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Cristina de Middel: "He llevado a la agencia Magnum un poco de sentido del humor y menos rigidez"

La alicantina, que ha presidido durante tres años el tótem de la fotografía internacional, mantiene un encuentro con el público este jueves en el Instituto Gil-Albert

Entrevista con la fotógrafa alicantina Cristina de Middel

Alex Domínguez

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África Prado

África Prado

Valiente, directa y también vulnerable, la fotógrafa Cristina de Middel (Alicante, 1975) dejó en junio la presidencia de Magnum, la célebre agencia de fotógrafos fundada, entre otros, por Robert Capa, donde cree haber abierto puertas a otra forma de mirar y cuyo puesto comparten ahora tres personas mientras ella sigue haciendo fotos. Alérgica a la rutina, busca nuevas fórmulas -ahora barrunta un proyecto audiovisual-, lleva una minicámara siempre en el bolso y disfruta de no saber qué pasará. Este año prepara una exposición para mayo en el IVAM y este jueves, a las 18.30 horas, protagoniza el ciclo Enfoques del Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert.

¿En qué momento se encuentra?

Estoy en un momento de poda, poda vital, quitándome un montón de cosas que había ido acumulando, que era mucho y no podía elegir. He estado varios años dejándome llevar y diciendo que sí a todo hasta llegar a un punto donde no me gustaba mucho el ritmo y la vida que llevaba. Desde mediados del año pasado estoy podando y siendo un poco más selectiva, intentando viajar menos, intentando pasar más tiempo en casa, que desde 2018 es Brasil. Todo lo que estaba haciendo se ha ido cerrando y acabando justo a final de 2025. Y este año empiezo con todos los deberes hechos y con ganas de aprender más cosas, de no repetirme con fórmulas, probar otras cosas y ponerme también, creo, en una posición más vulnerable después de unos años en los que era el máster del universo y con mucho poder, que tampoco me interesa.

En un titular de entrevista decía que necesitaba apartarse un poco de la fotografía.

Sí, eso es una de las cosas. Noto que estoy, no repitiendo fórmulas, pero haciendo cosas que ya sé hacer, que no estoy aprendiendo mucho. Casi un poco como cuando salí del periódico -trabajó durante cinco años en INFORMACIÓN-, que veía que estaba haciendo la misma foto un día y otro. Supongo que son ciclos. En cuanto ves un poco de rutina, aunque sea una rutina fantástica y desde fuera se vea de una forma interesante, de viajes y todo eso, no deja de ser pasar el control de seguridad, sentarte, esperar, volar, pasar otro control de seguridad, llegar. Al final es rutina y lo que me apetecía era romperla y ver qué pasaba de nuevo.

Todo eso, ¿desde que ha dejado de ser presidenta de Magnum?

Creo que todo el proceso de ser presidenta lo ha acelerado todo. Es como si me hubiesen puesto todo a tope de intensidad y de volumen, un proceso que a lo mejor hubiese tardado diez años en llegar y que, por haber tenido que compaginar mi trabajo de fotógrafa con la gestión de Magnum, se ha acelerado y me he hartado antes. Ahora estoy muy bien, disfrutando mucho de no saber muy bien qué va a pasar (ríe).

Cristina de Middel, con su minicámara de fotos

Cristina de Middel, con su minicámara de fotos / ÁLEX DOMÍNGUEZ

Se alejó de la fotografía pero ya ha vuelto.

Sí, bueno, tampoco me he alejado tanto: tengo exposiciones, sigo haciendo fotos, lo único que no tengo es, por ejemplo, un gran proyecto fotográfico. Voy respondiendo en Magnum, sigo trabajando y hago las fotos que me piden. Pero dentro de mi trabajo personal, de lo que yo empiezo por mi cuenta -que es al final lo que más me define, creo yo, o me gusta pensar eso- no tengo un proyecto fotográfico, tengo más una película o piezas de vídeo, o viajes que no acaban en proyectos. Hacer cosas, no tanto hacer fotos.

