80 Mundos expone la lenta desaparición del tejido cultural de Alicante
El centro urbano pierde locales tradicionales por un proceso paulatino de gentrificación y la librería convoca una manifestación para reivindicar "nuestro derecho a seguir disfrutando de nuestra ciudad"

La librería 80 Mundos de Alicante, obligada a abandonar su local tras la venta del edificio para uso turístico / Pilar Cortés
En un contexto marcado por la transformación digital, la globalización de los hábitos de consumo y la presión inmobiliaria sobre los centros urbanos, las librerías locales resisten como uno de los últimos refugios culturales de las ciudades. Más allá de su función comercial, estos espacios desempeñan un papel esencial en la vida intelectual, emocional y comunitaria de las personas. Son comercios capaces de romper con la hegemonía de mastodontes como Fnac y Amazon, llevando por bandera la sana revolución del contacto directo con el cliente. Son, en sí mismas, los últimos vestigios de una tradición cultural profundamente enraizada en la identidad de cada localidad.
En el caso de Alicante, echar la vista atrás es recorrer un paisaje de autores, lectores y librerías que durante décadas dieron forma a una escena literaria propia. Hablar del pasado cultural alicantino es recordar el impulso al valenciano desde Set i Mig; la labor de la librería de viejo Lux, que acercaba la cultura asequible a quien la necesitara y que acabó convertida en una mercería en la calle Quintana; o Laos, un comercio que, como recordaba el recientemente fallecido filólogo Antonio Biosca, “no tomaba su nombre del país, sino del griego clásico, donde laós significa pueblo".
Y eso se podría decir de otros locales como Compás, Marimón, Internacional, Manantial o Martín; ejemplo de ese significado de "pueblo", lugares que compartieron ese espíritu de cercanía. Todas ellas, como muchas empresas familiares, tuvieron una vida limitada, marcada por los ciclos económicos, los cambios de hábitos y, últimamente, por un modelo de ciudad que prioriza el turismo. La última en cerrar, Libros de Ultramar, se suma a esta historia de desapariciones. Y no sería difícil ampliar la lista si se mirara más allá del núcleo urbano y se recorriera la provincia entera.
Símbolo de un modelo en extinción
La reciente venta del edificio en el que se ubica la histórica librería 80 Mundos, con el objetivo de transformarlo en apartamentos turísticos, ha provocado una oleada de indignación en la ciudad. Para muchos, se trata de un símbolo claro del rumbo que ha tomado Alicante: el de la turistificación, la expulsión de los vecinos del centro y la pérdida del tejido cultural local. “El caso de 80 Mundos es una metáfora”, afirma el escritor Mariano Sánchez Soler. “Vivo en el centro y esto viene ocurriendo desde hace tiempo. Los comercios tradicionales están siendo arrasados por pisos turísticos, franquicias y bares de grandes cadenas. Es un tsunami que se lo lleva todo y cada vez cuesta más ver las huellas de lo que era Alicante”.
El autor alicantino ha contado con la librería para presentar sus novedades editoriales, lo que simboliza también el papel de dinamizador cultural que tienen este tipo de establecimientos próximos y locales, organizando también talleres, clubes de lectura o actividades para los más pequeños: "Sería una desgracia perder a 80 Mundos, al menos tal y como la conocemos ahora. Porque es que no solo es una librería, ha sido siempre un lugar de encuentro, un espacio para presentaciones y charlas que inició Fernando Linde y que ahora Carmen y Sara han continuado para seguir siendo un faro cultural", admite Sánchez Soler.
Pérdida de tejido cultural
La polémica generada por la venta del edificio ubicado en General Marvá a una empresa madrileña que prevé reconvertir el inmueble en apartamentos turísticos ha avivado el debate de una ciudad de 360.000 habitantes "que solo cuenta con dos o tres librerías generalistas”, lamenta Sánchez Soler. “Fuera de ellas, solo sobreviven algunas especializadas, como Fahrenheit 451. Pero una librería como 80 Mundos es irremplazable: tiene fondo editorial, títulos actuales y de autoras y autores locales, y da cabida a lo que escapa de las grandes distribuidoras”.
