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La luz como laberinto emocional

El MACA recupera una obra de Eulàlia Valldosera de la colección Fundación Mediterráneo que no se exponía hace 20 años

Parte de la instalación La caída; Valldosera con las imágenes de El ombligo del mundo y fotografías de Lazos familiares. | PILAR CORTÉS

La creó para la Manifesta de Rotterdam en 1996. Después se expuso siete veces más. La última en la Fundación Tàpies de Barcelona. Eso fue en 2011. Desde entonces, La caída. Salir de las llamas para caer en las brasas, adquirida en 2004 por la entonces CAM, ha permanecido guardada en cajas. Hasta ahora, cuando Eulàlia Valldosera (Barcelona,1963), artista pionera y radical, la ha vuelto a ver montada en el MACA con la exposición Desprogramar el drama. Y ahí permanecerá hasta el 23 de enero, tras lo que ha sido un trabajo de arqueología artística desarrollado desde el museo alicantino.

La luz como laberinto emocional

La muestra se completa con la exposición fotográfica Lazos familiares, serie realizada por la artista en 2012, y dos imágenes más de la serie El ombligo del mundo -también perteneciente a la colección de la Fundación Mediterráneo-, convertida en uno de los trabajos más transgresores del arte español de los años 90.

Para Valldosera, montar de nuevo La caída, ha sido «un reto» para activar esta pieza «realizada en la era analógica cuando aún se funcionaba con lámparas y vídeo, y ahora con leds y archivo digital», aseguró ayer la artista durante la presentación de la exposición.

La recuperación de esta instalación, referente en la historia del arte de los 90, ha sido un auténtico «desafío», apuntó la conservadora del MACA y comisaria de la muestra, Rosa Castells, porque se han tenido que renovar «todos los sistemas electrónicos desfasados». Por eso, «contar con la artista para hacerlo ha sido un lujo impagable». Además, «por primera vez» se ha dividido la sala en dos espacios independientes.

La luz como laberinto emocional

Esta obra versa «sobre la percepción y para ello utilizo la luz, que me llevó sin querer a trabajar la oscuridad, como el lado oscuro de la vida que forma parte del lado luminoso», afirma Valldosera. Fue en una visita a la Alhambra cuando «decidí trabajar estas piezas envolventes, inmersivas, para crear una experiencia en la que el espectador es responsable de generarla».

La caída es un laberinto emocional «que cada uno de nosotros siente cuando penetra en la sala», destacó Castells. Y lo hace a través de una proyección sobre la pared oscura en la que una pareja en su entorno cotidiano intenta una y otra vez abrazarse. «Una historia carente de narración que se despliega en el espacio donde el espectador se encuentra atrapado como testigo y artífice del problema».

Para la artista, «es un viaje en busca de una explicación ante esa imposibilidad de encuentro», una mirada a la oscuridad «a través de aquello que no queremos ver». Es una obra «muy viva» a pesar de haber pasado 20 años. Esta primera parte enlaza mediante la luz con otro espacio y este a su vez con un tercero, que acaba con luces reflejadas en pequeños espejos que se dirigen a una pared en la que hay colgadas llaves.

La segunda parte de la exposición lo ocupa la serie Lazos familiares, fotografías que reflejan las relaciones sentimentales visibles y ocultas. «Y lo hace también a través de la luz y las sombras redefiniendo el modelo mismo de familia en continua transformación», según la comisaria.

Las dos fotografías de la serie El ombligo del mundo sirven de prólogo a la muestra. «Parte de un hecho banal como fumar cigarrillos como metáfora del consumo, de la meditación y de la fugacidad del tiempo».

La presentación de la exposición contó con la presencia del concejal de Cultura, Antonio Manresa, y el presidente de la Fundación Mediterráneo, Luis Boyer.

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