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CRÍTICA

Cálido y pegadizo

El saxofonista de Xàbia Kiko Berenguer

El saxofonista de Xàbia Kiko Berenguer

Flamenco Jazz Quartet

AUDITORIO DE LA DIPUTACIÓN DE ALICANTE

* ½ 

XXIV edición de Fijazz

Los productos musicales de la Comunidad Valenciana, o relacionados con ella, han tenido participación en el Festival Internacional de Jazz, que concluyó el viernes. Ampliamente acudieron los espectadores al ADDA, atraídos por el Flamenco Jazz Quartet, cuyo líder es el saxofonista y compositor de Xàbia, Kiko Berenguer, quien ocupa un destacado lugar con el personal sello de su música mediterránea y los territorios de otras culturas. De sus álbumes «Mi camino» y «Aire» se escucharon «Conversa», «Canastera», «Granadella» o «Bolero cojo». Tiene tres discos. El saxo tenor y el soprano disponen de la grata compañía de la guitarra flamenca de Juan de Pilar, del bajo de Miguel Álvarez y de la percusión de Jesús Gimeno. Buena exhibición colectiva e individual. El mestizaje siempre es fértil, y el flamenco y el jazz, como parte del jazz latino, coinciden en sus bases socioculturales. El duende y los sonidos negros con el pellizco que les caracteriza. Un feliz encuentro que, habiendo otras aproximaciones anteriores, arrancó con Pedro Iturralde, casi a finales de los 60, Paco de Lucía… Afirmó éste que «en el jazz hay que pensar, en el flamenco no». Aquí residen ambas cosas fusionadas. «Dancing with the moon», «Kiss in Paris», «Canela y menta» o «Narsong», dedicado al batería, que falleció hace unos años, Narso Domingo, y con el que Berenguer trabajó muchas veces. Esa forma de conjugar lenguajes la entiende muy bien el cuarteto con el saxofonista en primer término. Los palos jondos y la cualidad rítmica del swing al unísono. Una versátil materia sonora con la elocuencia emocional y la armonía de los temas interpretados. No fue la fusión de jazz, flamenco y sinfónica como se ha podido ver con la Orquesta de València en esa población. Esto de hacerse sinfónico es un formato que imprime espectacularidad y comercialidad. De todos modos, la calidez melódica y el ritmo conducen por una senda amable, pegadiza o festiva. Fácil de entender por el público, que ha acudido durante este mes a la satisfactoria llamada del Fijazz.

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