Este hecho, generador de identidad y de cercanía, ha conseguido que se afiance en la ciudad durante más de cuatro décadas: "Lo de 80 Mundos es el colmo. Esto no tiene que ver con que el negocio vaya mal, tampoco es que se les suba el alquiler. El principal problema es que los echan para convertir el edificio en apartamentos turísticos. Así, sin más. Han vendido el edificio a una empresa de Madrid y les han dicho que se vayan", critica Sánchez Soler. "Alicante no puede seguir siendo un parque temático para turistas. Necesita memoria, identidad y respeto por quienes le dan alma".

La librería Raíces, ubicada en el centro de Alicante, en una imagen de 2006 / Pilar Cortés
En el mismo sentido de identidad e historia, el escritor y editor ilicitano Eduardo Boix expone que “tener el compromiso de una librería como esta siempre genera un aporte familiar. Es un sitio de referencia donde puedes llevar los libros que tú publicas y le dan la importancia que se merecen a obras que se escapan de lo popular”, asegura. “Ir a una cadena de libros es como ir a un Burger King. No es lo mismo que te sirvan comida casera en un bar de proximidad a que te lo den todo ya preparado".
Esta reflexión, además, va más allá del ámbito estrictamente literario y pone el foco en el desmantelamiento progresivo del tejido cultural local: “Esto no es solo un problema de librerías. También han cerrado los cines de barrio en Alicante, y ahora estamos obligados a ver las películas de estreno en grandes franquicias ancladas a centros comerciales. Se está perdiendo la identidad de un pueblo. Estos espacios son foros culturales que construyen comunidad, que crean memoria e identidad", recalca Boix.
Pese a todo, la demanda de la ciudadanía está creciendo. Según datos proporcionados por el Ministerio de Cultura, el porcentaje de personas que leen libros ha superado el 65% de la población, mientras que los lectores frecuentes se mantienen por encima del 50%. Además, esto ha repercutido positivamente en un sector editorial que ha experimentado un crecimiento significativo, con un aumento en la facturación y ventas de libros. Incluso los nuevos géneros literarios juveniles están consiguiendo un notorio peso en la sociedad actual.
“Durante la pandemia la gente volvió a leer", destaca el editor ilicitano. "La gente aprovechó el aislamiento en su casa para coger un libro y les generó un hábito de lectura. Lo mismo ha ocurrido con el vinilo, que ha vuelto a ponerse de moda, pero sin apenas tiendas de discos donde comprarlo. Desde las librerías hasta las tiendas de cómics o de música, todos esos negocios son necesarios, forman parte de una industria que debería poder aflorar y resistir", expresa. Ejemplo de ese tejido cultural vivo siguen siendo Ateneo y Comix City, dos locales que venden comics y realizan actividades de contenido geek.

Fachada de la ya desaparecida librería Lux / Carratala
Más que un punto de venta
Las librerías independientes no son simplemente lugares donde se compran libros. Se han convertido en espacios de encuentro, conversación y pensamiento crítico. A menudo gestionadas por personas con un profundo compromiso con la literatura y la cultura, estas librerías seleccionan cuidadosamente su catálogo, recomiendan con conocimiento y ofrecen al lector una experiencia personalizada que ningún algoritmo puede igualar.
Y, no nos olvidemos, también cumplen una función de arraigo. Están ligadas al barrio y suponen un contrapeso al consumo cultural homogéneo. No obstante, muchas se han visto obligadas a adoptar otros métodos de financiación, modelos mixtos para unificar literatura y cafetería en espacios centrados, en su gran mayoría, en aportar un plus extra para el turista. Se trata de modernizar el modelo de negocio para atraer nuevos clientes y permanecer en un centro histórico moldeado para el visitante. La desaparición de muchos de estos establecimientos suele ser síntoma de procesos de gentrificación o turistificación que transforman la ciudad en un producto y expulsan a quienes la habitan.
La supervivencia de muchas librerías independientes está hoy amenazada. A la competencia feroz del comercio digital se suma el aumento de los alquileres, la escasa protección institucional y una falta de políticas públicas decididas a sostener el tejido cultural de base. Casos recientes como el de la librería 80 Mundos en Alicante, obligada a abandonar su sede histórica por la reconversión del edificio en apartamentos turísticos, han encendido las alarmas. "Poco a poco, los edificios se vacían de vida cotidiana y se llenan de turistas. Es una colonización sin miramientos que atiende directamente a necesidades capitalistas", apunta Sánchez Soler.
