MÚSICA
Fernando Costa, rapero: "Si no me desahogara con las canciones, no sé por dónde saldría toda esa rabia y todo ese amor"
El artista ibicenco, figura destacada de la escena urbana española y padre desde hace unos meses, acaba de publicar su tercer disco, 'Amor de barrio', con el que comenzará a girar en otoño

José Luis Roca
Jacobo de Arce
Hace unos días, el 14 de julio, Fernando Costa cumplía 30 años. El artista ibicenco, uno de los nombres fundamentales del rap español de los últimos años, cruzaba esa barrera temporal, a menudo también psicológica, sin darle demasiada importancia y viviendo un evidente momento dulce. Se le ve feliz con su casi recién estrenada condición de padre. Acaba de publicar su tercer álbum, Amor de barrio, que le está dando muchas alegrías. Y a partir de otoño comienza una gira de conciertos en recintos importantes que debería situarle todavía un escalón más arriba en su carrera. Así, joven todavía a pesar de lo conseguido, no parece muy difícil cumplir años con alegría.
“La edad no es más que un número, no algo que te pueda condicionar para dejar de hacer cosas o cambiar tu estilo de vida”, dice Costa (FERNANDOCOSTA si atendemos a la grafía que utiliza profesionalmente) durante una larga conversación con El PERIÓDICO DE ESPAÑA en las oficinas de la multinacional que distribuye sus discos, que él mismo publica con su sello. No tardará en reconocer que el suyo sí que ha cambiado algo: ahora hay menos vida nocturna y algunos hábitos más saludables.
Los cumpleaños redondos son momento de hacer balance, y a un artista que ha volcado tanto de su vida personal en sus canciones (su barrio, su familia, los amigos de siempre son temas recurrentes) es inevitable preguntarle cómo han ido las cosas hasta ahora. “La vida para cualquiera, no solo para un artista, es una montaña rusa”, dice, y añade que es de los que piensa que los momentos malos son los que te hacen crecer a nivel personal, “más que los buenos”. Sus orígenes humildes, sobre los que tanto ha cantado, se ven ahora como una buena escuela. “No tener una vida llena de facilidades y de comodidades te afecta en el momento, pero a largo plazo te hace madurar antes de tiempo, y a mí me ha enseñado a disfrutar de las cosas buenas y a aprender de las malas”.

El rapero ibicenco Fernando Costa, el día de la entrevista. / José Luis Roca
Familia y melodía
Jairo, su hijo, es uno de esos bebés que, por fortuna para sus padres, duermen bien. El artista no quiere decirlo muy alto, no sea que la cosa se gafe “y me salga el típico niño trampa, que al principio es muy bueno pero después todo se vuelve del revés”, bromea. Repetirá una y otra vez lo feliz que es siendo padre, que era una cosa que deseaba hace años y que claro que ha cambiado algunas cosas en su vida: por ejemplo, ya no hay “esa impulsividad de hacer las cosas sin que te importen las consecuencias”. También, ahora que gatea, se ve a menudo metido en esa gincana que es tapar enchufes o estar atento a dónde hay unas escaleras.
Buena parte del embarazo de Agustina, su mujer, coincidió con el proceso de trabajo en este disco, en el que todavía seguía enfrascado cuando Jairo nació en diciembre. ¿Ha influido la paternidad en su forma de hacer música? "Sí que afectó a la inspiración. Creo que ha sido clave para ciertas canciones como Guapa [una carta de amor a su mujer en el que canta "sueño cumplido / verte embarazada"] o como Mama, una canción que le dedico a mi madre y en la que está todo ese sentimiento de familia. Hay varias canciones que van de eso: ligadas a la nostalgia, al pasado, a mi familia, mis amigos, mis raíces... Y ese tipo de canciones son más melódicas".
Se dice en la hoja de promo de Amor de barrio que este es el disco en el que ha trabajado con mayor libertad porque "ya no tiene que demostrar nada", y se hace referencia a que explora "otros territorios sonoros". Él dice que ha hecho simplemente lo que le apetecía y le divertía. "Mi primer disco fue con el que me di a conocer. El segundo, una especie de continuidad pero intentando variar un poco en el estilo musical, no todo tan marcado, tan cerrado en el rap y en el boom bap de inspiración noventera. Y en este ya he sido un poco el Fernando que no piensa en qué va a decir la gente, que si hago este estilo o si hago el otro...", defiende.
En este nuevo álbum hay rap pero también cumbia, deep house, incluso techno. A algunos fans, a esos de la primera hornada que todavía le conocen como Fernandito Malamanera (por el título de uno de sus primeros singles), no les ha hecho mucha gracia. Ya hay quien se ha cabreado al escuchar la housera Ha$h de Morocco, o esa Aunque duela que ha hecho con otro rapero, Cano, y con el productor electrónico PMP, y que suena un poco al EDM de Coachella. A él le dan bastante igual esas críticas. "Si yo dependo de lo que la gente piensa de mí, es que esto ya no es un hobby, es un trabajo. Se vuelve monótono y pierdes la pasión por hacer lo que te gusta", asegura.
