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Arte bajo tierra con Aurelio Ayela

El Museo de Aguas de Alicante inaugura la primera exposición tras la pandemia con un proyecto del artista alicantino diseñado para el espacio los Pozos de Garrigós

Escultura de cuatro metros de altura en una de las cavidades de los Pozos de Garrigós, donde Aurelio Ayela expone hasta el 15 de enero, junto a una videoproyección. | JOSE NAVARRO

Los Pozos de Garrigós que albergaban los antiguos aljibes de la ciudad vuelven a convertirse en espacio expositivo año y medio después de su cierre por la pandemia. Este espacio esculpido en la montaña que forma parte del Museo de Aguas de Alicante inauguró ayer la muestra Hipogea, el hueco interior (hipogeo es un tipo de construcción arqueológica subterránea) del artista alicantino Aurelio Ayela, quien plantea un viaje por las cavidades de los pozos a través de tres instalaciones artísticas que se podrán contemplar hasta el próximo 15 de enero.

El artista Aurelio Ayela frente a una videoproyección en los Pozos de Garrigós | JOSE NAVARRO

El director de Comunicación de Aguas de Alicante, Martín Sanz, destacó que la muestra «es única, hecha a medida para los Pozos de Garrigós. Nace y muere aquí y no se verá en otro sitio».

Aurelio Ayela ha empleado dos semanas en el montaje y ha debido llevar parte de las piezas por separado para instalarlas en el interior de las cuevas, dada la entrada sinuosa a los aljibes, ya que una de las esculturas mide cuatro metros de altura. Aunque la exposición cuenta con tres intervenciones artísticas diferenciadas, las tres se hilvanan con pintura luminiscente entre las rocas.

El artista invita en su recorrido por este lugar tan «potente» y «lleno de simbología» a un «encuentro con uno mismo» y a que el espectador se plantee «cual es nuestro lugar en el mundo y cuál es nuestra relación con la naturaleza y con el ecosistema», todo ello a través de la religión, la ciencia y el elemento místico.

El juego, la experimentación y el absurdo frente a la magnificencia son algunos elementos claves en la obra de Ayela, que aquí ofrece como experiencia al visitante para que «bucee» a través de los «objetos sugerentes» que plantea en la exposición que, puntualiza, tiene un «mensaje de reconciliación con la naturaleza».

La primera instalación, El reino caído, representa cómo la religión supuso un punto de inflexión en la destrucción de una especie arbórea (el Sándalo de Juan Fernández, en Chile) que por su característica madera aromática disparó su demanda para la talla de imágenes religiosas y la fabricación de cajas de reliquias, lo que supuso su extinción en apenas un siglo. Ayela lo representa mediante una réplica del árbol bajo una corona de hojas invertida, todo ello barnizado de material fotoluminiscente que hará que brille con intensidad con el paso de los visitantes.

El segundo elemento es un artilugio mecánico que simula un depósito de agua elevado, «algo absurdo dentro de un pozo», apunta Ayela de su «máquina «patafísica», la ciencia de las soluciones imposibles, «en la creencia de que solo la ciencia nos salvará, cuando tampoco la ciencia tiene soluciones definitivas, siempre quedan preguntas pendientes después», considera.

Arte bajo tierra con Aurelio Ayela

Una videoproyección de una columna de platos bajo el agua es el último elemento de la muestra, con el ruido de un lavavajillas de fondo. Ayela se planteó esta acción submarina, que grabó en el fondo de una piscina con imágenes reales del fondo del mar en Cabo de Palos como un «reto absurdo» y un «experimento sin garantía de éxito» frente a la solemnidad de las columnas conmemorativas levantadas por triunfos bélicos. Apela a las consecuencias medioambientales de actos cotidianos como fregar y recuerda lo perjudicial que puede ser verter líquidos contaminantes por el fregadero.

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