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Penélope no come perdices

Se trata de configurar a una mujer contemporánea que no asume los designios convencionale

Penélope no come perdices

Penélope no come perdices

Caja negra de las Cigarreras

** ½

Texto y dirección: Nelo Curti

Colectivo Bräpalà

La presencia del poema épico griego la «Odisea», atribuido a Homero, habita en varias piezas de teatro, en la literatura y el mundo del cine. Ahora acabamos de ver «Penélope no come perdices», uno de esos mitológicos personajes revisado por el Colectivo Bräpalà, como ejemplo de la sociedad controlada por los hombres.

Se trata de configurar a una mujer contemporánea que no asume los designios convencionales. Que no come perdices, a diferencia de los finales clásicos de los cuentos infantiles, luego no es feliz. Es el estreno de una de las obras seleccionadas en el Concurso de Proyectos de Teatro, Danza y Circo que se ha representado en Alacant a Escena, en la Caja Negra del Centro Cultural Las Cigarreras, que se llenó.

Unas voces infantiles (grabadas) sitúan a los espectadores antes de comenzar. La esposa de Ulises, el rey de la isla de Ítaca, aguarda durante veinte años, junto a su hijo, el regreso de su esposo tras la guerra de Troya. Ese símbolo de fidelidad conyugal lo rompe ella finalmente.

El texto de Nelo Curti, con dirección del propio autor, está construido a base de monólogos que establecen un paralelismo con la mitológica historia en una fusión de lenguajes escénicos. Los intérpretes Luciana Barrenechea y Cali Raso asumen los papeles de perdedora y ganador.

Por un lado, la mujer como sirvienta, objeto o muñeca rota en un degradado espacio, según la escenografía de Pedro Coiro, y el legendario héroe que aquí se sugiere que es corredor de bolsa, lobo financiero. Música del dúo Tarab Lab, diseño de luces de Kiko Martínez y una forma de condenar las guerras o a los poderes económicos.

Los dos realizan un notable y elocuente trabajo con gestos, palabras y acciones. Una cierta ensalada oral en el papel femenino, y el montaje explora técnicas cinematográficas a través del videoarte de Sol Spinelli, uno de los atributos más destacados en el ámbito del teatro multimedia.

Nora da un portazo en «Casa de muñecas», de Ibsen, y Penélope se va cansada de limpiar el horror para que parezca limpio.

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