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Chema García Ibarra
Chema García Ibarra

«Mi cine se dirige al público que aprecia las particularidades»

El cineasta ilicitano Chema García Ibarra, en una imagen tomada en el Festival de Locarno. | EFE/URS FLUEELER

Curtido en festivales internacionales desde hace más de una década, Chema García Ibarra (Elche, 1980) dirige películas con diálogos no escritos donde los no actores reinan y las imágenes enganchan. Su primer largo, Espíritu sagrado, recibió mención especial del jurado en el Festival de Locarno y ahora se dirige al de Sevilla, antes de su estreno en cines.

Sueles ir a los festivales y salir premiado. Te pasó con tus cortos en Sundance, Cannes, la Berlinale, ahora Locarno...

Concretamente con menciones, me dan muchas (rie). Gracias a eso creo que he podido encontrar productores para esta peli, porque ya sabían que lo que había hecho había ido a festivales interesantes para su estreno y, aunque sea por una cuestión de estadística, esta película a lo mejor podía conseguir algo, y así ha sido (ríe).

¿Habría sido una decepción salir con las manos vacías del festival de Locarno?

No, no, y más habiendo estado en la Sección Oficial, que una primera película la suelen poner en una sección específica para primeras y segundas obras y lo lógico hubiera sido estar ahí, que ya habría estado muy bien. Pero es que encima decidieron que estuviera en la oficial con gente que ya tiene una trayectoria como Abel Ferrara, así que imagínate.

Acostumbrado a que tus cortos se vean solo en festivales, Espíritu sagrado llega a los cines en noviembre. ¿Eso te inquieta?

Lo veo con curiosidad y desde un lateral, porque eso es ya un asunto más de la distribuidora La Aventura. Son conceptos nuevos para mí con los que me estoy familiarizando, como lo de atender a la prensa, que de repente hay una persona que se ocupa de eso. Pero hay gente que sigue mis cortos con ganas de ver el largo y ahora habrá que ver cómo se traduce eso, cómo de pequeño es ese mundo. Porque estamos rodeados de gente que puede dar la impresión de que es mucha y luego es muy posible que eso sea una cantidad muy pequeña y que ese círculo nos oculte la realidad: que a mí no me conoce nadie (ríe). Pero, bueno, la distribuidora trabaja en hacer llegar la película a la mayor gente posible porque al final es una película independiente, de autor, y a ver si consigue encontrar a su público.

¿Te consideras un director independiente...

Totalmente.

...O una rara avis de culto?

Eso ya son consideraciones de otras personas. Yo soy independiente totalmente.

Tu cine es ejemplo de que lo local llega a cualquier parte del mundo. ¿El secreto es aprovechar lo que tienes cerca?

Sí, claro, eso siempre lo he hecho, intentar explorar en lo más local porque creo que ahí está la clave para llegar a un cierto público internacional, no a todo el mundo, pero sí a aquel que aprecia películas que hablan de un determinado lugar de forma muy concreta. Hoy hay muchas películas estandarizadas que se pueden hacer en España, Lituania o EE UU y que tratan los mismos temas, con el mismo tipo de diálogos o personajes, la misma música... Pero hay cierto público que aprecia las particularidades y a ese público es al que yo me dirijo, que soy yo también como espectador.

Combinas lo local con la ciencia ficción, lo sobrenatural. ¿Por qué te fijaste en los aficionados a la ufología para Espíritu sagrado?

A mí me interesa mucho cómo se han tratado los conceptos fantásticos y una de las formas en las que se presenta lo fantástico en la realidad es precisamente en las creencias. Y de la ufología me interesan las personas que creen en eso, cómo les cambia la vida a partir de esas creencias, si hacen su vida más fácil, si la gente les da la espalda... Un día descubrí que había un grupo de aficionados a lo paranormal en esta zona formado por gente muy distinta: un joven, un adolescente, una señora mayor... y lo único que los unía era el interés por lo paranormal. Me interesó esa familia que se había creado y el origen de la película fue recrearla en la ficción.

Agradeces haber nacido en Elche como escenario para tus historias. ¿El Misteri te ha inspirado en alguna de ellas?

De alguna forma, sí. Titulé Misterio uno de mis cortos, que tenía mucho que ver; a otro le puse Leyenda Dorada, que es un texto medieval que recopila vidas de santos y en uno de sus capítulos está el origen del Misteri, escrito por un señor que se llama Santiago de la Vorágine -un nombre fantástico- y narra la muerte de la virgen y cómo sube al cielo en cuerpo y alma. Así que creo que siempre han estado presentes estos conceptos del Misteri en lo que he hecho, no de una forma literal, claro, pero lo conozco, lo sigo y aprecio, y me interesan mucho los conceptos de la representación.

Luego está lo de trabajar con actores que no son actores.

Que también es un poco como el Misteri, que lo que tiene es que lo hace la gente de la ciudad y no son cantantes profesionales, algo que me atrae muchísimo.

¿Eso es un riesgo o una aventura?

Hay que tomar siempre un riesgo artístico para conseguir algo, que sale mejor o peor, pero siempre he aprendido. Y en esta película el objetivo no es conseguir gente que actúe bien, aunque creo que se da, sino que participes como espectador en las cosas bellas y poéticas que puede conseguir una persona que no es profesional actuando. Hay cierto nerviosismo en algunos personajes; se respeta su forma de hablar, ya que no se aprenden diálogos sino que hablan de determinados conceptos y usan sus propias palabras; se respetan sus acentos. Eso hace que haya una atmósfera como de documental, con personas que interpretan una ficción. Y si entras en el juego de documental y ficción, como espectador lo disfrutas mucho.

¿A ti el cine te da para vivir?

Bueno, ahora que he hecho la película y gracias a haber sido el productor de mis cortometrajes y que han tenido un recorrido -se han vendido a televisiones y han tenido muchos premios- y que también estoy de profesor en la ECAM de Madrid -que no da para vivir todo el año pero dos o tres meses, sí-, tengo un pequeño soporte, pero de una forma muy austera y sin ningún aspaviento.

Tu última película tiene detrás, entre otras, a Jaibo Films, que también produce historias de Adán Aliaga o David Valero. ¿Ves algo en común con ellos?

Que trabajamos aquí, que no nos hemos ido y hacemos películas con la gente, los paisajes, el idioma (muchas hechas medio en valenciano) de aquí, que hay interacciones con los espacios y con las personas.

Una vez metido en el largo, ¿volverás al corto?

Probablemente, sí. Puede que haga algún cortometraje más y estoy dándole vueltas a uno. Me he dado cuenta de que hago muchas cosas por aquí, que es una zona muy costera, pero el mar se ha visto muy poco. Y he pensado que me gustaría hacer algo donde se viera más la playa, la costa, que hablo mucho del Levante pero que el mar no está nunca presente. Y me apetece mucho a nivel plástico o visual. Todo lo que he hecho ha surgido de este tipo de pensamientos, de cosas que no he hecho, y ahora estoy dándole vueltas a lo marítimo.

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