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Rodeados de hielo

La expedición de National Geographic llega al Ártico, gravemente amenazado por el cambio climático

LA URGENCIA DE SALVAGUARDAR EL ÁRTICO | MANU SAN FÉLIX

Dejamos con pena el maravilloso Parque Nacional de Torngat y por delante tenemos cuatro días de navegación hacia el norte. Nuestro destino es Churchill en la bahía de Hudson.

CHURCHILL, PARAÍSO DE LAS BELUGAS |

Al segundo día, ya navegamos entre icebergs y sopla un viento helador, es el puro paisaje Ártico. Esta brisa gélida nos recuerda la importantísima función que el Polo Norte juega refrescando el hemisferio Norte. Sin embargo, este aire acondicionado natural ya no funciona tan bien y sus consecuencias ya las estamos notando en el asfixiante verano que estamos viviendo.

Los bancos de pez capelín son alimento de las belugas.

Por eso la sensación que tenemos es agridulce. De felicidad por el privilegio de contemplar este paisaje imponente y de tristeza porque sabemos que el hielo del Ártico está en extinción y para el año 2035 habrá desaparecido en las predicciones más pesimistas que son las que se están acercando más a lo que ya está pasando en el planeta.

Rodeados de hielo |

Si nos queda algo de sentido común debemos tomarnos muy en serio el problema del calentamiento global. Hace décadas que se advierte desde la comunidad científica pero hasta la fecha nuestra reacción como sociedad para solventar el problema es muy lenta.

Oso polar que se acerca a nuestro barco.

Desde que zarpamos hace semanas no hemos visto ni un solo barco ni un avión, debido a que la actividad humana este remoto lugar es prácticamente nula. ¿Por qué entonces es necesario protegerlo?

Los bancos de pez capelín son alimento de las belugas.

Es muy importante establecer áreas marinas protegidas en las regiones heladas ya que todas las previsiones indican que en las próximas décadas debido a la progresiva desaparición del hielo, van a proliferar nuevas rutas de navegación, proyectos para instalar explotaciones mineras y petroleras… Y con ellos llegarán más gente, más pueblos y ciudades. Si añadimos impactos al ya de por sí gravísimo que es la subida de la temperatura, el escenario al que se enfrentan ecosistemas y especies es muy preocupante.

Los frentes de hielo flotante, sea ice, que tenemos que ir atravesando en bahía Hudson.

Personalmente creo que debemos proteger a los animales árticos de la demanda que hay por ellos. El tráfico de animales comercia con especies árticas apresando belugas, orcas, morsas, etcétera, para ser exhibidos en nuestras ciudades. Ni la educación ni la investigación justifican el maltrato animal.

Rodeados de hielo

Al día siguiente amanecemos en la Bahía de Churchill rodeados de decenas de belugas que nadan alrededor de nuestro barco en las aguas marrones de la bahía. En sus aguas someras encuentran un lugar seguro para reproducirse y protegerse de su principal depredador, las orcas. En esta zona de Hudson, se concentran las belugas atraídas por los grandes bancos de pez capelín, su principal fuente de alimento. De madrugada contemplamos desde el muelle fascinados la aurora boreal y las belugas flotando adormiladas en superficie. Es uno de esos momentos mágicos de la expedición.

Belugas en Churchill y belugas con aurora boreal.

Además esta localidad es conocida como la capital mundial de los osos polares por su elevada densidad. Y nos dan instrucciones de movernos sólo por las calles principales y en grupos de tres o más. Churchill se ha convertido en destino para un turismo de observación de estos animales. En torno a los osos y belugas se sustenta la economía local de turismo de naturaleza.

Ahora en Hudson vemos muchos osos en el agua que se acercan a nuestro barco y nadan alrededor del casco. Realmente es un error definir al oso polar como un mamífero terrestre ya que se desenvuelve incluso mejor en el mar que en tierra. Son capaces de pasar mucho tiempo en el agua y nadar decenas de kilómetros e incluso bucear. Hemos llegado a ver un grupo de tres en medio del mar a casi 100 kilómetros de la costa.

En este tramo de la expedición nuestro destino final es James Bay. Una bahía de unos 450 kilómetros de largo por unos 220 de ancho, situada al sur de Hudson y que alberga numerosas islas.

Apenas hay datos de cómo es bajo el agua este lugar. Siempre es emocionante tener la sensación de exploración, sumergirnos en un lugar donde antes aún no ha habido buceo. No esperamos encontrar un lugar de vida exuberante ya que esta bahía hasta hace unos 8.000 años estaba sepultada bajo los glaciares y el hielo perpetuo.

Sin luz y con bajísimas temperaturas apenas hay opciones para la vida marina. Al final de la edad del hielo, se fundió el mar helado, las aguas se abrieron y los rayos del sol pudieron atravesar la superficie. La luz y nutrientes son los factores principales que posibilitan la vida marina. En esa época de deshielo llegaron los Cree, los primeros humanos que ocuparon esta región.

Aurora boreal.

En James Bay pasamos días duros de buceo: con agua gélida y apenas medio metro de visibilidad. A cinco metros la oscuridad es casi absoluta. Además la salinidad es bajísima debido a los miles de ríos y riachuelos que vierten en la bahía el agua del deshielo cargada de materia orgánica y de un intenso color marrón oscuro. La explicación a estas condiciones la tenemos que buscar en tierra, donde se extiende el bosque boreal, la segunda masa forestal más importante del planeta después del Amazonas. La descomposición que generan estos bosques origina grandes zonas de turberas que acumulan materia orgánica. Y que es vertida al mar sin descomponerse por los miles de riachuelos. El Ártico entre las turberas y permafrost (la capa de suelo helado enterrada) almacena cuatro veces más que el carbono que los seres humanos hemos liberado a la atmósfera desde el inicio de la era industrial. Si este se liberase a la atmósfera por el deshielo estaríamos ante un desastre climático de proporciones mayúsculas y sin punto de retorno.

en James Bay y las zonas de turberas que alberga se almacenan grandes depósitos de carbono orgánico. Es prioritario preservar estas zonas y que ese carbono no se movilice a la atmósfera, lo que aceleraría gravemente el calentamiento global.

El ártico, el equilibrio más frágil. Crear áreas marinas protegidas en las regiones heladas es fundamental para evitar un desastre ecológico. 1 Duras condiciones para las inmersiones: olas, aguas heladas, casi cero visibilidad.

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