Robe Iniesta, hasta la RAE le acabó dando la razón
La trayectoria del extremeño estuvo siempre al margen de las normas impuestas

Robe Iniesta en su último concierto en Zaragoza en 2024. / Jaime Galindo
Daniel Monserrat
En verano de 1997, un adolescente entraba en su casa de las Delicias de Zaragoza con una camiseta recién comprada en el rastro del último disco de su grupo favorito. Lo había hecho en su rebeldía de adolescente, pero conforme veía el momento de que sus padres la vieran ya no lo veía tan claro. No había vuelta atrás, su madre le vio con la camiseta de 'Iros todos a tomar por culo'. "Tiene un error ortográfico, se dice idos", le espetó su madre. ¿Tanto pánico para esto?, pensó el joven.
Extremoduro acababa de publicar su primer (y a la postre único) disco en directo con tan sugerente nombre al amparo del gran éxito que había cosechado un año antes con 'Ágila'. Un trabajo que disparó definitivamente a la banda como santo y seña del rock nacional y que consagró a Robe Iniesta como uno de los mejores compositores del país. Un trabajo que les hizo llegar al gran público (quizá, por eso, como reivindicación y para alejarse del éxito cuatro años después llegó un disco con el título 'Yo, minoría absoluta') con todo lo que ello conlleva y que vio como, de repente, millones de jóvenes cantaban aquello de "sucede que a veces me canso de ser hombre" que había dejado inmortalizado Pablo Neruda al mismo tiempo que llamaban "So, payaso" al primero que pasaba o proclamaban que había que "volar libre, libre" ('Ama, ama, ama y ensancha el alma') y, de repente, conocían a poetas como Manolo Chinato, al que el propio Robe le dedicó un disco entero con Fito Cabrales e Iñaki 'Uoho' Antón.
Ajeno a las normas del mercado
Antes del 'Ágila', por cierto, Extremoduro había publicado 'Pedrá', un disco de una sola canción de casi media hora, lo que deja bien claro lo poco que le importaban a Robe las modas y, por otro, lo sorprendente que fue el éxito de 'Ágila' aunque tuviera una calidad musical innegable. En aquellas giras, los rumores engrandecían la leyenda del artista, que si no acababa los conciertos porque no estaba en perfectas condiciones, que si no se sabía las canciones... Mitos que bebían de parte de realidad (ya superadísima) de una época anterior antes de que centrara (más o menos) la cabeza.
Robe Iniesta nunca ha entendido de leyes y reglas, por eso lo mismo te montaba una gira de reencuentro de Extremoduro que, finalmente, desestimaba (tras un primer parón) por desavenencias con la promotora Live Nation con la que todavía tenía reclamaciones cruzadas. Y entre sus 'peleas' y sus subidas de tono, fue construyendo su proyecto en solitario con el que, probablemente, firmó los mejores discos de su carrera ('Destrozares, canciones para el final de los tiempos' y 'Mayéutica', entre otros) y con los que llenaba pabellones con una facilidad pasmosa. ¿Quién se lo iba a imaginar cuando salió a la luz en 1989 aquel 'Rock transgresivo', crudo, directo y sin concesión alguna al gran público?
Incluso llegaron los reconocimientos en su tierra, Extremadura (como la Medalla de Oro o que le pusieran su nombre a una calle), que aceptó a pesar de que él se consideraba ciudadano del mundo. Un mundo contra el que se rebelaba, pero que al final le acabó dando la razón. Justo 20 años después de que publicara aquel 'Iros a tomar por culo', la RAE aceptó el término 'Iros' en su diccionario.
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