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Enrique, cincuenta años sin perder el pulso

El dibujante de INFORMACIÓN celebra cinco décadas de la publicación de su primera viñeta en 1972 - «He tratado de aportar crítica y humor, y si no lo he conseguido, seguiré intentándolo», asegura

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África Prado

África Prado

"Yo nunca he sabido dibujar. Mi nieta, de 8 años, te hace treinta páginas de cómic que se inventa ella. Eso yo no lo he sabido hacer nunca". Así de rotundo es Enrique, alguien que lleva medio siglo, lápiz en mano, diseccionando con humor la actualidad en las páginas de INFORMACIÓN, periódico al que sigue unido desde que publicara su primer chiste un 28 de septiembre de 1972. "En la página 3, para más señas", añade. Cincuenta años después, este "genio del humor gráfico" -como le definió Forges, que desayunaba con sus viñetas- sigue fiel a su cita casi diaria con los lectores y confiesa que "mientras tenga fuerzas y el periódico quiera, es un placer y un honor continuar publicando. La verdad es que me mantiene muy vivo, tanto la mente como la mano, y ni siquiera tengo epicondilitis", bromea.

50 años de Enrique como dibujante del Diario Información

Pilar Cortés

Más que humorista gráfico, dibujante o viñetista, Enrique Pérez Penedo (Alicante, 1951) se considera "dibujaero" y, aunque parece una broma que agranda su leyenda, es por todos conocido que dejó sus estudios de Química por "repetidor" y que aprendió a dibujar y hacer chistes con un curso por correspondencia de CEAC antes de ganarse la vida con sus viñetas: "Empecé haciendo caricaturas muy flojitas a mis compañeros de la facultad y me inspiraba en los dibujantes que estaban en la plaza Mayor de Madrid, que utilizaban un palillo mondadientes mojado en tinta china. Yo empecé con eso, luego descubrí las plumillas, que sigo usando hoy", explica sobre sus inicios, que fraguó con los dibujos que cada mes le pedían desde el cursillo a distancia donde, paradójicamente, "lo que más me costaba hacer era los chistes de actualidad; una cosa era dejar volar la imaginación y otra ceñirse a algo que había ocurrido", admite.

A su vuelta de Madrid, en 1972 y con 21 años, se decidió a presentarlos en INFORMACIÓN, que entonces dirigía Jesús Prado en la calle Quintana, y "cuando volví otro día a preguntar cómo iba lo mío el redactor jefe, Fernando Gil, me preguntó si no leía el periódico porque ese día había salido el primero". Ese primero era un chiste donde un paciente en la sala de operaciones no podía dejar de mirar la delantera de la enfermera, un tanto erótico para la época franquista. "Igual hoy no lo haría para el periódico, porque busco más la actualidad, primero local y luego nacional o internacional, pero sigo poniendo tetas de vez en cuando. Rara vez hago un chiste por adelantado, pero tengo siempre uno en nevera de una orgía en una cama. ¿Por qué no puede haber un chiste de sexo?", apunta Enrique, consciente de que el humor gráfico es también un reflejo de los cambios en la sociedad: "Hoy Zipi y Zape estaría prohibido, o el Bwana, o Rompetechos, un señor que se daba tortas con todo porque no veía... En los años 70 había otra conciencia, claro. Recuerdo un dibujo de Chumi Chúmez que decía 'hoy te pego más que ayer pero menos que mañana', o Gila, que hacía chistes de tullidos y no se veían como una burla. Hoy en día con esta sensibilidad de lo políticamente correcto y el cuidado del lenguaje, sobre todo con los textos, hay que ir con pies de plomo".

Ahora el humor gráfico, considera el veterano, lleva consigo una mayor carga social. "Tiene mucha más relevancia. El humor es más crítico, puede ayudar más y denunciar más, para tratar temas como el suicidio, el bullying o la violencia de género. Ya se utiliza mucho como un arma de concienciación, de denuncia, y eso es muy importante, más que para hacer reír, aunque también lo haga", opina Enrique, quien no duda en hacer viñetas sobre estos temas, "pero con nada que pueda provocar un malentendido o una sonrisa ambigua. Hay temas en los que hay que ser absolutamente claros".

Dibujo de Enrique con motivo del cincuenta aniversario de la primera viñeta publicada en INFORMACIÓN

Dibujo de Enrique con motivo del cincuenta aniversario de la primera viñeta publicada en INFORMACIÓN / ENRIQUE

Él, añade, intenta no ofender a nadie "y si puedo evitar una palabra molesta, la evito, pero lo que quiero decir, lo digo", a sabiendas de que a veces causa sarpullidos -alguna demanda sin prosperar o retiradas de saludos de personajes públicos- "pero tengo muchos más amigos que enemigos", asegura el dibujante, que no se arrepiente de ninguno de sus chistes aunque confiesa, sin revelar los detalles, que en sus comienzos "alguna vez casi meto en líos al periódico, con Franco vivo".

"El dibujo será bueno, malo o regular, pero de lo que hago soy el responsable absoluto, tanto si he acertado, como si no. Jamás, jamás, jamás el periódico me ha marcado una directriz de lo que tenía que decir o poner. Todos sabemos donde trabajamos, pero en ocasiones han salido chistes con una opinión contraria a la de la información. Así que siempre he podido decir lo que quería y siempre me he sentido muy libre", declara quien medio siglo después cree que su contribución a los lectores de este diario es haber "intentado aportar un poco de crítica y humor, reflejar la problemática de mi ciudad. Una forma de arreglar las cosas es denunciando lo que no funciona, también sacando las cosas buenas, y si no lo he conseguido, como pienso estar 20 o 30 años más, seguiré intentándolo".

A su juicio, los temas abordados en la provincia no cambian tanto en cincuenta años -"seguimos con problemas de basuras, de circulación, el famoso eje con Elche, el palacio de congresos...", recuerda- pero siempre intenta meterse en "berenjenales" nuevos, aunque revela que su mayor "tortura" -con cariño- es la tira que hace en las páginas educativas de La Tiza, con su personaje Ticita en asuntos que con pocos datos -un campamento, unas clases de inglés- tienen que servir de "estímulo" a los niños.

Si le preguntan qué dibujará en el chiste de mañana, responderá "aproximadamente, ni puta idea" hasta poco antes de mandar la viñeta, pero seguro que procurará que sea de algo "lo más pegado a la actualidad" y con el mínimo texto. "Llevo cincuenta años intentando decir las cosas sin palabras o con las mínimas posibles que caben en un bocadillo. Tengo que intentar llegar a cero, si puedo", destaca el dibujaero, a quien aún le falta publicar un chiste "sobre el fin de la guerra en Ucrania".

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