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Eva Lootz: «Soy una inmigrante digital»

La artista, Premio Nacional de Artes Plásticas en 1994, charla hoy miércoles en el MACA de Alicante con la comisaria Patricia Molins

Eva Lootz, en  la exposición realizada en 2020 en El Patio Herreriano. | MUSEO EL PATIO HERRERIANO

Eva Lootz, en la exposición realizada en 2020 en El Patio Herreriano. | MUSEO EL PATIO HERRERIANO / cristinamartínez

Eva Lootz, Premio Nacional de Artes Plásticas en 1994, creó su propio mundo artístico con la escultura y las instalaciones, a través de la materia y su relación con el hombre. De hecho, asegura que mañana comenzará su intervención en el MACA hablando de las salinas de Torrevieja, sobre las que realizó un trabajó en los 80. Y también explicará la obra que forma parte de la Colección Mediterráneo en el museo alicantino.

Viene a Alicante porque el MACA tiene una obra suya, African bed.

Es una obra de hace bastantes años y estaba dentro de un determinado contexto. En mi trabajo son muy importantes los materiales. Y en ese aspecto también me importaban y me interesaban mucho los circuitos que los materiales desencadenan en el paisaje porque las materias se intercambian, viajan y despliegan un camino. Entonces era una serie de trabajos que tenía que ver con las migraciones. En ese momento quería llamar la atención sobre el continente africano. Pensábamos que con los movimientos de liberación de países en África iba a ir todo a mejor, pero por desgracia no ha ocurrido. Esa pieza tiene la estructura de una gran cama y entretejidas encima en vez de colchón unas tiras de plomo sobre las cuales están los nombres de diferentes ciudades de África.

Sabe que al MACA acaba de llegar otra colección, la de Jenkins-Romero con 291 obras. ¿Qué supone para este museo?

Evidentemente es una ventaja para el MACA y para la región, pero a mí me gustaría que no solo se hable de arte cuando hay algo que vale mucho dinero o cambia de manos, cuando alguien adquiere una obra de Van Gogh o Da Vinci por millones. El arte es otra cosa, es algo para que todo el mundo reflexione, es algo a lo que todo el mundo debe tener acceso.

Su producción es enorme, pero ¿qué piensa ahora de su obra cuando ve piezas realizadas en los 70, 80 o 90?

Son fases del trabajo. El trabajo cambia a lo largo de los años y por supuesto que me responsabilizo de esa obra.

Su obra relaciona la naturaleza con la intervención humana. Por ejemplo, ha realizado estudios sobre Riotinto y las salinas de Torrevieja, entre otros lugares.

Yo no hablo de naturaleza porque caemos en la red de un pensamiento perezoso. Hoy tendríamos que hablar o bien de no hablar de naturaleza o de segunda naturaleza. La naturaleza como la entendió el romanticismo no existe. Hablo más bien de la tierra. Yo he utilizado parafina o mercurio, ¿eso se encuentra en el bosque? La sal, por ejemplo, me interesaba mucho porque es muy importante en la historia de la humanidad. Es donde tiene su origen la palabra salario, el trabajo remunerado. Por eso hice un proyecto sobre las salinas de Torrevieja y La Mata. En 1984 estuve ahí e hice toda una serie de fotografías que voy a mostrar el día de la charla. Esos espacios se han modificado muchísimo. En ese sentido mi trabajo contempla el arte no como una disciplina sino como un dispositivo, una red en la que pueden entrar las más diversas disciplinas, desde la geología hasta las matemáticas o la microbiología.

¿Qué contestaría si le dijera: su arte es ahora más…?

A lo largo de los años, la repercusión política e incluso social ha adquirido más importancia. Según va avanzando el sistema del capitalismo financiero también cada vez yo me he hecho más consciente de las repercusiones de todo, incluso el hecho de las materias primas que son la ropa interior de la historia. Hoy el tema es el agua o el petróleo que se van acabando, y eso tiene una enorme repercusión sobre la sociedad.

