Daniel Guzmán, del cine al punk: "Vamos a mostrar en Alicante lo que no se debe hacer sobre un escenario"
El actor se subirá a las tablas de la Sala Marearock este viernes 16 de enero, a partir de las 22 horas, para realizar un homenaje a La Polla Records con su grupo Presbicia

El director y actor Daniel Guzmán realizará un concierto en Alicante como homenaje a La Polla Records / INFORMACIÓN
Gran parte del público lo conoce como Roberto, el personaje que interpretó en Aquí no hay quien viva, pero su presencia en el mundo de la cultura va mucho más allá de aquel papel. Pocos saben que su primer contacto con el arte llegó pintando muros bajo el pseudónimo de Tifón en su barrio de Aluche, siempre con la intención de protestar contra aquello con lo que no estaba de acuerdo. Daniel Guzmán (Madrid, 1973) se ha convertido con el tiempo en una rara avis, afrontando su carrera como director y actor sin renunciar a su identidad personal y manteniendo una mirada crítica sobre la sociedad en la que vive.
Ganador de dos premios Goya, entre ellos el de Mejor Director Novel por su primer largometraje A cambio de nada (2015), ha desarrollado una trayectoria prolífica marcada por una clara vocación social. Esa misma mirada se percibe en su última película, La deuda, donde aborda el problema de la vivienda y la proliferación de los fondos de inversión. Una actitud abiertamente punk que le ha llevado también a subirse a los escenarios con Presbicia, su banda tributo a La Polla Records.
El grupo ofrecerá este viernes 16 de enero su tercer concierto, a partir de las 22 horas, en la Sala Marearock de Alicante, acompañado por Algazara, formación integrada por músicos de la provincia, entre ellos antiguos componentes de Mugroman, que rendirá homenaje a Reincidentes poniendo en valor las letras coreadas por Fernando Madina. La noche se completará con una after party en la que se celebrará la fiesta de presentación del festival Gazpatxo Rock de Ayora.
¿Cómo acaba Daniel Guzmán en un grupo tributo a La Polla Records?
Buena pregunta (ríe). Este proyecto, Presbicia, que nació hace unos dos años, es un homenaje humilde y respetuoso a La Polla Records y a Evaristo. Yo crecí con sus letras, desarrollé con ellas buena parte de mi pensamiento crítico durante la adolescencia. Era un grupo con el que tenía cierta afinidad ideológica y esto es una manera de devolverles todo lo que me dieron. Digamos que es una deuda emocional, casi literal, ahora que he hecho una película que se llama La deuda. Es puro agradecimiento.
¿Qué le une al punk como para subirse a un escenario en Alicante?
Si te digo la verdad, yo empecé a escuchar punk con 14 o 15 años y me ha acompañado toda la vida. El proyecto, como te he dicho, surge sin ninguna pretensión, solo para disfrutar y hacer disfrutar al público. Lo del concierto nació de forma espontánea tras una entrevista con Eh! Podcast. Y claro, lo peor de esta vida es ser esclavo de tu palabra (ríe), se mencionó la posibilidad en su programa y ahora tengo que cumplir. Vamos a enseñarle a la gente de Alicante lo que no se tiene que hacer sobre un escenario.

