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Diego Guill: «El apoyo del público ha mantenido a flote el teatro pese a las dificultades»

El mantenimiento de la programación incluso con las restricciones más duras ha hecho que el parón en las artes escénicas no haya sido total - Representantes del sector insisten en la necesidad de impulsar las actividades culturales

Representación de la obra de teatro Nautilus, que abrió la semana pasada la Mostra de Teatre de Alcoy. |

Representación de la obra de teatro Nautilus, que abrió la semana pasada la Mostra de Teatre de Alcoy. | JUANI RUZ

El mensaje de «La cultura es segura», que se ha venido repitiendo a lo largo de todos estos meses de pandemia desde que terminó el confinamiento estricto, hace ahora un año, ha logrado calar entre el público, que ha hecho posible que la actividad del teatro pueda continuar. A pesar, eso sí, de todas las dificultades, que han obligado a adaptar formatos y programaciones, y que de cualquier forma han repercutido muy negativamente sobre el volumen de trabajo y los ingresos de muchos profesionales. Así lo considera el autor teatral y guionista de televisión Diego Guill, quien alude a ese respaldo del público como lo que ha logrado «mantener a flote» la actividad en las artes escénicas, más que en otras manifestaciones culturales.

El lema de ‘La cultura es segura’ fue acertado y caló en los espectadores, ya que lo comprobaron

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El autor de Castalla destaca que la ventaja que ha tenido el teatro es que los recintos «no se han llegado a cerrar» en el último año, ni siquiera durante las semanas de restricciones más duras después de las Navidades. Por ello, «dentro de lo que cabe se ha podido mantener la actividad» y las representaciones se han seguido realizando, aunque con un lógico «miedo». Por una parte, a que el público no respondiera por temor a contagiarse; y también, por el riesgo que implicaba para los propios profesionales, lo que obligaba a extremar las precauciones tanto dentro como fuera del escenario.

«Evidentemente, el público ha caído mucho», señala Guill, pero con todo cree que «somos unos afortunados» frente a otras actividades de tipo más masivo. En su opinión, el de «La cultura es segura» fue «un lema acertado y que además caló», porque los espectadores pudieron comprobar que «había unas medidas de seguridad muy estrictas». Y al mismo tiempo, recuerda, «en el teatro, por su propia naturaleza, la gente está quieta y callada», lo que contribuye a que se pueda desarrollar pese a las circunstancias.

Diego Guill, coautor de la obra que inauguró la Mostra.

Ejemplo de ello ha sido la celebración, la semana pasada, de la Mostra de Teatre de Alcoy, adaptada a las restricciones sanitarias y que ha tenido una satisfactoria acogida por parte del público. Este certamen comenzó precisamente con una obra coescrita por Guill, Nautilus, interpretada por el alcoyano Juli Cantó y el presidente del Sindicato de Actores de la Comunidad Valenciana, Carlos Amador, quien coincide en que el teatro ha podido afrontar mejor la situación que otras actividades, pero la pandemia ha tenido también un efecto muy duro. «Los teatros públicos han mantenido en general la programación, siempre que fuera posible, pero los bolos han parado» y en los espacios privados la actividad también ha caído más. En muchos casos, explica, ha habido temor a la responsabilidad de abrir un teatro, sobre todo en los ayuntamientos, donde ha dependido más «de la sensibilidad de cada consistorio» y «se ha anulado mucho por miedo o desconocimiento». Asimismo, recuerda que en los teatros privados «se vive de la taquilla» y, por tanto, las limitaciones de aforo podían dejar poco o ningún margen de beneficio.

Cuando todo esto pase habrá un florecimiento de la actividad, el público tiene ganas de cultura»

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Eso se ha traducido en una caída del trabajo y, en consecuencia, que muchos actores hayan perdido su fuente de ingresos. En este sentido, Amador señala que «a los subsidios previstos ha podido acceder muy poca gente» por las condiciones que se pedían y la burocracia, por lo que el sindicato pide a la Generalitat «ayudas directas a los trabajadores temporales o intermitentes» de un sector que, explica, es en buena medida muy demandado por la sociedad. «El público tiene ganas de consumir cultura» por, entre otros, los factores de encuentro y respiro que implica. Por ello, vaticina que «cuando todo esto pase habrá un florecimiento de la actividad cultural».

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