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Notas al programa

La Orquesta de La Rai de Turín con Andrés Orozco Estrada

Una obertura de Rossini, un concierto de Mozart con Michael Barenboim al violín y la Sinfonía Fantástica de Berlioz

El director de la Orchestra della Rai Torino, Andrés Orozco Estrada.

El director de la Orchestra della Rai Torino, Andrés Orozco Estrada. / INFORMACIÓN

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José María Perea

José María Perea

Programa

Alicante, ADDA, 4 de noviembre 2025 A las 20 horas.

ORCHESTRA DELLA RAI TORINO

Michael Barenboim, violín

Andrés Orozco Estrada, director

Gioacchino Rossini

(Pesaro, 1792-París, 1868)

Guillermo Tell, obertura en mi menor

Del compositor más original del primer romanticismo italiano escucharemos hoy la obertura de la última de sus óperas. Rossini, que había ocupado en París las funciones de inspector de canto y codirector del Teatro Italiano, estrenó en 1829 en la Ópera de la capital francesa su última obra lírica antes de un silencio creativo que durará hasta su muerte, salvo para dar a conocer algunas obras religiosas o de salón. La fuente de Guillermo Tell, el héroe suizo contra la dominación extranjera de su país, es la tragedia homónima de F. Schiller sobre la que elaboró el libreto Étienne de Jouy, poeta titular de la Ópera de París, revisado por Hippolyte Bis. Rossini le puso música en 1828 empleando para ello cinco meses, período bastante largo dada la rapidez acostumbrada del músico de Pesaro. Se estrenó el 3 de agosto de 1829 sin gran éxito, aunque alcanzó en cuatro años las cien representaciones. Bellini, Donizetti y Berlioz, tan distanciado musicalmente de Rossini, elogiaron la obra que es considerada hoy una obra maestra. La obertura, dividida en cuatro partes muy distintas (Andante, Allegro, Andantino y Marcha), no toma ningún motivo de la ópera sino que constituye en sí misma un poema sinfónico y es una de las obras más interpretada de Rossini.

Wolfgang Amadeus Mozart

(Salzburgo, 1756-Viena, 1791)

Concierto número 4, para violín y orquesta, en re mayor (K. 218)

Mozart, además de un gran pianista, recibió de su padre una sólida formación violinística. Por eso no extraña que entre abril y diciembre de 1775, cuando contaba con 19 años de edad, compusiera cinco Conciertos para violín y orquesta, K 207, 211, 216, 218 y 219, que se mantienen en el repertorio. Los dos últimos, el que hoy escucharemos y el número 5, figuran entre los más tocados del genio de Salzburgo. En estos conciertos el músico mira hacia la música italiana, pues en uno de sus viajes de adolescente pudo conocer los conciertos de Corelli, Tartini, Vivaldi o Boccherini. La influencia de este último está presente en su cuarto concierto donde la orquesta, reducida, tiene un papel de acompañante de un violín solista que brilla por su lirismo y belleza melódica. En una carta a su padre, Leopold, de octubre de 1777, Mozart le cuenta que “durante la cena toqué el Concierto de Estrasburgo, que salió perfecto”. El compositor y su padre citaban el Concierto en re mayor con ese nombre por incluir una referencia a una canción popular oída en la capital alsaciana.

Hector Berlioz

(Côte-Saint-André (Isère),1803-París,1869)

Sinfonía fantástica, opus 14 (Episodios de la vida de un artista)

Berlioz, hijo de médico, se inició musicalmente en su ciudad natal, situada entre Grenoble y Lyon, tocando la flauta y la guitarra en la banda local. Inició en París los estudios de Medicina pero los abandonó tras asistir a una representación de la ópera de Gluck “Ifigenia en Tauride”, cuando descubre que los secretos anatómicos que de verdad le interesan no son los del cuerpo humano sino los de la orquesta. Aquella noche quedó absorto ante “una orquesta de ochenta músicos que toca con tal conjunción que se diría un solo instrumento”, escribió Berlioz a su hermana al anunciar la decisión de dedicarse en cuerpo y alma a la música, lo que le costó el rechazo de su familia.

La Sinfonía fantástica fue compuesta en los primeros meses de 1830 y dada a conocer ese mismo año, el 5 de diciembre, en el Conservatorio de París con un joven Liszt entre los entusiasmados asistentes. Una vez corregida y aumentada, con un nuevo programa que cerraba el monólogo “Lelio o el retorno de la vida”, se estrenó en diciembre de 1832. La composición tiene tintes autobiográficos pues el joven Berlioz, enamorado con pasión de una actriz irlandesa, tras verla interpretar “Ofelia”, describe el drama instrumental en cinco movimientos o partes. Un joven músico se enamora de una mujer “que reúne todos los encantos del ser ideal”, pero bajo los efectos del opio se apoderan de él todos los delirios de la pasión (furor, celos, ternura, lágrimas y consuelos religiosos).

En el baile de una fiesta la idea fija se impone de nuevo como un fantasma. En una noche de verano en el campo la idea fija vuelve a turbar la dulzura de un dúo pastoril. El músico sueña que ha matado a su amada y que le conducen al cadalso. Finalmente, entre “ruidos extraños, gemidos y risotadas”, el infortunado músico se ve en sus propios funerales durante el sabbat, describe Berlioz el quinto el último movimiento, en el que se entremezclan la “orgía diabólica” y los sones del “Dies irae”.

Es una obra decisiva en la historia de la orquesta moderna y que se puede situar en el parteaguas de la evolución instrumental sinfónica, según escribió Blas Matamoros, para la presentación de la grabación en 1981 de la Orquesta Sinfónica de la Radio de Baviera dirigida por Rafael Kubelik. Muchos musicólogos consideran que sin ésta obra, sin Berlioz, no hay Wagner, Rimski-Kórsakov, Ravel o Richard Strauss, grandes maestros en el arte de orquestar. Robert Schumann se entusiasma con sus “audacias de escritura, libres sinuosidades, relaciones de ritmo libremente unidas, audaces encadenamientos armónicos…” y Liszt, Wagner y Richard Strauss reconocieron la deuda con la Sinfonía fantástica que sigue siendo hoy una pieza esencial en el repertorio orquestal.

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