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Notas al programa

Haydn y Mozart con la ADDA Simfònica dirigida por Ruben Jais

La soprano Roberta Mameli interpreta una pieza de cada autor junto a sendas sinfonías de ambos

El director italiano Ruben Jais, conocido por abordar un amplio repertorio que va desde el Barroco hasta la música contemporánea.

El director italiano Ruben Jais, conocido por abordar un amplio repertorio que va desde el Barroco hasta la música contemporánea. / INFORMACIÓN

José María Perea

José María Perea

Programa

Alicante, ADDA, 23 de diciembre 2025 A las 20 horas

ADDA Simfònica Alicante

Roberta Mameli, soprano

Ruben Jais, director invitado

Joseph Haydn

(Robrau, Baja Austria, 1732-Viena, 1809)

Cantata “Berenice, che fai?”, escena de Berenice (Hoboken XXIVa: 10)

La carrera musical de Haydn se inició, gracias a su voz, como niño cantor de la catedral de Viena. El primer acontecimiento de su vida fue el encuentro con el ilustre Porpora, que le enseñó su método de canto y la composición. En octubre de 1761 entró al servicio de los príncipes de Esterhazy con quienes estuvo hasta 1790. Fue en esas casi tres décadas cuando compuso casi todas sus óperas y muchas de sus sinfonías. De entonces es su ópera Berenice, con libreto de Pietro Metastasio (1698-1782), de la que escucharemos en la voz de la soprano romana Roberta Mameli la escena “Berenice, che fai?” (Berenice, ¿qué haces?) bajo la dirección del milanés Ruben Jais, que en marzo de 2024 nos visitó al frente del coro Labarrocca di Milano, entonces con la interpretación de la Pasión según San Juan de Juan Sebastian Bach.

Sinfonía número 49 en fa menor (Hoboken I: 49), La Pasión

Durante los años al servicio de los Esterhaz, y más concretamente entre 1766 y 1774, Haydn compuso una serie de sinfonías impresionantes, dramáticas, muy personales y manieristas. Es el período de su creación que se ha calificado “Sturm und Drang” (“la crisis del romanticismo”), en el que compuso unas veinticinco sinfonías en las diversas tonalidades menores de las que, en orden cronológico, destacan la 39 en sol menor, la 49 en la menor, la 44 “Fúnebre”, la 52 en do menor, y la 45 “Los adioses”. Fue un momento de transición en el estilo del compositor que abandonó casi de improviso, dejándonos la incógnita de pensar que la historia de la música habría sido muy distinta si Haydn, “el padre de la sinfonía clásica” para Mozart y Beethoven, se hubiera adentrado en los caminos que algunas de estas sinfonías sugerían.

La sinfonía que hoy escucharemos está fechada en 1768 y es conocida como “La Pasión”, que es como se la denominó en las copias del siglo XIX, quizá porque fue escrita para la Semana Santa no porque así la calificara Haydn. Es una de sus obras más sombrías. Invierte el orden habitual de los dos primeros movimientos. El Adagio inicial tiene un comienzo misterioso y lejano, con cuatro notas (do, re bemol, si bemol, do) que se vuelven a encontrar, con variedades rítmicas y melódicas, en el inicio de los tres movimientos siguientes. El Allegro di molto comienza con una serie de grandes saltos interválicos, típicos de ese periodo creativo de Haydn. El Minuetto es desesperado, y en el final, Presto, la tensión no se reduce nunca.

Wolfgang Amadeus Mozart

(Salzburgo, 1756-Viena, 1791)

Sinfonía número 25 , en sol menor K. 183)

Estamos ante una de las sinfonías de Mozart en que más se percibe la influencia de Haydn y la aportación de los poetas y novelistas del “Storm und Drang” que ya comentamos en la trayectoria de Haydn al hablar de su sinfonía “La Pasión”. Mozart debió componerla en 1773, cuando apenas había alcanzado los dieciocho años de edad. Por eso se ha destacado la sorprendente madurez de esta obra, equivalente a lo que supuso su Quinto concierto para piano, y que significa un jalón en la evolución de la creación mozartiana. El musicólogo Michel Parouty dice de la Sinfonía número 25 que quizá “sería excesivo calificarla como una obra maestra pese a la fascinante belleza y a la ambigüedad de sus movimientos extremos. Pero no se pueden negar, sin embargo, además de su seguridad formal, sus aspectos premonitorios”.

Exultate, Jubilate (K. 165)

Estamos ante un motete religioso escrito en 1773, cuando Mozart contaba 17 años de edad, durante su visita a Milán y pensado para el castrato Venanzio Ruzzini, el favorito del salzburgués. “Exultate, Jubilate” (¡Regocijaos!, ¡Alegraos!) es una composición con las características de las arias operísticas de Mozart, donde requiere una gran técnica para la cantante que debe saltar de notas muy altas a muy bajas, y viceversa, así como desarrollar pasajes rápidos y floridos. Es una obra que han abordado todas las grandes sopranos de los últimos cien años hasta convertirla en una composición popular, tanto por el Allegro de su comienzo como por el “Aleluya” final, “molto allegro”.

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