Rap 'cuadriculado'
Para el artista, la industria del rap español "se ha cuadriculado demasiado. Solo eres rapero si haces canciones de boom bap, noventeras, con crítica social... Y yo digo: vamos a relajarnos todos y a no encasillarnos. Porque hacerlo es poner fronteras a la música que no le sirven de nada". Si hubiera hecho un disco más rap, sostiene, se habría aburrido él y habría aburrido a otros. Aunque también habría sido una forma de asegurar el tiro. "Hay gente que me ha dicho que he hecho un disco comercial. Pero lo comercial habría sido hacer un disco solo de rap, que sé que es lo que me funciona".
Lo de las canciones más electrónicas era una cuenta pendiente: al fin y al cabo, se crio en la capital mundial de la música de baile. "En Ibiza había un punto de la noche en el que te habías tomado unas copas de más y con tu colega te ponías a rapear encima del DJ de techno en la discoteca. Siempre hacíamos eso. Rapear encima de Carl Cox, de Richie Hawtin... [risas]". Llevaba mucho tiempo queriendo hacerlas y solo tuvo que encontrar a los cómplices adecuados. Siempre curioso ante nuevos sonidos y tendencias, cuando da con ellos, con los que serán sus colaboradores en diferentes canciones, prefiere dejarse llevar y meterse él en sus estilos, antes que al revés. El de Cano y PMP es un buen ejemplo.
Que Costa trabaje ahora con más libertad que antes y que pase un poco de lo que opinan los otros no quiere decir que su camino sea fácil. "Echo de menos una vida sin ansiedad / ahora me siento vacío, nada que contar / antes no notaba la presión por esto de cantar", frasea en Echo de menos, otra de las canciones del nuevo disco. La presión, a pesar de todo, sigue ahí. Estar tan arriba no es fácil. Lidia como puede con la fama, aunque agradece que su ascenso haya sido paulatino y no un petardazo de dos días. Luego llega la reflexión sobre si se escribe mejor cuando uno está mal. "Cuando te quitas la coraza y te desnudas, mostrando tus debilidades, es cuando más conectas con el público", afirma. "Pero esa espiral de 'venga, tengo que esta triste para escribir bien' es un poco peligrosa".

Fernando Costa, durante la entrevista en las oficinas de Warner Music Spain, que distribuye sus discos. / José Luis Roca
Por eso dice que la parte de su trabajo que más le altera no son los conciertos ante 10.000 personas, sino el momento de crear. Es ahí cuando se siente más vulnerable. "En el escenario se activa el instinto de supervivencia. Es en el estudio, componiendo, cuando aparecen las inseguridades". No es fácil, explica, escribir cosas nuevas, no hacerse monótono. En los conciertos, en cambio, la adrenalina es una gran aliada. "Estoy completamente centrado, pendiente de que funcione todo". No deja de sorprenderle llenar un Movistar Arena, o las reacciones que provoca en la gente. "Desde el escenario ves a esa chica con una pancarta que dice que lleva ahí dos horas haciendo cola, o al chico que lleva tu camiseta, o alguien te enseña un tatuaje... Y cuando llegas a casa y te pones a mirar al techo antes de dormir, piensas: 'qué rápido pasa todo y qué conexión más grande tengo con la gente'. Es algo que no te esperas, porque yo empiezo a hacer canciones para hablar de mí".
Un vecino enrollado y 'beatbox' con el móvil
Buceando en su historia y en cómo empezó todo, Fernando se recuerda, hacia los doce años, hablando de música con un vecino mayor que él, de unos 35 y padre de familia. “Él ya vio por dónde iba yo: un chaval algo macarrilla, un poco peleado con la vida”, cuenta. El maestro le pasó al discípulo discos de 7 notas 7 colores, pero también películas como El día de la bestia o juegos como GTA San Andreas, “el pack completo”, bromea. Fue la vía para empezar a escuchar a Violadores del verso, a SFDK, a Eminem o a 50 Cent. Una nochebuena, con toda la familia todavía a la mesa, se bajó al coche a fumar un cigarrillo que le había robado a su madre y a poner rap a todo volumen. Ahí ya sabía que la música iba a ser parte importante de su vida.
En la época del instituto, descubrió YouTube y empezó a buscar bases instrumentales sobre las que ponía voces. Cuando aparecieron los primeros teléfonos con grabadora, se puso a hacer beatboxes, esos sonidos que se hacen con la boca imitando baterías o cajas de ritmos, y después a cantar por encima. Durante sus años estudiando en Granada, dio algún pequeño concierto autogestionado. Después, de nuevo en Ibiza, mientras trabajaba de camarero en clubes y discotecas de la isla, colgó canciones en YouTube y algunas empezaron a tener repercusión. De repente, había clientes que empezaban a reconocerle. “Yo estaba recogiendo vasos y había quien me pedía fotos. Me decían: ¿pero qué coño haces aquí trabajando?”. En aquella época conoció a Carlos, el que sigue siendo hoy en día su mánager, y este le dijo que debía dedicarse a la música. “Pero en la noche se sacaba mucho más dinero, y más cuando haces triquiñuelas”, dice con una sonrisa pícara. Empezaron a salirle algunos festivales, y hubo un momento en que Carlos le dijo claramente: “O coges este tren o lo dejas pasar para siempre”.

