A Antonio Cervera, gestor cultural nacido en La Vila que trabaja entre La Habana y Edimburgo, la pandemia le hizo regresar a su tierra natal y, con el espacio aéreo cerrado, pensó qué otro espacio podría abrir al arte mientras tanto. El resultado es Espai Bigueta, una iniciativa que ha convertido de forma temporal (aproximadamente hasta enero) una casa vacía en el centro histórico de La Vila en un centro para la cultura y el arte. Mañana se abre al público -con las restricciones de seguridad que impone la pandemia- este espacio con obras de los artistas Carlos Maciá y David Trujillo y el arquitecto Tomás Soriano, reunidas en el proyecto expositivo La sonoridad del color.

«Este es un proyecto efímero y ad hoc para este espacio, con el fin de potenciar y poner en valor este inmueble y el centro histórico de La Vila trayendo a artistas contemporáneos y desarrollando actividades culturales conectadas con otras disciplinas», apunta Cervera, director artístico del proyecto, que toma el nombre de la calle donde se encuentra el inmueble, un edificio de tres plantas cedido para el proyecto por la empresa HappyVila, que se encontraba vacío pero en perfecto estado porque en 2015 se consolidó la vivienda.

El arquitecto encargado de la rehabilitación fue Tomás Soriano, que propone en la exposición una ruta arquitectónica guiada y un itinerario sobre proyectos de rehabilitación de su autoría; Carlos Maciá aporta unas obras inspiradas en la paleta de color de las fachadas de las casas vileras y David Trujillo explora las ondas hertzianas del espacio urbano de La Vila (como ya hiciera en Alicante) para crear un paisaje sonoro traducido a obra pictórica.

Cervera, que cuenta con patrocinadores privados pero también con el apoyo del Ayuntamiento de La Vila, ya ha desarrollado iniciativas similares con la galería Factoría Compostela y Factoría La Habana y defiende el poder transformador del arte efímero con ejemplos como A Chocolataria, una antigua fábrica de chocolate gallega que se dedicó durante 15 meses al arte. «Con esto se activa la zona, se abre un espacio al arte y se llena de actividad -talleres, música, intervenciones-, se recupera el espacio», afirma Cervera, que tras «sembrar la semilla», prepara otros proyectos efímeros para el próximo año.

La Vila transforma una casa en centro de arte temporal

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