Periodistas en el banquillo durante el franquismo
Procesados hasta tres veces por colaborar en prensa republicana, escritores, fotógrafos y dibujantes fueron represaliados tras la Guerra Civil
El catedrático de la Universidad de Alicante Juan Antonio Ríos Carratalá recoge 25 de esos casos en el libro Las armas contra las letras

Expediente de Navarro Ballesteros y de Matilde Zapata. / INFORMACIÓN
Las 3 P. Políticos, policías y periodistas. Durante la etapa más dura del franquismo, estos tres colectivos se llevaban la palma en cuanto a persecuciones, detenciones y juicios. Había una especial inquina contra ellos, pero mientras el caso de políticos y policías ha sido más investigado y documentado a lo largo de la historia, no había ocurrido así con el gremio periodístico, que incluía tanto a plumillas como a fotógrafos y dibujantes.
De tirar de ese hilo se ha encargado el catedrático de la Universidad de Alicante Juan Antonio Ríos Carratalá, convertido ya en experto en indagar en los sumarios y procesos judiciales. Lo hizo con Los consejos de guerra de Miguel Hernández, sobre los procesos al poeta oriolano, y ahora lo ha hecho buceando en miles de documentos sumariales del Archivo General e Histórico de la Defensa.

Documentos del Archivo General e Histórico de la Defensa. / INFORMACIÓN
El resultado es Las armas contra las letras, un volumen que verá la luz el próximo mes de diciembre, coeditado por Renacimiento y la Universidad de Alicante, en el que recoge 25 de estos casos ocurridos entre 1939 y 1945 que ha investigado, documentado y recuperado «para darles un mínimo de protagonismo en la historia», asegura el autor que trabaja ya en un segundo tomo de lo que será una trilogía.
Si había un patrón común es que nunca les sometían a un proceso judicial por el hecho de ser dibujantes, escritores o fotógrafos, «sino por colaborar con la prensa de la República». Y también que eran triplemente procesados, algo totalmente anómalo ya que no se puede juzgar a alguien dos veces por el mismo delito y menos, tres. «Les hacían pasar por un consejo de guerra y una vez condenados, les juzgaban por la Ley de Responsabilidades Políticas aprobada en el 39, que permitía poner una multa y arrebatarles los bienes que tuvieran». Pero aún quedaba un tercer procesamiento, que era el que pasaba por el Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo.
Como resultado, asegura Ríos Carratalá, se daban casos tan paradójicos como que muchos de los que fueron fusilados recibían una citación para que se presentasen a un nuevo proceso y al no presentarse, como es obvio, les declaraban en rebeldía. «Son casos que parecen de humor negro, incluso salía el edicto en prensa para que se presentasen en el juzgado».
Algunos casos especiales
Aunque las mujeres empezaban a tener presencia en la prensa, las procesadas y condenadas no llegan al 10 por ciento. Pero ahí estaba Regina García, un caso muy particular. Fue la segunda directora de un periódico en España, La Voz, y su particularidad es que era agente doble. «Trabajaba con los republicanos y al mismo tiempo para la Quinta Columna. La metieron en la cárcel y ahí empezó a delatar a gente, aunque eso no le libro de la cárcel».

Regina García, directora de La Voz que fue agente doble. / INFORMACIÓN
También ha recogido el investigador el caso de la periodista Matilde Zapata, que fue condenada, junto a su pareja, el periodista Francisco Malumbres, a pagar 20.000 pesetas de multa después de que a ella la hubieran fusilado en 1938 y él hubiera sido asesinado en 1936.
Fernando Perdiguero trabajaba para La Codorniz y aunque fue condenado, cuando salió de la cárcel le dejaron seguir colaborando en la revista. También recoge el caso de Andrés Martínez de León, dibujante sevillano creador del popular personaje entonces Oselito caracterizado por su antifacismo.
O el del poeta ultraísta Ramón Goy de Silva, que fue lo que ahora llamaríamos jefe de prensa del presidente de la República Niceto Alcalá Zamora. No le libró del proceso ni presentarse al juicio con un soneto entusiasta en honor a Franco que había escrito él mismo.
Aparecen igualmente Antonio Montoro, crítico teatral afincado en Monóvar que también fue condenado y cuyo legado se encuentra en la UA. O el periodista deportivo Ricardo Ruiz Ferry, que llegó a ser miembro del Comité Olímpico Internacional, procesado en un consejo de guerra.
Más condenados que fusilados
Entre los colaboradores con la prensa republicana fueron muchos los condenados a muerte, pero pocos los fusilados. Uno de los casos más destacados fue el de Julián Zugazagoitia, que fue novelista y ministro de Gobernación, y Francisco Cruz Salido. Consiguieron exiliarse en Francia pero fueron detenidos allí por la Gestapo en colaboración con policías españoles. «En realidad fueron secuestrados porque no se tramitó la extradición y luego fusilados en Madrid», apunta el catedrático. Lo curioso es que fue una mujer, Emilia Marroquín, la que consiguió que no les llevasen a la fosa común sin que fueran enterrados en una tumba con lápida».

El novelista Julián Zugazagoitia. / INFORMACIÓN
Fueron fusilados igualmente Virgilio de la Pascua, del ABC; Manuel Navarro Ballesteros, que era director del Mundo Obrero; Javier Bueno, muy conocido en la época, y Augusto Vivero, director del ABC.
Se daba la paradoja de que uno de los jueces era Martínez Gargallo, que fue humorista en el 27 y se hizo juez en el 31. «Él fue quien procesó a Miguel Hernández y a muchos periodistas y escritores, incluso a quien le hizo los dibujos para sus cuentos de humor que publicaba en las revistas de entonces».
El trabajo ha sido arduo y complicado ya que los expedientes sumariales no están ordenados por categorías o por profesiones. «Tuve que buscar los nombres de gente que trabajaba en la prensa republicana durante la Guerra Civil y luego ir buscando uno a uno para ver si estaban en el listado de procesados».
Entonces había más de veinte juzgados permanentes en Madrid y luego los especializados por sectores profesionales. Y para acoger a todos los procesados, entonces la ciudad contaba con 23 cárceles. Pero hasta hace 15 o 20 años «no se podía acceder a estos documentos, así que imagina cómo están conservados», afirma.
El proceso continúa y Ríos Carratalá ya ha esclarecido el destino procesal de otra veintena de represaliados. Pero eso será para el segundo volumen.
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