Apareció en el yacimiento de la Illeta de El Campello en 2009, pero por sus características se interpretó como un horno de pan. Sin embargo, la arqueóloga Dori Martínez no estaba convencida, así que envió a analizar las muestras de sedimentos que se habían guardado. No fue hasta este verano cuando llegó el informe que concluía que se trataba de un horno de brea. Esta confirmación ha convertido esta estructura en la única de sus características de época ibérica que se ha documentado hasta el momento en la Península. «Sí hay de la prehistoria y también de época romana, pero ninguno de época ibérica», asegura la arqueológa que ha trabajado con un equipo encabezado por Manuel Olcina, director del MARQ.

La brea se produce por la destilación de la resina de coníferas, en el caso de la Illeta, de pino carrasco. Su potencial pasa por el uso medicinal, cosmético, impermeabilizador para las ánforas, el endurecimiento del esparto, aditivo para los vinos o aislante para los barcos. «Aparte de que es una constatación de la importancia de la brea en la antigüedad, lo fascinante es que muestra este yacimiento como un gran centro de producción en un espacio reducido y amurallado: hay lagares, almazara, piletas para salar el pescado, esparto... Aquí se hacía todo lo esencial de la economía antigua y la documentación de este horno se convierte en un indicador más del desarrollo económico de este lugar», apunta Manuel Olcina. «En este espacio solo hay una vivienda por lo que la gente viviría fuera de la muralla; aquí solo había actividad productiva, templos y una sola casa, que es la última construcción que se hizo».

Vista de la Illeta, con el horno rodeado por un círculo. | ARCHIVO MARQ

Proceso

En la estructura documentada, de unos 2.40 metros de diámetro, aparece el horno, la olla y la pastera, las tres partes necesarias para el proceso de fabricación de pez en la antigüedad, que además no varió mucho hasta su industrialización en el siglo XIX.

«En el horno se colocaban verticales las raíces de los pinos, se encendía el fuego y se dejaba durante dos días en una especie de cocción reductora», explica Dori Martínez. «La resina resultante de ese proceso se recogía en la olla y se prendía fuego, cuyo resultado final, ya como brea, se almacenaba en la pastera».

La rareza de esta estructura, que se ha analizado en un artículo realizado por un equipo multidisciplinar que se publicará el próximo año en la revista Spal, es que normalmente se construían en el monte, «porque es donde estaba la madera y era más fácil transportar la brea una vez conseguida que llevar los pinos al yacimiento».

Para la vicepresidenta y diputada de Cultura, Julia Parra, apoyar la ciencia «desde todos los ámbitos, también desde la Cultura», es fundamental. «Vamos a contribuir a dar pasos importantes desde el punto de vista histórico y arqueológico al conocer el uso y obtención de la brea en tiempos antiguos a partir de los estudios desarrollados en el yacimiento».