Daniel Guzmán, durante un concierto con su banda Presbicia / INFORMACIÓN
Las nuevas generaciones siguen teniendo a Evaristo y a La Polla Records como referentes. ¿Qué tienen de especial para convertirse en guías musicales de generaciones tan diversas?
Ocuparon un lugar esencial en la historia musical, social y política del país. Se dice que fueron visionarios, pero no porque predijeran el futuro, sino porque a día de hoy nada ha cambiado y sus letras siguen estando muy vigentes. Lo que denunciaban hace 30 años sigue pasando: el avance del fascismo, las oligarquías, los monopolios, el control de la prensa, del poder judicial, el papel de la iglesia… Todo es cíclico porque no ha cambiado realmente nada en las estructuras de poder.
Hace poco en Twitter hacía mención a la canción Johnny y su actualidad política. La canción habla de un militar estadounidense que bombardea y asesina a cambio de petróleo.
Totalmente. Esa canción hoy es la banda sonora de lo que está pasando con la invasión de Venezuela y el secuestro de un presidente. Es el ataque y la injerencia a la soberanía de un país saltándose el tratado internacional. Pero no solo eso, este imperialismo estadounidense siempre ha estado ahí. Nos estamos olvidando de Irak, de Afganistán, de la contra nicaragüense y de toda la desestabilización sistemática que han puesto en práctica en Latinoamérica para controlar geopolíticamente ese hemisferio. Crean guerras, destituyen a los gobiernos, se lucran con la venta de armas, se llevan sus riquezas y encima sus propias empresas reconstruyen lo que han destruido. Eso lleva pasando más de 60 años, pero ahora es más descarado con sus pretensiones sobre Cuba o Groenlandia.
"Nunca he tenido miedo a expresarme aunque me genere problemas laborales"
¿Ha tenido que llegar Donald Trump al poder para que se haga más explícito todo esto?
Es el delirio de un tipo que está en una investigación de pederastia, que ha matado a 80 personas en Venezuela para quedarse con el control del petróleo y que ha creado un grupo paramilitar que está matando a sus propios ciudadanos. Y han monopolizado el discurso a través de las redes sociales y la opinión pública. Que si hay una organización criminal y narcotraficante que se llama Los Soles, que no aparece por ningún lado... Que si hay un dictador que tiene sumido a su pueblo en una dictadura... Y hay gente que se acaba creyendo todo eso, hasta que la tierra es plana (ríe).
Se expresa políticamente con mucha libertad, algo que no es muy habitual entre los actores.
Nunca me he puesto de perfil ni he tenido miedo a perder trabajo por expresarme. Ejercer la libertad de expresión es un derecho democrático. ¿Que me genera problemas laborales? Puede ser, pero duermo tranquilo. Luego hay compañeros que quieren separar el actor de la persona. Yo respeto que hagan lo que quieran. Si ante una masacre como la de Gaza tú prefieres estar callado porque tienes miedo a perder tu trabajo, es lícito, pero yo no puedo dejar de expresarme aunque genere detractores o pierda trabajos.

Presbicia, en concierto, en una imagen cedida por Daniel Guzmán / INFORMACIÓN
El mundo artístico se engloba en industrias. Está la industria del cine, la de la música... En este contexto, ¿dónde queda el "yo"?
Buena pregunta. Yo creo que antes de subirte a un andamio, antes de poner una copa o antes de enseñar a un alumno algo, siempre está la persona. Sin la persona, no existe nada. Y pasa lo mismo en esta profesión, quizá soy un actor atípico: intento ser libre y no permito que la industria se imponga a la persona.
Su última película, La deuda, aborda temas como los fondos buitre o el problema de la vivienda. ¿Es su forma de ser punk en el cine?
Puede ser. Es cine a contracorriente. Parece que lo social hoy no tiene espacio, pero es algo que me acompaña y de lo que quiero hablar. No quiero dogmatizar, solo contar historias que me inquietan. La gentrificación es un problema real, está en nuestra vida, y quiero reflexionar sobre ello.
"Una película como 'La deuda' lo tiene muy complicado para conseguir un premio"
¿Se ha domesticado la rebeldía en el mundo del cine?
Puede ser. Lo cierto es que con La deuda quise ser muy ambicioso a nivel narrativo, mezclando género social con thriller. Una película que a nivel presupuestario es prácticamente imposible de hacer. De hecho, actualmente no podría levantar una película como esta. Y aunque conecta con el público y todas las críticas han sido muy buenas, el cine social, o por lo menos una película de estas características, lo tiene muy complicado a nivel de premios y exhibición.
¿Por qué cree que no ha tenido recorrido en los Goya?
Una película como esta lo tiene muy complicado por varios motivos. Una parte de la prensa especializada hace sus apuestas durante el año y las ha peleado hasta el final. Y los académicos y académicas no tienen el tiempo suficiente para verse en tan poco tiempo tantas películas. Tienen que ver unas 220 películas en apenas una o dos semanas. Por lo tanto, se suele votar lo que te da tiempo a ver y todo se mueve alrededor de las cinco o diez películas que más hayan sonado por taquilla o por los medios que las apoyan por diferentes motivos. Son las reglas del juego y hay que asumirlas. Otra cosa es si merece la pena jugar con estas reglas.
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