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La novela negra que conquistó Japón

Salamandra publica «64», un thriller policial de atmósfera kafkiana con el que Hideo Yokoyama disecciona el alma colectiva nipona

El escritor Hideo Yokoyama. | INFORMACIÓN

El escritor Hideo Yokoyama. | INFORMACIÓN

La cultura japonesa ha fascinado siempre al mundo occidental, admirado y desconcertado al mismo tiempo por el particular carácter estoico de los nipones, su meticulosidad en el trabajo, su férreo código de honor, su sentido de pertenencia al clan o, también, por ese hermetismo emocional que muchas veces preside las relaciones familiares y sociales. El éxito del cine, el manga o el anime llegado de Japón durante las últimas décadas da buena fe de ese interés creciente, y quizá sea la literatura, Murakami al margen, el campo artístico donde ese influjo cuenta con menos referentes conocidos por el gran público, al menos en España. Por eso resulta tan atractiva la reciente publicación de «64», el thriller con el que el escritor Hideo Yokoyama reventó en 2012 las listas de ventas en un país que tiene en la novela negra uno de los géneros más populares.

El protagonista del libro es el comisario Yoshinobu Mikami, encargado de las relaciones entre la policía y la prensa en una imaginaria prefectura denominada D. Al inspector le toca lidiar con la reapertura de un caso antiguo de secuestro y asesinato de una niña acontecido en el año 64 de la era Showa (el último del reinado del emperador Hirohito, que corresponde a 1989) y del que nunca se halló al culpable. La acción transcurre años después y coincide con un delicado momento personal de Mikami, cuya hija adolescente ha desaparecido sin dejar rastro.

Con esos mimbres, Yokoyama (que fue periodista de medios escritos durante varios años) despliega una densa historia que cocina a fuego muy lento (son más de 650 páginas) y donde la intriga obedece, más allá del caso, a la tremenda batalla burocrática librada entre dos departamentos policiales, Investigaciones Criminales y Asuntos Administrativos, que pugnan por controlar la información de acuerdo a sus intereses. Una oscura madeja que Mikami tendrá que desentrañar.

Aceptado el juego planteado por Yokoyama (al que algunos, creo que sin mucho tino, comparan con Stieg Larsson), el lector se sumerge en una compleja trama, con un inspector Mikami que tantas veces recordará a aquellas tramas de Kafka donde el individuo queda sometido a la organización y a sus celosos guardianes.

Con 64 se aborda también el debate sobre los límites de la información, ya que Mikami tendrá que decidir entre su fidelidad a la Policía y su deber con los periodistas. Cabe decir que si la novela cautivó en su día al lector nipón, aturdirá doblemente al de mentalidad occidental, a quien muchos de los usos, costumbres y comportamientos reflejados en ‘Seis cuatro’ (los karaokes como foro social, el hieratismo emocional en las relaciones familiares, el trato con los subordinados) les resultarán sorprendentes. La trama que presenta Yokayama es además muy exigente y está trufada de pequeños detalles en los que hay que fijarse, porque al final cobran sentido en los numerosos giros que da el libro.

Uno de los mejores recursos utilizados por el autor es el monólogo interior que el inspector Mikami mantiene durante todo el libro y que nos permite conocer todos sus pensamientos y revelaciones.

Mención aparte merecen las conversaciones telefónicas y la elocuencia que desprenden los silencios de muchos de los personajes.

«64» es una novela negra que nos descubre la mirada y la mente japonesa. Tan lejanas a nosotros como cautivadoras.

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