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MANUEL BORJA-VILLEL DIRECTOR DEL MUSEO NACIONAL CENTRO DE ARTE REINA SOFÍA

«No creo en las franquicias de museos, son una mala idea»

Asumió la dirección del Museo Reina Sofía en 2008, tomando los mandos de un buque insignia del arte que hoy afronta un cambio acelerado por la pandemia que ha demostrado la fragilidad, dice, del modelo cultural. El viernes visitó el MACA, «un museo esencial».

Manuel Borja-Villel, el pasado viernes en el MACA. |

Manuel Borja-Villel, el pasado viernes en el MACA. | RAFA ARJONES

El museo cumplió el año pasado tres décadas, con 4 millones de visitas anuales. ¿Qué lugar ocupa en España y en el mundo?

Desde que se convirtió en museo en 1990, creo que una de las cosas importantes es que tiene una idiosincrasia que lo hace único. Tiene que ver primero con una colección que podríamos denominar que responde a un museo situado, que quiere decir que está en un lugar determinado, en un barrio de Madrid, Lavapiés, con el papel que supone como motor económico que genera riqueza y desplaza a mucha gente. En segundo lugar, es un museo nacional, representa a un país, no en un sentido decimonónico del término sino que habla de un lugar que es este país con todas sus complejidades. Y finalmente, la voluntad, que está por hacer, de que sea un lugar de encuentro en cuanto que geográficamente está en el sur de Europa y empezamos a plantearnos temas como la migración, para entender que Europa es el norte pero también es el sur.

¿Cuál es la diferencia entre el Reina Sofía prepandemina y el Reina Sofía postpandemia?

Pues nos hemos dado cuenta de que, igual que el resto de la sociedad, estábamos en un sistema precarizado, donde la estructura cultural es muy frágil, donde se han creado instituciones pero mal financiadas y ha empezado un coleccinismo frágil también porque no hay una estructura privada como en el mundo anglosajón. En los últimos años, después de la crisis de 2011, la cultura ha sufrido enormemente y eso con la pandemia se ha acentuado porque el modelo de gestión en el que se sustentaba la cultura, basado en el turismo, claramente se ha caído y tal vez nos hemos dado cuenta de que había pocas cosas detrás. Nos habíamos olvidado de las personas, de los creadores y esa es la gran lección. También hay que entender que ese modelo extractivo está basado en la visita rápida, en hacer eventos y cuanta mas gente pasa por una exposición más dinero ingresas, sin preocuparte de qué se lleva la gente, cómo enriqueces la sociedad. En este sentido existe la necesidad de replantearse los tiempos para que tengan menos que ver con procesos de consumo y más con procesos vitales. Y luego otra cosa, que tiene mucho sentido para el Reina que fue un hospital, que las instituciones museísticas tienen que ser hospitalarias y acogedoras, casi un refugio, en el sentido de que tienen que aceptar al extranjero como diferente. Especialmente en una época donde vemos que las manifestaciones de odio, de rechazo, de homofobia, de xenofobia son cada vez más potentes creo que los museos tienen un lugar como espacios de refugio.

También para el artista, supongo.

Está a punto de salir un estatuto del artista y claro que hay que reclamar un sistema que no precarice ni la creación ni la educación, sectores que son fácilmente vulnerables, porque tenemos una visión muy romántica del mundo de la creación. Hay que proteger al tejido cultural. En un país que dice ser de artistas, hay una gran falta de protección. Para eso tiene que haber una coordinación, un planteamiento global.

El discurso feminista, o al menos femenino, se está reivindicando en los museos. Empezando por el Prado, que suscitó cierta polémica por su exposición sobre mujeres artistas.

Esa es una de nuestras líneas de fuerza. A diferencia del Prado, que sus contenidos son de otra época en la que la mujer estaba en segundo plano, para nosotros, a partir de los 60, el feminismo y luego el ecofeminismo son algo central. Eso va más allá de cuotas. Hay un proceso interno de cuestionamiento y planteamiento de todas estas categorías. El museo tiene una estructura compleja con cosas que tienen más visibilidad, como las exposiciones, y otras, que son de las que estoy más satisfecho, que tienen que ver con actividades públicas y centros de estudios, y allí hay una plataforma de trabajo sobre feminismos, que va más allá del género. El feminismo implica estructuras más democráticas. Hay otro elemento fundamental que es la reivindicación de artistas mujeres cuya obra es importantísima y que hasta hace relativamente poco no había sido vista. De hecho hemos comprado en ARCO unos libros infantiles de Manuela Ballester y la razón es que la mujer no tenía salida en las grandes manifestaciones artísticas, eran para varones, y tenían que hacer libros infantiles, tejidos... Ese cambio de mirada implica no solo cuotas sino empezar a descubrir otras formas artísticas consideradas secundarias a las que quedaban reducidas las artistas mujeres. Eso sí que creo que es una revolución importante. Hay que entender que hay libros infantiles que pueden ser tan importantes como la pintura del siglo XV. Un virus puede mostrarnos que cambiar el mundo tiene que ver con el feminismo, con la visión crítica de los museos, con la ruptura de las disciplinas…

La evolución del arte se ha acelerado también con esta crisis. Se ha empezado a vender criptoarte, ya no hay obra física, y eso supone entrar en otra dimensión. Se prescinde del mediador, de los correos, de los transportistas, de los galeristas… ¿Qué piensa de este nuevo camino?