¿Qué ha podido aportar a la agencia durante su presidencia en Magnum?

Es difícil de medir, porque la agencia está en un proceso de cambio continuo. Creo que aporto no solo cuando he sido presidenta, sino como fotógrafa, porque participo mucho de los debates, de dar mi opinión, y poco a poco vas empujando hacia una dirección que es a la que tú crees que tienen que ir las cosas. Igual he llevado un poco más de sentido del humor, un poquito menos de esa rigidez que, por lo menos, yo percibí al principio de entrar en la agencia. La gente creo que está un poco más relajada. Y creo que he contribuido a que se mejore, aunque sea un poco, el aspecto del negocio, porque había que resolver muchas cosas.

¿Cree haber ayudado a dibujar otra imagen de Magnum, que a veces se asocia a una agencia antigua en blanco y negro, de fotógrafos mayores?

Creo que sí, pero no he sido yo la que ha hecho eso, sino la propia agencia al elegirme a mí como presidenta. Eso también era una declaración de intenciones y era hacia donde ellos veían un futuro. No significa que en Magnum ahora todo el mundo vaya a empezar a hacer Afronautas [su trabajo más conocido] ni mucho menos, pero sí un reconocimiento a otra manera de hacer fotos y de quitar ese peso, menos rigidez, ser un poco más fluido, estar abierto a otras cosas, que es al fin y al cabo el principio del cambio.

Presidir Magnum me ha bajado los humos muchísimo y he aprendido a escuchar, sobre todo, y a pensar en colectivo, porque yo siempre había ido un poco sola con mi corcel por la pradera y de repente iba con un autobús

¿Y qué ha aprendido usted?

Pues a manejar tablas Excel, a hacer números, balances, a saber qué es el Ebitda (ríe), un término financiero. He aprendido mucho de leyes laborales, de derechos laborales; a escuchar y a no saltar a la primera, a darle la razón a la gente un poco, aunque no la tengan del todo… A mí me ha bajado los humos muchísimo y he aprendido a escuchar, sobre todo, y a pensar en colectivo, porque yo siempre había ido un poco sola con mi corcel por la pradera y de repente iba con un autobús. He aprendido a comunicar mejor con las personas y a hacerme entender mejor porque, dentro de todos los conflictos que puede haber en Magnum, los hay fotográficos, generacionales, pero hay también muchos culturales. Es una agencia muy anglosajona en la que las cosas, dichas así, directas, como que no. He aprendido a mitigar eso un poco y creo que ellos han aprendido también a que no hay que tomar las cosas de forma literal.

Dejó el fotoperiodismo para ver la realidad de otra manera y en Magnum ha vuelto a la fotografía-documento.

Magnum, claro, es una agencia de fotografía documental, pero en un momento en que la fotografía documental no es suficiente para explicar todo lo que está pasando. Yo no he salido nunca de la fotografía documental, lo que ha cambiado es la percepción y las fronteras que en un momento se marcaron y que ahora están en otro sitio. Yo me fui de INFORMACIÓN a finales de 2010, han pasado quince años, y cuando me fui nada hacía pensar que el presidente de Estados Unidos iba a estar publicando en una red social suya una foto de él con la bandera de Estados Unidos encima de Groenlandia. Y esas son las noticias hoy, ¿cómo documentas eso? Yo necesitaba que esas fronteras se expandiesen, me fui a buscarlas a otro lado y Magnum también, igual que todas las agencias, igual que tú como periodista ya no trabajas igual que hace años. Nunca me fui de la fotografía documental. Mis proyectos no son sobre mi abuela o sobre cómo me siento; son sobre migración, prostitución... solo que el lenguaje que utilizo se ha tomado las libertades que en un periódico no cabían.