¿Se siente representante de algo?

Yo soy reflejo en todo caso. Todo artista es el reflejo de una época y en ese sentido yo también soy reflejo de mi época, inevitablemente.

La pandemia nos ha transformado a todos en mayor o menor medida en nuestra vida cotidiana y en nuestro trabajo. ¿En qué sentido le ha afectado en su producción?

Yo creo que los artistas hemos trabajado más que nunca porque nos ha quitado de encima toda la necesidad de hacer relaciones públicas y hemos tenido más tiempo que nunca. Yo he trabajado muchísimo. Sobre todo dibujos. Están en cierto modo relacionados con mi última exposición grande en 2020, que realicé en El Patio Herreriano, El reverso de los monumentos y la agonía de las lenguas.

¿Cómo ha cambiado no solo el proceso creativo artístico sino también la difusión de la obra, ahora que la globalización hace más sencillo conocer una exposición en EE UU o en Japón?

Todo cambia continuamente. Tampoco tenemos la distancia todavía para valorar de manera precisa todo el proceso. Estamos en un gran momento de transición y llevamos tiempo desde que se impuso la circulación de lo digital, que es un enorme cambio sin duda. Cada uno se adapta como puede. Yo soy una inmigrante digital, los jóvenes son nativos digitales ya. Estoy por supuesto a favor de todos los nuevos medios, pero no soy partidaria del tecno-optimismo que cree que a través de esto se van a resolver los problemas de la humanidad. En realidad aumentan las desigualdades.

¿Y cómo creadora?

Son interesantes, incluso yo he hecho cosas que solo pude hacer gracias a estos nuevos medios, como cuando hice esculturas digitales sobre los ríos de la Península. Lo interesante es el hecho de que hoy día podemos transmutar, tenemos la posibilidad de traducir cosas de una disciplina a otra.

¿Cómo ha cambiado el concepto de museo, que deja atrás su papel único de contenedor y espacio de almacenamiento?

Claro, está cambiando. En el mejor de los casos tiende cada vez más a privilegiar la colaboración, la interacción del espectador. Se trabaja en una mayor interacción, aunque los paquetes turísticos no van en esa dirección.

El arte contemporáneo se abre camino este año en el Prado. Si tuviera que exponer una obra suya en ese museo, ¿junto a qué artista querría estar?

No sé, a mí cuando la Fundación Amigos del Museo del Prado me invitó a hablar de una obra, yo elegí esas pinturas medievales que tiene en sus fondos del año 1000, maravillosas, que me interesan muchísimo. Cada uno tiene sus predilecciones. En general el románico me interesa mucho, a parte de que me interesan las obras de transición. Siempre me ha interesado aquello que no es tan visible, incluso lo invisible, porque aquello que vemos es a lo que nuestra tradición le ha puesto valor. No existe mirada inocente. Lo que se ve es aquello que en la escala de valores vigente está más valorado. Y lo menos valorado se tiende a no ver y eso tiene que ver con mi trabajo para sacar a la luz lo invisible.

El arte siempre se ha caracterizado por avanzar e ir rompiendo fronteras. Pasó con la performance, el videoarte, el arte virtual…

Hay una madeja que tiene mucha hebras. Cada uno tira de la que más le es afín. Hay artistas jóvenes que me interesan mucho porque ya tienen perfectamente superado ese dualismo que está tan anclado en nuestra tradición entre naturaleza y cultura, que hoy está obsoleto.

¿Qué piensa de las NFT, el mercado del arte virtual?

Me falta información para tener una opinión fundada, pero en principio no creo que nos vaya a ayudar mucho porque el arte es un conocimiento a través de nuestras facultades sensoriales, es otra manera de conocer. Está el conocimiento a través de la ciencia, que son códigos establecidos, mientras el arte opera en lo que Levi Strauss llamó el territorio de los manzanos salvajes, que está abierto a cosas que no están aún codificadas. No creo que aporte mucho, pero habrá que verlo.

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