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La andanada

Sevilla y Manzanares, desvelos revelados

La Navidad se nos echa encima otro año más con su espeso manto de mercadotecnia, consumismo e hipocresía. Ya saben: en esta época hay que acordarse de todos con el regalito de marras, hay que ocuparse durante unos días de quienes tenemos olvidados el resto del año y hay que sumar amor y felicidad a raudales casi por decreto ley. Es el rescoldo que queda en nuestra sociedad capitalista de aquello que germinó gracias a la tradición católica, porque, a fuer de ser sinceros, poco queda ya de religioso en todo este marasmo de arbolitos, luces y ventas por doquier. ¿Qué ocurriría hoy si una familia judía pobre llegara a España ilegalmente con un bebé, sin esos papeles que a muchos importan más que las propias personas? Ya ven, en ciertos aspectos el ser humano ha ido a mucho peor.

En el mundo de los toros el invierno tiene acento latinoamericano, en esta ocasión marcado por la recuperación de Roca Rey, que anda triunfando por aquellas latitudes transatlánticas. Y de lo más lejano a lo más cercano, en Alicante el sábado se vivió un sentido homenaje a Juan Oliver, del que ya hablamos la semana pasada. Merecidísimo por tantas cosas. También el Club Taurino reconocerá la labor del periodista Germán Estela el próximo viernes, día 20, en su brillante trabajo al frente de los micrófonos del Canal Toros. Un orgullo para Alicante que una de las voces más escuchadas del periodismo taurino lleve su alicantinismo por todo el mundo.

Por Sevilla andan otro año más bastante enojadillos algunos aficionados tras conocerse la imagen que ilustrará los carteles de la próxima temporada hispalense, obra del pintor alemán Albert Oehlen. Resulta curioso que una entidad de rancio abolengo como la Real Maestranza de Caballería apueste por obras gráficas tan modernas. Como toda expresión artística, a buen seguro que despertará tantos amores como odios. Algunas de las críticas que se leen estos días centran su ataque en la supuesta puerilidad de los trazos de la obra de Oehlen. Quizá habría que recordarles aquellas palabras de Pablo Picasso: «Me tomó cuatro años pintar como Rafael, pero me llevó toda una vida aprender a dibujar como un niño». No habría estado de más, eso sí, que se le hubiera hecho algún guiño al Rey de los Toreros, Joselito El Gallo, sevillano de Gelves, de cuya muerte en Talavera de la Reina se cumplirán cien años en la temporada 2020.

Y también hemos podido ver algunas interesantes y amplias entrevistas a José Mari Manzanares en estos últimos días. Como no es muy accesible para los medios locales (ni siquiera los Reyes Magos nos pudieron conseguir una audiencia con él), nos toca comentar lo que cuenta a otros. Y ciertamente ha desvelado el torero alicantino algunos aspectos de esta temporada que termina. Por ejemplo, ha hablado de una embolia pulmonar sufrida a comienzos de año de la que nunca había comentado nada y que, además del peligro en sí misma, retrasó todo el tratamiento de su maltrecha espalda, provocando que perdiera los primeros contratos de la temporada española y que debutara en Castellón con muy poco tiempo de preparación. Y es que, a pesar de que a Manzanares no le han castigado excesivamente los toros, sí que le han sobrevenido múltiples problemas de salud derivados de su actividad profesional: desde aquel dengue inoculado por un mosquito inoportuno en México hasta todo el calvario de los últimos años en su espalda (hasta cuatro operaciones), pasando por la gravísima lesión de su mano izquierda que casi le apartó de los ruedos.

La inquietud para cuantos seguimos su carrera surgió cuando el torero habló de que la solución a su espalda pasa por que le implanten placas y tornillos en las vértebras afectadas, pero eso forzaría una retirada ante el peligro de un percance. Finalmente, verbalizó su intención de estar unas cuantas temporadas más en activo, hasta los cuarenta y cinco años (tiene treinta y siete), si los problemas de salud se lo permiten. Ojalá así sea, y lo veamos también acompañando al polémico cartel de Sevilla, entre otros. Su nombre figura ya, junto al de su padre y al de Luis Francisco Esplá, en el triángulo dorado del olimpo taurino de Alicante. Gloria a los toreros grandes.

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