Han sido dieciocho los golpes de Estado que sacudieron España durante los dos últimos siglos, pero el de Miguel Primo de Rivera, "exitoso e incruento", fue el primero en el siglo XX. Este alzamiento, que se produjo el 13 de septiembre de 1923, se realizó con el beneplácito del rey Alfonso XIII y supuso el inicio de un periodo dictatorial que duró seis años y cuatro meses.

Hasta ahí son cifras y datos históricos contrastables y reconocidos. Sin embargo, por este periodo la Historia ha pasado siempre de puntillas, hasta el punto de que "no pocos historiadores" lo han calificado como un paréntesis vacío dentro de la Restauración borbónica.Pero el investigador alicantino Gerardo Muñoz ha dedicado los dos últimos años a contradecir esa afirmación y lo ha puesto negro sobre blanco en el libro La dictadura de Primo de Rivera. Los seis años que le costaron el trono a Alfonso XIII (Almuzara), adelantándose al centenario de ese golpe de Estado que se cumplirá en 2023.

Ordenanza para prohibir que los funcionarios criticaran al Gobierno.

"Primo de Rivera no fue un hombre campechano sin ideología como se creía, sino que fue el impulsor de una dictadura paternalista y un político astuto, con pocos escrúpulos, que promovió un régimen nacionalista en la línea de las dictaduras europeas contemporáneas", asegura el autor y miembro del Consell Valencià de Cultura acerca de esta figura "olvidada y desconocida", que fue "creador del populismo de derechas en España al denunciar a los políticos como élites corruptas y parasitarias".

Fue también Primo de Rivera un político contradictorio. Un dictador de libro, pero que tomó medidas comprometidas. "Decepcionó a todos porque siempre jugó con la ambigüedad; salió descontenta la izquierda, la derecha, los republicanos, los falangistas...", asegura el autor de El desastre de Annual, libro publicado el pasado año coincidiendo con el centenario de esa batalla.

"Quiso contentar a todos, a los regionalistas catalanes y a los empresarios catalanes; al mismo tiempo era abandonista, quería que España saliese de la guerra de Marruecos, que el ejército español se replegase hasta Ceuta y Melilla; incluso quería intercambiar con los ingleses Gibraltar y Ceuta". Llegó a desplazarse hasta Ben Tieb, ciudad que está a 80 Km de Melilla donde había un campamento de la legión encabezado por el coronel Francisco Franco, quien rebatió su discurso tachándolo de cobardía".

Balance social, económico y político

El libro incluye medio centenar de imágenes y unas 40 tablas. "No es una biografía de Primo de Rivera, es un libro sobre la dictadura, por eso he realizado un balance social, económico y político de la época, que es lo más original que tiene el libro".

Gerardo Muñoz, autor de 16 ensayos y 13 novelas, recoge en esos gráficos lo que supuso esta época para la sociedad . "Él no ordenó matar a nadie por disidencia política, encarceló y desterró, pero no mató como hizo Franco. Incluso alguno de sus seguidores se lo reprochaban por ser blando".

El historiador y escritor Gerardo Muñoz. RAFA ARJONES

Primo de Rivera se enfrentó con la Iglesia porque apoyó a la UGT para crear los comités paritarios, que eran como los comités de empresa actuales. "Creó su propio partido, un partido único, Unión Patriótica, pero sin embargo legalizó los sindicatos, menos la CNT; eso sí, siempre que no tuvieran enfrentamientos con los sindicatos católicos y con los sindicatos libres, que eran de derechas; aceptaba defender a los obreros y hasta permitió las huelgas siempre que no fueran políticas".

Primo de Rivera, a través de su ministro Calvo Sotelo, quiso hacer una reforma fiscal, "para que pagaran más el que más tenía, pero lo tuvo que retirar porque se enfrentaron todos con él". También hizo una política económica de intervencionismo estatal. "Creó el monopolio de Campsa para nacionalizar toda la industria petrolera de España, poniéndose en contra a todos los que gestionaban este sector en el país", afirma. Además creó las confederaciones hidrográficas, el patronato de Turismo y "el monopolio de Telefónica y el de Iberia".

Portada del libro "La dictadura de Primo de Rivera".

En el terreno personal las contradicciones también eran evidentes porque se dejaba llevar "por impulsos". "Era jugador, bebedor e iban con prostitutas, pero creó leyes contra el juego, la bebida y la pornografía". Además, "pensaba que gobernar un país era como gobernar un cuartel y se pasaba por el arco del triunfo los presupuestos o si el Supremo le ponía problemas con una ley".

Al final el país entró en una crisis monetaria "importantísima", pero es verdad, afirma, que "en los años anteriores había conseguido cierta prosperidad en lo industrial, no en el terreno agrario, y cierta paz social entre los trabajadores urbanos a través de los comités paritarios".

Telegrama enviado por Primo a Muñoz Cobos en septiembre del 23.

El problema es el precio que hubo que pagar: "Abolir los derechos individuales y colectivos, lo que está pasando en China desde hace unas décadas, tiene prosperidad económica y social pero a cambio de no tener ningún derecho político".

La caída de Primo de Rivera, que tuvo que exiliarse obligado indirectamente por el propio rey y murió a los dos meses de irse, supuso también la caída de la monarquía. "Identificar trono con dictadura le llevó al hundimiento. Después de Primo de Rivera llegó el general Dámaso Berenguer que impuso una dictablanca, pero no fue más que prolongar la agonía de Alfonso XIII".