Costa acaba de publicar su tercer disco, 'Amor de barrio'. / José Luis Roca
Ahí arranca el Fernando Costa músico profesional, el Fernando Costa, aunque ahora haya ampliado su rango estilístico, esencialmente rapero. “Lo que me dio el rap, con esos mensajes y esa forma tan directa de contar historias, no lo he encontrado en otro tipo de música -afirma rotundo-. Empezó como un desahogo y se convirtió en una forma de pasármelo bien”. Recuerda ser vergonzoso, enseñarle las canciones solo a los amigos, no querer cantarlas en los corros típicos de esos sonidos urbanos. Pero todo eso se fue pasando. Ahora dice que “si no me desahogara con las canciones, no sé por dónde saldría toda esa rabia y todo ese amor”. ¿Se imagina siendo otra cosa que músico? “Estudié comercio y marketing en Granada, un grado superior. Mi madre siempre ha trabajado en publicidad en Ibiza, y yo en hostelería de cara al público. Creo que habría tirado por ahí, en marketing o redes sociales, ayudando a empresas a conectar con la gente más joven”.
Reconoce que, cuando se es un artista conocido, hay un peligro importante de que el personaje se coma a la persona. Él, gracias a su educación y a los suyos, no ha cambiado tanto como otros, como esos músicos que, dice, tratan mal a los camareros o dicen no a la foto que les pide un chaval cuando están comiendo en un restaurante. Esos que no tienen a los amigos de siempre y que solo andan con otros artistas. El dinero rápido y la inflamación del ego que supone que te paguen miles de euros por hacer lo que te gusta durante una hora son los principales factores de riesgo.
Él dice haber conseguido mantenerlos a raya. “Siempre cuento lo mismo, una frase que me dijo mi padre y que es la clave para mí: ‘Fernando, siempre tienes que tener la mente en el cielo y los pies en el suelo”. Y añade que, si alguna vez hay amenaza de despistarse, se fija en otra gente, en los currantes como era él antes y lo difícil que lo pueden tener para llevar un plato de comida a la mesa o para regalarles a sus hijos las zapatillas de moda. Una conciencia social que no es difícil encontrar en su música, pero sin que eso llegue a articularse políticamente. No se fía nada de los políticos. Dice que en las dos últimas elecciones no ha votado.
Pero su música no solo mira fuera. También dentro. En Por si te vas, la canción que comparte con la barcelonesa Lia Kali en este último disco, se le oye decir en un momento dado: "tuve que pelearme solo con la depresión". ¿Estaba hablando en primera persona? “A mí no me lo ha dicho ningún médico, pero yo he pasado por momentos muy duros en los que pierdes la ilusión con todo, no tienes ganas de continuar. No solo por la música, también por problemas familiares y por mi personalidad, que a veces soy un poco autodestructivo. Pero yo le recomiendo a la gente que no lo solucione haciendo canciones, sino que busque ayuda profesional, que lo hable con familiares y amigos”.
Fernando Costa está pasando un verano relativamente tranquilo, alejado de Madrid, donde vive, y disfrutando de Ibiza y de los suyos, actuando en algún festival (se le podrá ver en el Sonorama Ribera el 6 de agosto, cuando comparte cabeza de cartel con Fermín Muguruza) y a la espera de comenzar su gira de Amor de barrio el 17 de octubre en Granada. No hace muchas diferencias entre los dos formatos. "Siempre intento darlo todo, ya sea en un concierto mío o en uno que el público es compartido. Disfrutarlo y sacarle algún partido: en un festival, conquistar a ese chaval que no tiene ni idea de quien soy, mirarlo a la cara cuando estoy cantando y que diga: '¡Joder, este tío!'". Cree que se vive un gran momento para la música en directo en España. Pone los ejemplos de sus amigos Natos y Waor llenando un Metropolitano, o Dellafuente consiguiéndolo dos días seguidos, 130.000 espectadores en total. Admite que quizá todo haya ido un poco rápido. Pero, sentencia, "creo también que la gente hemos trabajado duro para ello".
Fuente: El Periódico de España
- La Aemet activa el aviso naranja en Alicante: tormentas intensas, granizo grande y rachas muy fuertes este lunes
- La montaña rusa del tiempo en agosto: de los 45 grados de bochorno a las lluvias en la provincia de Alicante
- Benidorm mantiene cerradas al baño las calas del Tío Ximo y la Almadrava tras un vertido de aguas residuales al mar
- Muere una turista británica de 66 años tras estrellarse contra las rocas mientras hacía parasailing en Benidorm
- Aire acondicionado por la noche: cómo ponerlo bien para dormir fresco sin resfriarte ni gastar de más
- El aviso del Laboratorio de Climatología de la UA sobre el eclipse solar en Alicante: 'Hay cierta incertidumbre
- ¿Cuánta gente cabe en Torrevieja en agosto? Aquí están las cifras oficiales del Ayuntamiento
- La playa de San Gabriel de Alicante vuelve a quedar al margen: vegetación en la arena y quejas por falta de mantenimiento