«La gente se está operando como si no hubiera un mañana». La incertidumbre de la pandemia reviste de literalidad la frase hecha que usa el cirujano plástico del Hospital Vithas Medimar Leopoldo Navarro para describir lo que está pasando en los quirófanos de la provincia. En su consulta, las intervenciones estéticas han crecido «entre un 20 y un 25%» entre mayo y octubre de 2020 respecto al mismo periodo del año pasado, dato similar al que ofrece el director de la clínica Doctor Fakih, Ibrahim Fakih, con centros de cirugía plástica en Alicante y Murcia. A escala nacional, la demanda se mantiene estable, en opinión de Francisco Gómez, presidente de la Asociación Española de Cirugía Estética Plástica. «La demanda creo que se ha mantenido y la disminución que ha habido por parte de pacientes se ha compensado con pacientes que prefieren operarse ahora», explica.

Desde el desconfinamiento, se piden aumentos de pecho, rinoplastias, blefaroplastias, y liposucciones, intervenciones que cuestan entre 4.000 y 6.000 euros, que han provocado «el verano de más trabajo con diferencia», según Navarro. A finales de año, la segunda ola del coronavirus tampoco está frenando la necesidad de verse atractivo, o, dicho en jerga del sector, «restituir la salud psicofísica» propia.

Los primeros sorprendidos por este auge, que afecta también a tratamientos sin cirugía como inyecciones de ácido hialurónico, bótox o peelings, son los propios cirujanos plásticos. En marzo, no había nada que tuviera un halo más distópico que un hospital. «Durante los meses de encierro se especuló mucho sobre qué iba a pasar. Pensábamos que el futuro sería oscuro, por el miedo de la población a contagiarse por algo que puede verse desde fuera como un capricho», comenta el cirujano de Medimar. En mayo, hechos a la idea de que la reapertura sería la antesala de la reinvención profesional forzosa, volvieron a abrir las clínicas. Y entonces resultó que «el 90% de mis pacientes quería seguir operándose, no hubo apenas cancelaciones», recuerda.

Las causas se asentaron durante el confinamiento. Zoom, Skype, webinars. La cuarentena fue un show de Truman consentido, donde la cámara selfi no dejaba de mostrarnos cómo somos en realidad. Stories, streams, vídeos, posts. La pantalla era una alabanza constante a la hermosura ajena. ERTE, deporte, postres. El tiempo para examinar el porqué de nuestras formas fue inagotable durante tres meses. Nariz, párpados, pecho, abdomen. El autodiagnóstico estaba hecho, el deseo estaba vivo, pero las facilidades llegarían poco después.

«Hay una combinación de factores detrás del aumento. La gente necesita tener mayor autoestima, hay mas culto a cuidarse, por eso las clínicas de cirugía estética y los gimnasios están llenos», explica Navarro. El aislamiento y las redes sociales potencian esa «necesidad» de recuperar la admiración por uno mismo cosechando likes. «Influye también el efecto selfi, sobre todo en chicas jóvenes. Se relacionan por internet, por TikTok, y sólo ven sus caras por pantallas. Esto hace aumentar las rinoplastias en gente joven», añade el doctor.

El goteo de medidas y las particularidades de la reapertura regaron estos anhelos con abundancia. Primero, el cierre de fronteras, los rebrotes y los contagios cancelaron planes y mucha gente ha podido ahorrar estos meses. «Se han privado de vacaciones, de salir, de disfrutar», dice Navarro. «Al suspenderse los viajes, la gente se gasta ese dinero en estar mejor y verse mejor», considera Fakih.

Después, se descubrió que el distanciamiento social, el teletrabajo recomendado y la mascarilla obligatoria evitaban que cicatrices y hematomas alimentasen miradas juzgadoras. El quid de la cuestión: La creciente competencia y la participación de financieras han «democratizado», según Navarro, el acceso a la cirugía estética, y eso incluye los modos practicados por sus usuarios tradicionales, los ricos y famosos. Ya no son sólo ellos quienes se obsesionan con hacer pasar por natural la adquisición repentina de guapura. Lo cuenta Fakih: «Es increíble como tener la cara tapada anima a operarse la nariz o ponerse labios. La mascarilla te tapa lo gordo del posoperatorio, los morados y la inflamación. Hay pacientes que me lo han dicho: mi objetivo es que la gente que me vea piense que he mejorado durante la pandemia».

Lo único nuevo es el «por qué» de este movimiento. El «qué» es el de siempre: podio para los pechos, con oro para el aumento, plata para la elevación y bronce para la reducción de mamas. En la categoría facial, reina el embellecimiento de la nariz, seguida del rejuvenecimiento de párpados o blefaroplastia y la corrección de imperfecciones en las orejas, denominada otoplastia. El siguiente grupo se concentra en la figura: liposucciones y abdominoplastias. La inmensa mayoría de los pacientes son mujeres. Pese a que se ha incorporado a los hombres al circuito de la cirugía estética, el injerto capilar, de momento, no está tan extendido en Alicante como para disputar estas medallas. Por ahora, los selfis las interpelan más a ellas.