El fotoperiodismo tiene ahora una función muchísimo más importante de la que tenía antes. Si no se documenta lo que está pasando en Minnesota, en Venezuela, es muy posible que esa verdad se manipule en el futuro

Dos ejemplos que ha visto desde otro punto de vista: el migrante heroico (Journey to the center) o el cliente que va a los prostíbulos (Gentlemen's Club). ¿Cómo documentaría un año de mandato de Trump en EE UU?

Creo que aún es pronto. En mi trabajo casi siempre hay un ejercicio de opinión, y aún no estoy opinando porque estoy flipando, porque cada día la noticia que sale es más sorprendente que la anterior y algo que era una idea absurda que lanzaba como un órdago, de repente se convierte en una realidad inevitable. No da tiempo a analizar ni a medir las consecuencias de nada, y dar una opinión ahora a lo mejor suena ridícula dentro de 24 horas. Ahora mismo lo que hay que hacer es documentar los hechos, lo que está pasando, para que no se olvide, porque es muy importante, y el fotoperiodismo tiene ahora, irónicamente, una función muchísimo más importante de la que tenía antes. Es decir, si no se está documentando lo que está pasando en Minnesota, lo que pasa en la frontera, lo que está pasando en Venezuela, lo que va a pasar en Groenlandia, es muy posible que esa verdad se manipule en el futuro. Y si no hay una imagen verdadera que lo documente, desaparecerá.

La fotógrafa alicantina posa para la entrevista

La fotógrafa alicantina posa para la entrevista / ALEX DOMÍNGUEZ

¿Y la IA es una amenaza seria?

Creo que sí. Es una amenaza si la sociedad no se pone al día y no empieza a ser un poco más perspicaz y un poco más crítica con las imágenes que consume. En sí no es esencialmente mala, pues lo mismo te diseña el interior de tu casa, eso está fantástico, ayuda en un montón de cosas, pero puede ser utilizada de manera muy perjudicial y muy peligrosa. El problema no es tanto la IA, el problema es que no estamos preparados para ella y ahí hay mucho trabajo que hacer desde los gobiernos del mundo, las escuelas, las familias, para que si tú tienes una madre de 80 años que se cree todo lo que ve, explicarle que no, que tiene que consultar, que no se crea esto, que se forme su opinión, un trabajo de todo el mundo para dejar de ser ingenuos con respecto a la imagen. La herramienta va a crecer al ritmo que le dé la gana y que decidan los millonarios. Lo único que podemos hacer nosotros es estar al día y estar al loro.

La IA es una amenaza si la sociedad no se pone al día y no empieza a ser un poco más perspicaz y más crítica con las imágenes que consume

Ahora que dice que la IA puede diseñar su casa como en un reel, cuando ve Instagram, ¿con qué imágenes se queda enganchada?

Depende de la semana. Por ejemplo, cuando estaba con Magnum, necesitaba cosas muy tontas porque era todo muy serio, y de repente me empezaron a salir muchísimo las Kardashian, era muy peligroso eso (ríe). Pero me parecían tan horribles y tan pavas que me masajeaba la cabeza con respecto a la realidad que yo estaba viviendo, que era muy seria y muy rígida. Era como cuando te pones una novela para no pensar y para mí las Kardashian era no pensar. Ahora ya no las veo tanto, me salen de vez en cuando y paso de ellas; no las necesito. Ahora me sale mucho de música clásica y de cine, porque es donde estoy poniendo la atención, y estoy muy feliz de haber pasado de las Kardashian al cine independiente húngaro (ríe).

Ha muerto Martin Parr, uno de los primeros que se fijó en su forma de fotografiar...

Me afectó muchísimo más de lo que yo pensaba porque era una persona que siempre ha estado ahí, siempre ha sido un apoyo. No hablaba mucho, pero siempre que hablaba, claro, tenía un peso, y siempre ha sido muy... Me ha apoyado muchísimo y me ha ayudado mucho en la época de la presidencia. Me afectó y le echo de menos.

¿Quién preside ahora Magnum?