En esta misma línea, el escritor y crítico literario Fernando Parra reflexiona sobre la creciente homogeneización del centro de Alicante y su impacto en la cultura local: “Eso es parte de la contradicción de la globalización. Por un lado, se busca estar conectados, pero al mismo tiempo las ciudades se están convirtiendo en calcomanías unas de otras. Hay una despersonalización del tejido esencial de una ciudad y eso nos empobrece como ciudadanos”.
El anuncio de 80 Mundos “fue un auténtico shock para mí", se sincera un autor que ha presentado allí todos sus libros y que, recurrentemente, acompaña a otros escritores durante sus presentaciones. "Es una prueba más de que el dinero y el poder del inversor pesan más que la cultura, que sigue siendo el eslabón más frágil”. Parra también apunta al deterioro paulatino del ecosistema literario alicantino y a la pérdida de referentes históricos como Set i Mig, Lux o la librería Internacional. “Echo en falta una mayor implicación de quienes deberían estar más cerca de estos espacios, como estudiantes o profesores de literatura. Muchas veces los actos culturales solo funcionan si el autor es conocido localmente. Para escritores de fuera o menos mediáticos, es muy difícil”, lamenta.

Fachada de la librería Set i mig en una imagen de archivo / INFORMACIÓN
Frente a las librerías que apuestan por un modelo mixto para sobrevivir, el crítico literario subraya que 80 Mundos representa una rara avis: “Es un ejemplo de resistencia. No solo frente a la turistificación o a las modas de mercado, sino también en su oferta literaria: cuidada, exigente, y centrada en propuestas independientes”. Destaca también el papel fundamental de Carmen y Sara, las actuales responsables del establecimiento, a quienes define como “la personificación de la ilusión”. “Llevan adelante iniciativas culturales de forma incansable, con imaginación, energía y un compromiso firme con la literatura de calidad, la que no se ajusta a los dictados del mercado sino a la vocación cultural. Ese compromiso con lo periférico y lo independiente es de un valor incalculable”, concluye.
El apoyo de otras librerías
Frente al cierre inminente de 80 Mundos, muchas librerías de la provincia (y de otros puntos del país) han mostrado su apoyo a sus compañeras. Desde las redes sociales y los mensajes directos han expresado su solidaridad y su tristeza con la situación que se está viviendo. Fahrenheit 451 fue tajante en su denuncia: “No van a parar hasta que conviertan esta ciudad en cuatro calles sucias y llenas de guiris sin camiseta comiendo en 100 Montaditos y pubs donde ver la liga inglesa”.
Por su parte, Atticus Libros, de San Vicente del Raspeig, envió un mensaje de esperanza y resistencia a través de un comunicado: “A los compañeros de 80 Mundos: mucho ánimo en esta situación tan difícil. Estamos seguros de que vais a seguir adelante, y que 80 Mundos, esté donde esté, continuará otros 40 años más. A los lectores: esa librería mágica en la calle Capitán Segarra nos recuerda lo importantes que sois. Las librerías no son solo estanterías; son espacios de encuentro, imaginación y comunidad que solo existen gracias a vosotros. En un mundo acelerado, solo los lectores pueden salvar las librerías. Y ahora, os necesitan más que nunca”.
Concentración en Alicante
Para combatir la gentrificación de Alicante, la librería 80 Mundos ha convocado una concentración ciudadana a las puertas de la librería este sábado 5 de julio, a las 19 horas, "por la defensa y protección de los activos culturales de la ciudad". La situación vivida por la propia librería ha sido la excusa para exponer los problemas de un modelo de negocio que, entienden, acaba siendo nocivo para el comercio local.
La convocatoria reza lo siguiente: "Con motivo de la turistificación de Alicante, muchos negocios clásicos de nuestra ciudad están siendo desplazados o directamente arruinados. En los últimos días, hemos podido vivir las consecuencias de este drama en nuestra propia librería, un agente cultural que muchísimos alicantinos aprecian como propio por su trayectoria y su compromiso con la difusión del conocimiento y el arte".
Por ello, han anunciado una concentración a las puertas de la librería "para reivindicar nuestro derecho como alicantinos a seguir disfrutando de nuestra ciudad, nuestro entorno y nuestra cultura. Porque necesitamos que nuestros dirigentes nos protejan y nos cuiden, nos den prioridad como ciudadanos alicantinos y pongan en valor nuestro trabajo y nuestros intereses". El cartel de la convocatoria ya está siendo compartido por canales de redes sociales.
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