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Tomás Llorens, motor de modernidad

Fue represaliado durante el franquismo y profesor de arte en Inglaterra

Tomás Llorens en un imagen de 2015 y, debajo, con la baronesa Thyssen. | INFORMACIÓN/DANIEL TORTAJADA

Tomás Llorens en un imagen de 2015 y, debajo, con la baronesa Thyssen. | INFORMACIÓN/DANIEL TORTAJADA

«No suelo pensar mucho en el final de mi vida; solo quiero aguantar para poder escribir la Historia del Arte del Siglo XX», le dijo Tomàs Llorens a su hermano Manuel y éste lo escribió así en la biografía sobre el crítico que publicó en 2017.

Tomàs Llorens murió ayer a los 85 años en Dénia pudiendo presumir de haber formado parte de esa historia sobre la que quería escribir como uno de los introductores más importantes del arte contemporáneo en España.

Además de investigador del arte y comisario en decenas de exposiciones, Tomàs Llorens fue impulsor del IVAM, director del Centro de Arte Reina Sofía y conservador-jefe de la colección Thyssen-Bornemisza.

«Tomàs -definía su hermano Manuel– ha sido un motor de arranque allá por donde ha pasado, teniendo en cuenta que España llevaba cuarenta años de retraso respecto al resto de ciudadanos europeos. En el caso del IVAM y del Reina Sofía, hubo, afortunadamente, un director adecuado para un momento determinado».

Tomàs Llorens, resumió por su parte el presidente de la Generalitat, Ximo Puig, minutos después de anunciar su muerte en Les Corts, fue «un gran valenciano» que «nos ha dejado un gran legado de arte y de Historia. Inolvidable».

Nacido en Almassora en 1936, Llorens se licenció a finales de los años 50 en Filosofía y Derecho por la Universidad Complutense de Madrid. En el último curso contactó con militantes de la Asociación Socialista Universitaria como Mariano Rubio, Luis Solana, Francisco Bustelo o César Cimadevilla. Con ellos compartió cárcel en 1959 y mientras unos tiraban hacia la política, él enfocó su faceta profesional hacia la docencia y la investigación. Entre 1962 y 1972 fue profesor de Estética en la Universidad Politécnica de Valencia, pero fue expulsado por su oposición al franquismo.

Tomás Llorens, motor de modernidad

Llorens se estableció en Inglaterra, donde se casó con la artista Ana Peter y tuvo tres hijos: Nina, Boye y Karsten. Allí formó parte del laboratorio de investigación de la Portsmonth Politecnic School of Architecture y fue profesor de la Politecnic of Central London. En 1976 integró el comité organizador de la muestra Spagna vanguardia artística e realtá sociale que reivindicó la escena contemporánea del arte español en Europa tras la muerte de Franco.

La gestación del IVAM

Otra de sus exposiciones históricas fue Alfaro, escultures en el Born, celebrada en 1983 en Barcelona. Allí se encontró con Ciprià Ciscar y Antoni Asunción y se fraguó su vuelta a València, que se concretó un año después cuando relevó a Trinidad Simó en la dirección general de Patrimonio Artístico con la oportunidad de crear un centro de arte moderno en València: el IVAM, el primer museo de arte abierto en democracia en España.

No fue un camino fácil. La idea inicial era levantar el museo en el solar del antiguo hospital, donde ahora está el MuVIM, pero el ayuntamiento se negó y la Diputación ofreció los terrenos de Guillem de Castro. También hubo un conflicto importante con un colectivo de artistas encabezados por el crítico Aguilera Cerní que pedía que el nuevo centro fuera un Instituto de Arte Moderno Valenciano.

«Entendían el museo como una institución gremial, un instrumento para su promoción profesional -recordaba Llorens en 2019 -. Lo que nosotros creíamos que hacía falta en València era un museo como los que se han desarrollado en Europa a lo largo de los siglos XIX y XX para investigar y difundir la historia del arte. Un servicio público dirigido a los ciudadanos».

Finalmente, el 18 de febrero de 1989 se inauguró el IVAM. «Tomàs vivió aquella época con tanta entrega que en alguna ocasión para no perder el avión tuvieron que llevarle en moto con la maleta. No tenía tiempo para renovar el DNI», recordaba su hermano.

Para Llorens, su mayor acierto al frente del IVAM fue la adquisición del legado Julio González. Por contra, lamentaba no haber adquirido un importante lote de obras de Paul Klee. «Solamente compré dos obras menores. Luego no pudimos seguir, ahora es imposible por los precios», recordaba en otra entrevista en 2002.

Tras dejar el IVAM, recaló en el Reina Sofía, donde su designación tampoco fue bien acogida por todos los miembros del mundo académico de Madrid, quienes esperaban una oportunidad que vieron truncada. De allí pasó al Thyssen-Bornemisza, donde permaneció 14 años y concluyó su etapa como gestor de arte, sin duda uno de los más influyentes del mundo.

A pesar de su salida de la dirección del museo, Llorens continuó con sus proyectos como comisario de las exposiciones Realismo de entreguerras (2005) o Vanguardias rusas (2006). En 1996 fue condecorado en por el embajador de Francia con las insignias de Oficial de las Artes y las Letras y en 2007 recibió la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes.

Una vida dedicada al arte

Llorens entregó su vida al Arte y a su divulgación. En los últimos años era habitual verlo en las inauguraciones de las exposiciones más importantes de València como comisario, experto o mero espectador. Su último trabajo fue en la exposición de Antonio López en la Fundación Bancaja, inaugurada el pasado mes de septiembre, junto a su hijo Boye.

Su participación era siempre muy requerida en cualquier actividad relacionada con el arte y su divulgación. Como impulsor del IVAM participó en 2019 en un coloquio con motivo de los 30 años del museo. Allí charló con los también exdirectores José Miguel G. Cortés y José Manuel Bonet. En aquella ocasión, Llorens recordó sobre la creación del IVAM que «el museo debía contar la historia y difundir y ofrecer la experiencia de lo que había sido el arte moderno a lo largo del siglo XX». Rememoró, también, que planteó a Julio González como partida del museo «por la ruptura que significa y como punto de arranque de la escultura del siglo XX. Como artista permitía incidir en la historia de la modernidad más allá del paradigma dominante».

Llorens defendía la «autonomía» del museo como pieza «fundamental» de su funcionamiento. En su opinión, «los museos que hacen un buen trabajo son los que han conseguido una autonomía». «La intromisión de los políticos y la burocracia en el funcionamiento del museo es asfixiante e incompatible con el funcionamiento de un museo», sentenció.

Figura esencial

Las reacciones a su muerte no se hicieron esperar ayer. «Nos deja un referente. Esencial por referenciar espacios como el IVAM y capital porque la colección más importante de Julio González sea su casa. Dirigió grandes espacios museísticos, siempre comprometido con la libertad y el pensamiento crítico», dijo el conseller de Cultura, Vicent Marzà.

Desde el IVAM, su actual directora, Nuria Enguita, recordó ayer que «la historia del IVAM está vinculada estrechamente a Tomàs Llorens desde que era solo una idea, mucho antes de que el Centre Julio González abriera sus puertas». «Las propuestas para la colección del museo constituyen una herencia imponente para futuras generaciones de valencianos, un patrimonio artístico de un valor incalculable», dijo.

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