Sonata del mar y del campo"- sirvió de broche de oro y homenaje a la altura del compositor.

Las obras de Rodríguez Albert estuvieron enmarcadas por sendas composiciones de dos de las principales influencias-como acertadamente señaló en las palabras finales el director Josep Vicent- del compositor: Manuel de Falla y Igor Stravinsky. Abrió el concierto la Jota final del sombrero de tres picos, obra en la que la variedad y precisión tímbrica de la orquesta del ADDA se encuentra especialmente cómoda. Continuó la sesión con una mimada versión de las juveniles "Cinco piezas" con el pianista Jesús Gómez al piano, obra que se estrenó parcialmente hace poco más de 91 años en nuestro Teatro Principal por parte de una orquesta -la Orquesta de Cámara de Alicante- que, como hace ADDA Sinfónica en nuestros días, prestaba especial atención a los músicos levantinos.

Sin apenas solución de continuidad, la orquesta interpretó la "Sonata del mar y del campo" y en esta obra -ya obra de madurez con un lenguaje absolutamente contemporáneo- fue donde la orquesta dio lo mejor de sí misma con un entusiasmo que resultó contagioso y en el que el "levantismo" del que les hablaba al principio de esta reseña lleno la sala con unas secciones -el tratamiento de la orquesta de Rodríguez Albert es frecuentemente seccional, casi camerístico- que demostraron la indiscutible calidad individual de cada uno de los miembros de ADDA Sinfònica.

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