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Lactancia en familia

Cuatro hermanas de Alicante crían a sus hijos dándoles el pecho convencidas de los beneficios de salud para sus bebés

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Elena, Ana, Alicia y Patricia Caro Martínez son cuatro hermanas de Alicante que están criando a sus hijos dándoles el pecho. Ni la presión familiar y médica para que recurrieran al biberón en los momentos de más agobio y nervios porque los bebés no ganaban peso o ellas no producían la suficiente leche, ni los reparos de la sociedad que hace que algunas mujeres se cubran al sentirse observadas al sacarse el pecho les convencieron de lo contrario. Hoy siguen amamantando a sus retoños, próximos a cumplir, algunos de ellos, los cuatro años, convencidas de que es lo mejor para la salud de sus hijos. Las hermanas participaron el sábado, con otras 90 madres, en la playa de la Almadraba en un proyecto fotográfico, coincidiendo con la Semana Internacional de la Lactancia Materna, para visibilizar una opción, la de dar el pecho, que va a más.

De las cuatro hermanas, las primeras que dieron a luz fueron Ana y Elena, que iban juntas a las clases con la matrona. «A la que más le costó de todas fue a mí -explica Ana-. Pasé varios meses horribles, de gran estrés. La gente me decía: dale el biberón. Tenía presión por todos lados y fue duro, porque la niña -Anika- no cogía peso. Apenas podía sacarme 20 mililitros de leche. Tuve la suerte de complementarle la alimentación con la leche de mi hermana Elena, que se sacaba y me daba, en lugar de con biberón». Aparte de en sus hermanas, Ana encontró su sostén en los grupos de apoyo a la lactancia, pero también hubo trabas. Las primeras en la guardería donde llevó a su niña, donde no le dieron muchas facilidades para amamantar. «Hacía virguerías. Decían que por normativa no podía darle el pecho y que en la guardería daban leche de fórmula. La amamantaba en el coche antes de dejarla y luego iba corriendo y a las tres de la tarde le daba otra vez en el coche».

Su hermana Patricia, madre de Niall, de 2 años, y de Lía, de un mes, no se sintió a gusto en un centro comercial cuando iba a dar el pecho y la dirigieron a una sala de lactancia. «Era inaccesible, había que subir en un montacargas o por escalera con un carro de bebé. Aparte de que cuando el bebé pide pecho es ya, no cuando llegue a la sala de lactancia». Además, apunta que todavía la gente mira cuando da el pecho, «no es común, te sientes observada. He visto a mamás que se tapan, no es algo que esté normalizado».

Alicia amamanta a Maya, de 16 meses. «Todas mis hermanas han tenido hijos antes que yo, y veía la facilidad de darles el pecho, sin tener que llevarme el biberón, el agua y la leche en polvo. En el parto la propia matrona decía que los bebés se inmunizan, y son niños sanos y fuertes». Pese a todo, también tuvo su crisis cuando la niña necesitó un suplemento y solo lograba sacarse 30 mililitros. Pero ahí estaba de nuevo Elena para ayudar: esta hermana también le dio leche evitando que su sobrina tomara preparado de fórmula. En su caso, es madre de David, que en octubre hará los 4 años, y Nerea, de 18 meses.

Estas cuatro madres forman parte de las cien que tendrán una imagen de regalo con sus bebés gracias a Toyta Vallinas, que las reunió en una playa al impedir el covid que fuese en local cerrado y también para visibilizar. «Dar el pecho es sacrificado pero muy bonito, y en muchas sociedades no está bien visto amamantar en público. Hay mucha desinformación y falta de apoyo con problemas al principio del agarre, dudas sobre la subida de leche... Con este evento pretendo concienciar de los beneficios de la lactancia pero también respetando a las mamás que por necesidad o elección decidieron dar el biberón».

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