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Entrevista

Junot Díaz: "Soy escritor por las lecturas que he hecho"

"Estoy escribiendo una novela de ciencia ficción: ya llegué a la página 500, me faltan como seis meses más y ojalá lo cumpla", asegura el autor dominicano

Junot Díaz.

Junot Díaz.

El profesor de Escritura Creativa del Massachusetts Institute of Technology (MIT) Junot Díaz (Santo Domingo, República Dominicana, 1968) recibe a primera hora de la mañana a los periodistas que cubren el Festival Celsius 232 de literatura fantástica, ciencia ficción y terror de Avilés sentado en uno de los salones del hotel en el que se aloja estos días. Hay un café para llevar en la mesa.

–Por empezar por algún lado: hablemos del dictador Trujillo como personaje literario.

–Yo sé que en España lo entienden bien. Sobrevivir a una dictadura cambia un país completamente y lo cambia, muchas veces, de manera superinvisible. Nosotros, los dominicanos, hemos pasado más de cincuenta años sin Trujillo y todavía sigue teniendo un impacto enorme en nuestras vidas, pero es un impacto invisible. La única cosa que puedo hacer como escritor a este respecto es tratar de abrir un espacio donde la comunidad pueda enfrentar un tema como este porque el poder de un dictador muerto es mucho más efectivo en el silencio, especialmente cuando está bregando con una comunidad donde no hay mucha lectura. En la comunidad mía no hay mucha lectura, por eso yo siempre busco personajes y traumas súper, súper fuertes porque tengo que romper ese prejuicio que tiene la gente contra la lectura.

–Otro asunto de su Óscar Wao es el de la evasión de la vida oscura a través de la ciencia ficción.

–Entendí la obsesión que tiene Óscar primero en este nivel del que habla: la ciencia ficción es una manera de sobrevivir. Viene de una familia de clase media, va a una escuela privada, no tiene los desafíos que yo tenía como niño, él está bien planteado. Su problema es que es muy, muy gordo; es muy, muy “nerd”. Es un “quedao”, como decimos. Todos esos libros, toda la ciencia ficción, le ayudan a sentirse normal. Okey, por eso lo representé como lo representé. Pero luego me di cuenta de que la ciencia ficción también puede ser un método que te ayuda a entender el mundo. Como emigrante, como hijo de una de las víctimas de la dictadura que vive en New Jersey, pero tiene una mamá que fue torturada. Es decir, no hay un espacio en el que él y su mamá se puedan entender, pero la ciencia ficción y la fantasía tocan muchos de los mismos temas. La ciencia ficción ayuda a Óscar a entender todas esas historias tan feas, tan fuertes, que les pasó a sus familiares.

–He leído que lleva un montón de tiempo tratando de escribir una novela de ciencia ficción, pero que no le sale.

–Soy un escritor lento. A veces pienso que la carrera de escritor va contra mi naturaleza. No sé por qué, ahora mismo estoy escribiendo una novela de ciencia ficción: ya llegué a la página 500, me faltan como seis meses más y ojalá lo cumpla. Los libros, la escritura, siempre me caen difícil.

–Ha contado alguna vez que su Óscar Wao nació en México.

–Sí. En ese año me estaba volviendo loco en los Estados Unidos: no podía escribir. Un amigo mío, el escritor Francisco Goldman, me invitó a México. Él dijo: “Mira, el apartamento de al lado está vacío, réntalo, quédate aquí escribiendo”. Lo hice. Me enamoré con México y en ese año empecé a pensar en mis años en la Universidad, cuando yo tenía un compañero de cuarto que era boricua, “supernerd”, tenía muchísimos problemas con las chicas, tantos que se deprimió, ufff, ferozmente. Entonces yo era superdiferente: súper atlético, él era “nerd”. Vivimos aquel par de años, no voy a decir en conflicto, pero sí con esas diferencias. Esa fue la semilla que me ayudó a que naciera Óscar Wao.

–Hay en su obra claras referencias a Flaubert, a Salinger…

–Soy escritor por las lecturas que he hecho en mi vida, no porque necesitara una carrera. Soy escritor porque quiero seguir conversando con todos esos libros que me han formado. No hay duda de que Flaubert, que Dickens, que escritores como estos que se mencionan en la novela, me han impactado mucho y yo todavía estoy bregando con ello. Mira, el atlético tiene “coaches” y el escritor tiene sus libros queridos. Son mis “coaches”, sin ellos yo no puedo correr.

–Usted es profesor de Escritura creativa en un templo del saber científico como es el MIT. ¿Cómo lo lleva?

–Mire, yo quiero mucho a mis alumnos. A la mayoría les encanta el arte: tú no llegas al MIT si no es así. Lo cierto es, sin embargo, que el curso que doy yo no les importa nada, pero a mí me encanta ese desafío. Si al final he convencido a uno o dos de ellos en la importancia del arte literario, me doy por satisfecho. Gano el desafío siempre.

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