Yo creo que lo del criptoarte es un poco una burbuja. Dicho esto, los bitcoins y esas monedas, de no objetuales tienen poco. Todos esos algoritmos están en un ordenador, ocupan espacio y gastan una cantidad de energía increíble. Vivimos en un mundo en el que en los 90 tenías que conectarte para entrar a internet, pero ahora estamos ya en el ciberespacio, con un elemento de control. Y si algo tienen bueno los artistas es la capacidad de percibir estas cosas. En este sentido, hay muchos artistas como Ito o Rosa Barba que están trabajando con elementos que tienen que ver con tecnología y algoritmos. Creo que el arte está respondiendo mucho a esta situación. Hay algo importante también del arte actual: el artista no se encuentra separado de la sociedad.

«No creo en las franquicias de museos, son una mala idea»

Pero el criptoarte no invita mucho al disfrute.

El criptoarte tiene esta cosa de que muy ecológico no es. Internet parecía en su época un campo superdemocrático, pero eso se ha ido reduciendo. El ciberespacio es cada vez menos democrático. Se hablaba del arte digital que parecía que lo podía disfrutar todo el mundo, pero cuando lo que haces es crear un algoritmo para que sea una obra única estás reduciendo esta apertura. Más que centrarse en la tecnología, lo importante es lo que se hace con esa tecnología. Los que hacen criptoarte son artistas igual, unos buenos y otros malos, como en todo. La tecnología no te garantiza nada. Seguirá habiendo pintores, artistas que pinten cuadros de toda la vida. Pero las galerías van a pasar de ser centros de mera exposición a centros de producción. Es un cambio de paradigma y hay que intentar que no vaya en detrimento de la gente.

¿Cómo se mira desde el Reina Sofía a museos más pequeños como el MACA?

Son totalmente esenciales. El mundo de la cultura es un ecosistema. Igual que hay elefantes, tigres, conejos, hierbajos… se tiene que pensar en la cultura como un ecositema en el que cada uno tiene su lugar. Un museo como el MACA, que realmente tiene su identidad marcadísima porque tiene la colección de Sempere, me parece esencial. A veces se dice que hay demasiados museos, pero nadie dice que hay demasiados campos de fútbol. Hay países como Alemania que nos ha dado ejemplo. Cada ciudad por pequeña que sea tiene su museo. Es necesario que haya lugares en los que se crea un relato específico de la historia del arte. Pensar como en otras épocas que la historia que contaba el Moma, la historia canónica, era la verdadera es un poco autoritario.

Que un museo como el MACA vaya a recibir la colección Jenkins-Romero, con 291 obras de artistas contemporáneos, algo querrá decir.

Pues eso habla del buenhacer de la directora. He visitado el museo y me parece impecable la propuesta y cómo lo están haciendo. Por lo que he visto por la prensa me parece una colección muy destacada, aunque la conozco poco. Lo que me parece importante es cómo a partir de la colección de un artista que tiene mucho que ver con la ciudad se crea un museo que no es un mausoleo sino que, a partir de la visión de una persona, se genera un discurso que es público. La incorporación de la colección de la CAM y ahora esta son muy destacadas para una ciudad. Y además veo que es un museo que, más allá de que atraiga o deje de atraer, porque no todos tienen que ser lugares que atraigan a mucho público, es un museo que genera comunidad, geciudad, en un momento en que parece que las ciudades se convierten en un lugar de consumo.

No será por su gran presupuesto...

Eo es algo muy generalizado porque se han hecho grandes equipamientos, pero infradotados. Es una asignatura pendiente que tiene que ver con cuidar el tejido cultural.

Con el MACA, el Reina Sofía tiene pendiente una exposición de Elena Asins. ¿Sigue adelante la propuesta?

Pues se paró por la pandemia y luego empezamos con la remodelación de la colección del Reina, pero la idea es retomarla en cuanto se pueda. Hay que sacar adelante los museos. En este país abrieron inmediatamente con los recursos mermados y gente teletrabajando. Es casi milagroso que estemos aquí.

El Museo Reina Sofía organizó en 2018 una retrospectiva de Eusebio Sempere. Hay otra artista alicantina que lo merecería, Juana Francés, de la que ha recuperado obra en sala con la reorganización de la colección.

El problema es que hay que hacer las cosas en un tiempo que no es infinito. El año pasado hicimos Concha Jerez. La idea de recuperar una serie de artistas que no son tan reconocidas es algo en lo que trabajamos. La idea de trabajar en eso es importante, sin abandonar a la gente joven.

¿Ha pedido hora ya para reunirse con el nuevo ministro de Cultura?

Mi presidenta ya le ha escrito. Estuve en el acto de toma de posesión. Tenemos autonomía, pero hay muchas cosas que trabajamos conjuntamente, incluidos los fondos europeos.

¿Qué le parece el acuerdo que ha alcanzado el Estado con la baronesa Thyssen para alquilar 329 obras por 6,2 millones al año?

Esa es una decisión del Museo Thyssen, es su proyecto.

La Diputación de Alicante anunció también que ha iniciado conversaciones con Carmen Cervera para tener una sede del museo en la ciudad.

Yo no creo en franquicias. Son una mala idea. Crear marcas en la ciudad, no genera ciudad. Teniendo en cuenta que hay unas instituciones como el MACA o el Mubag, yo favorecería más la ampliación de esos museos. Traer cosas por traer no lo veo. Reforcemos lo que hay y trabajemos con sentido.

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