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Opinión

La última función

En su libro De la Z a la A (Ediciones B, 2015), Carles Sans, Paco Mir y Joan Gràcia, los tres componentes de Tricicle, describen a Luis de Castro con acierto, admiración y cariño: «Director de la Asociación de Espectadores, que llevó nuestro espectáculo Manicomic a Alicante, y posterior director del Teatro Principal de la misma localidad. Amigo íntimo de todos los grandes de la escena española y una enciclopedia viviente de todo el anecdotario teatral habido y por haber. Su impecable bronceado perenne ha sido la envidia de todas las fiestas que, como magnífico anfitrión que es, ha ofrecido en un ático que ha visto pasar la flor y nata de la escena nacional. Luminaria eterna de las noches alicantinas, nos ha descubierto siempre los mejores rincones paelleros, nos ha aconsejado con sabiduría las mejores opciones en nuestra carrera y se ha convertido más que en un amigo, que lo es, en nuestro hermano mayor».

Luís vino al mundo en el barrio de San Gabriel un 23 de enero de los años 40. Empezó trabajando en la fábrica de aluminio y estudió Derecho, pero inmediatamente se dedicó a la actividad teatral. A lo largo de su vida se ha involucrado con pasión en todas las facetas del teatro: activista, promotor de espectáculos, crítico, agente de artistas (su querido Paco Rabal entre ellos) y director del Teatro Principal, en el que llevó a cabo la mayor remodelación hasta la fecha. Paralelamente, ha organizado espectáculos de verano tanto en el Puerto como en el Tossal de Manises.

Es imposible, por extensa, reproducir la lista de profesionales del teatro con los que ha mantenido amistad y estrecha relación personal. Núria Espert o Ana Belén, por citar a dos, siempre comían con Luis cuando venían con sus espectáculos a Alicante. Pero hay muchos más. Siempre ha estado en contacto con todos ellos, ha acudido a sus espectáculos allá donde tuvieran lugar, ha intercambiado mensajes a través de redes sociales y ha mantenido extensas conversaciones telefónicas.

En los últimos años, y salvo por causas de fuerza mayor, nunca ha faltado a su cita semanal con sus lectores a través de la columna Desde mi terraza en el periódico INFORMACIÓN, desde donde opinaba sobre teatro, apostaba por una ciudad limpia, zarandeaba con argumentos a los políticos, hablaba de amigos, y defendía causas que para él eran justas.

LuIs había decidido vivir sólo, pero tenía una enorme capacidad para congregar amigos y gente del teatro en su casa. Era un gran cocinero, le encantaba ir al Mercado, seleccionar productos y sorprender a sus invitados con recetas nuevas y sabrosas. En invierno se hacía traer fabes desde Asturias y cocinaba una fabada tal como le había enseñado su amigo el cantante Víctor Manuel. En verano, sus platos fríos hacían las delicias de los invitados a las veladas que organizaba en su terraza. Gran conversador y dotado de una memoria enciclopédica, sus sobremesas siempre estaban repletas de anécdotas que incitaban a seguir hasta altas horas.

En verano de 2008, y después de un par de años de soportar una penosa enfermedad, LuIs recibió un trasplante de hígado y empezó una nueva vida. Desde entonces, celebró cada aniversario con amigos, y a través de su columna semanal apoyó decididamente la creación de una unidad de trasplante hepático en Alicante. Recientemente, ha mantenido un pulso con otra enfermedad de larga evolución. Y hasta ayer mismo lo ha hecho pensando que este escollo también lo iba a superar.

Tricicle tenía previsto hacer la última función de su carrera teatral el 29 de marzo pasado en Barcelona. LuIs les había manifestado su deseo de estar presente en esa despedida. Al enterarse de su delicado estado de salud, Carles Sans Le dijo a Luis que si no podía acudir, Tricicle le dedicaría la última función. Aunque el coronavirus haya impedido un acto tan entrañable, seguro que esta función no realizada siempre estará dedicada a Luis.

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