Ahora mismo hay tres personas haciendo de presidente porque era demasiado. Una de las cosas que dije cuando salí era que no se podía pedir eso a una persona, sobre todo una persona que tiene su carrera ahí, que tiene que trabajar, aparte de eso. Es mejor también porque cuando hay que hacer cambios y se personifica en un líder, es muy fácil entrar en lo personal. El mismo nivel político que tenemos ahora mismo en el mundo, lo puedes encontrar en Magnum. Y hay bulos, hay fake news, hay gente que puede ser muy hiriente y muy destructiva y no considero que sea justo. Propuse que fuesen tres personas: una que se encargase de finanzas, otra de negocios, de buscar clientes y de la operación de la agencia, y otra que se encargase de las relaciones con los fotógrafos. Y así está.

Pues menudo cambio...

Es que si no... (ríe) Y luego cuesta mucho encontrar un presidente porque nadie quiere que lo tiren al volcán. Sobre todo porque somos fotógrafos. Yo no había abierto una tabla Excel en mi vida y de repente estás ahí... Es un salto demasiado grande y es mejor hacerlo en compañía.

Cristina de Middel, en la plaza de los Luceros de Alicante

Cristina de Middel, en la plaza de los Luceros de Alicante / ALEX DOMÍNGUEZ

¿Llegó a pensar qué hacía alli, en ese cargo de presidenta?

Cada día, por la mañana y por la noche, claro. Por un lado, aprendes. ¿Lo volvería a hacer? Seguramente sí, más preparada. Pero estaba totalmente en un sitio que no quería estar. Es como si de repente te toca cruzar una selva amazónica y dices "tengo que ir al otro lado y voy a mirar los árboles y voy a aprender de insectos", pero yo ahí no quería estar, prefiero estar en otro sitio. Pero he aprendido cosas que si no hubiese estado en esa posición, jamás en la vida hubiese aprendido. Y también me hizo reflexionar muchísimo sobre el poder, sobre cómo la gente te trata diferente, cómo te buscan de manera diferente, gente que de repente cambió totalmente por ser la presidenta de Magnum, y yo soy la misma persona.

Ha estado rodeada de la élite de la fotografía, pero también tiene muchos amigos fotógrafos mondos y lirondos. ¿La fotografía es básicamente una vocación?

La fotografía es algo que tienes que hacer porque te gusta, es una cosa que has elegido tú. Muy pocas veces dices "voy a tener que ser fotógrafo". Casi siempre lo eliges tú y casi siempre te cuesta mucho llegar a poder vivir de ella, con lo cual es algo que tienes que conservar y encontrar tu manera hacerlo, porque es muy difícil. No lo llamaría hobby, pero no hay que olvidar que lo haces porque te gusta, y si consigues proteger eso, es más fácil.

Su fotografía lanza preguntas. ¿Ha encontrado respuestas alguna vez?

No, he encontrado más preguntas. Quizá sí respondo una, pero se presentan tres preguntas más. Pero eso pasa con cualquier medio de expresión, con la vida en general. Intentar definir lo que sabes seguro que no va a cambiar nunca con una cámara es igual de ridículo que intentar hacerlo sin una cámara.

¿En qué está trabajando?

En un proyecto de bebés abandonados. Voy buscando madres que acaban de tener bebés y les hago una foto, sin madre y sin nada. Y luego tengo un proyecto que me está costando muchísimo de peli, más documental, como lo que hago en foto pero en vídeo, sobre mujeres gigantes. Es con una mujer gigante que vive en Brasil, que mide dos metros diez, y es una fábula sobre las mujeres que ocupan demasiado espacio. Lo que pasa es que la chica no me entiende, no entiende la metáfora, y necesito estar más tiempo con ella, tenemos que conectar bien y aún no hemos conectado. Pero bueno, es algo que necesito trabajarlo, irme allí al Amazonas, hablar con ella, que me conozca bien y ver si hay magia, porque si no la hay, si no conectamos, no hay proyecto ni hay nada. Y no pasa nada.

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