30% DTO ANUAL 24,50€/año

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Tribuna

Shakespeare, Cervantes y las pandemias

El Decamerón

El Decamerón

El aniversario de la muerte de Cervantes y de Shakespeare este año tiene una especial resonancia, debido a las circunstancias adversas que la rodean a consecuencia de la pandemia del covid-19 que nos ha cambiado casi todo. Lo trágico, adverso y contradictorio de la condición humana también caracteriza y conforma la producción literaria de ambos autores. Ellos, como muchos de sus personajes, experimentan el sinsentido del cotidiano existir, así como la contundencia de la enfermedad y la inexorabilidad de la muerte, recordándonos que no sólo son compañeros inseparables y episódicos de nuestro ser en el mundo, configurando el reverso ineludible de nuestra existencia, sino que también cuando todo parece perdido y sin solución, siempre hay un hálito de esperanza y una posibilidad de superación.

Las epidemias/pandemias desde la Edad Media han concitado el interés reiterado de escritores de diversas épocas y por diferentes razones, comenzando con el Decameron de Giovanni Boccaccio, donde se detalla todo lo relacionado con la enfermedad causada por la peste y las diversas historias contadas por los personajes para amenizar el paso del tiempo, y siguiendo con The Canterbury Tales de Geoffrey Chaucer que reflejan las secuelas de muerte y de impotencia ante la epidemia de la peste negra, con I promessi sposi de Alessandro Manzoni, donde se describe la peste que azotó Milán en 1640 y con A Journal of the Plague Year de Daniel Defoe, donde se narra en forma de crónica periodística la plaga que asoló la ciudad de Londres en 1664 y donde ya aparece una preocupación por la situación económica derivada de la epidemia que incluye un recuento semanal de los muertos.

Ya en el siglo XX en La peste de Albert Camus se pone de manifiesto la solidaridad y la desinteresada labor humanitaria llevada a cabo en la ciudad de Orán durante un brote de cólera; en Ensaio sobre a Cegueira de José Saramago los seis personajes anónimos han de hacer frente a una pandemia global: la ceguera blanca; y en Nemesis, de Philip Roth, una epidemia, en este caso de polio, tiene lugar en 1944, amenazando con dejar a los niños con graves minusvalías. Estas son algunas de las obras, entre otras muchas, del todo recomendables que, hoy más que nunca, adquieren una especial significación.

También la España de Cervantes y la Inglaterra de Shakespeare, sobre todo, sufrieron intensamente el azote de la peste que se originó en Asia y que debió llegar a Europa a través de las numerosas caravanas de la ruta de la seda. A finales de 1347, la enfermedad se propagó con inusitada rapidez a través de Italia y Francia hasta llegar a España. En distintos años y en diferentes regiones se registraron episodios de la peste, como el que tuvo lugar entre 1598 y 1603 que causó una gran mortandad. Para evitar la propagación de la epidemia, Felipe II encargó a su médico de cabecera, Luis Mercado, que escribiera un tratado sobre la naturaleza de la peste, así como sobre su tratamiento y curación, donde se subrayaban y ponían en práctica algunas de las medidas básicas adoptadas hoy para paliar las secuelas de la pandemia global, como era la prevención colectiva de la enfermedad para evitar nuevos contagios, la prohibición de entrar en ciudades y pueblos a personas procedentes de lugares ya infectados y el aislamiento de los enfermos contagiados.

Sin embargo, la situación epidémica fue más trágica, e intensa en Inglaterra, particularmente en Londres, donde tuvo un efecto continuado y devastador, teniendo, por consiguiente, una incidencia directa en la vida y en la obra de Shakespeare. A este respecto, Jonathan Bate escribe en Soul of the Age: «La plaga era la fuerza más poderosa que moldeó su vida y la de sus contemporáneos». En 1564, el año de su nacimiento, se estima que más de 200 personas murieron en Stratford upon Avon, su ciudad natal. Pero lo que es más significativo es que estos episodios influyeron decisivamente en el Shakespeare dramaturgo. Así en 1592, y como era costumbre según las regulaciones municipales existentes en Londres, Shakespeare tuvo que dejar de escribir su obra dramática al cerrarse los teatros y prohibirse las representaciones en recintos públicos. Fue cuando Shakespeare aprovechó la ocasión para escribir algunos de sus poemas largos como Venus and Adonis y The Rape of Lucrece. Como esta situación se repetiría con frecuencia, es posible que también escribiera los Sonetos durante alguno de estos rebrotes de la epidemia, haciéndose también referencia a ella en obras como Timon of Athens y King Lear. Además, la peste existente en Mantua fue la razón por la que el mensajero, a instancias de Friar Laurence, no pudo hacer llegar a tiempo el mensaje a Romeo, donde Julieta le confesaba que había fingido su muerte (5.2), lo que supuso el desencadenante final de la obra.Pero sobre todo, Cervantes y Shakespeare en situaciones límite de sufrimiento e incertidumbre, pueden servirnos de estímulo y alivio ante la tragedia del covid-19, porque ellos, en su vida y a través de su obra, experimentan y comparten con nosotros las vicisitudes y contratiempos del ser humano, a la vez que nos muestran cómo superarlos y hacernos más fuertes ante la adversidad y el sinsentido.

Lo último en INF+

Compartir el artículo

stats