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Marina Paredes: brujería y ritualidad convertida en folk

La cantautora de La Vila Joiosa publica Años luz, el quinto adelanto de su primer trabajo discográfico, que saldrá al mercado el próximo 10 de abril

La cantautora Marina Paredes presenta su último sencillo, Años luz

La cantautora Marina Paredes presenta su último sencillo, Años luz / Rafa Arjones

Juan Fernández

Juan Fernández

Ficha técnica

Artista: Marina Paredes

Procedencia: La Vila Joiosa

Discos: Para nacer (2026)

Año de comienzo: 2020

Tradición, ritualidad y atmósfera. Son los tres ejes sobre los que se fundamenta el sonido de las brujas: un imaginario sonoro cimentado por una corriente popular que construyó la figura de la "bruja" para simbolizar el miedo, la misoginia y la necesidad de control por parte de las estructuras de poder masculinas. Sin embargo, esa misma imagen ha llevado a artistas internacionales de la talla de Björk, Loreena McKennitt o Stevie Nicks a incorporar elementos de esta estética como símbolo de poder. Un folk particular que ahora suma una nueva integrante a sus filas: Marina Paredes.

La cantautora de La Vila Joiosa irrumpe en la escena musical con canciones marcadas por atmósferas envolventes que hablan más allá de la música. Todo ello, con una vulnerabilidad latente que plasma la esencia de su propuesta. "Para mí, la música es alquimia: te permite transformar lo que hay dentro de ti en algo para los demás. Tiene algo medicinal, incluso físico", explica la joven cantante. "Yo me siento diferente después de cantar y también después de escuchar una canción que me atraviesa. Crear y consumir cultura es, de alguna manera, sanador".

Su sonoridad remite al folk celta y algo de ello se debe, en parte, a una estancia en Edimburgo que le permitió abrir la mente a un mar de posibilidades musicales. Atraída por esa magia de los bosques, fue en Escocia donde comenzó a tocar la guitarra de manera autodidacta y a participar en micros abiertos locales, una experiencia que la acercó definitivamente al folk que hoy atraviesa sus creaciones.

"Habito mundos oníricos y mágicos, pero desde la crudeza. El folk tiene esa honestidad de la tierra, y yo intento unir esa raíz con la poesía de la canción de autor y con una mirada hacia un futuro posible. Es una mezcla entre lo antiguo y lo imaginario", subraya la vilera. Musicalmente, su sonido integra referencias del folclore ibérico y latinoamericano, el folk, la canción popular y la electrónica, combinadas con libertad y sin encasillarse. Todo ello, marcado por una voz expresiva que se erige como uno de los rasgos más destacados de su identidad musical.

Marina Paredes durante una sesión de fotos en la sede de INFORMACIÓN

Marina Paredes durante una sesión de fotos en la sede de INFORMACIÓN / Rafa Arjones

Su música huye de los estándares del mainstream, que a menudo penaliza la experimentación y exige canciones que se afiancen rápidamente en los códigos actuales. De este modo, refleja una necesidad que va más allá de los números y parte de la convicción de que, si algo la conmueve profundamente, habrá otras personas con inquietudes similares. "Creo que si algo me mueve por dentro, habrá alguien fuera a quien también le mueva. Es cierto que vivir de la música implica retos económicos, pero me da esperanza ver artistas que no son mainstream a los que les va bien, aunque no llenen grandes recintos. Que puedan hacer giras por pueblos y conectar con el público ya es valioso". Entre sus influencias se encuentran mujeres como Rita Payés, Silvia Pérez Cruz o Mar Pujol, compositoras que han impuesto su ley sin plegarse a las tendencias dominantes y en cuya trayectoria encuentra un modelo para afianzar su carrera.

Nuevos caminos

En lo que respecta a la industria musical, todo resulta más complejo cuando se está al margen de los círculos de poder. Para evitar añadir un nuevo handicap a su trayectoria, buscó oportunidades en la selva madrileña, tratando de aprovechar cada ocasión que se cruzaba en su camino. Esa vida acelerada de la capital puede diferir de la templanza de La Vila Joiosa y de los bosques escoceses, pero ha logrado adaptarse a una nueva etapa en su vida sin perder lo aprendido.

Marina Paredes ríe durante la sesión de fotos realizada para INFORMACIÓN

Marina Paredes ríe durante la sesión de fotos realizada para INFORMACIÓN / Rafa Arjones

"Es verdad que desde un pueblo cuesta más hacer contactos, pero también me ha dado una sensibilidad y una manera de mirar el mundo que quizá no habría tenido en una ciudad. He estado muy cerca de la naturaleza desde pequeña y es una de mis grandes inspiraciones. Irme no fue difícil porque tenía mucha curiosidad. Me fui a Edimburgo a estudiar con muchas ganas de conocer otras culturas. Después, Madrid también respondió a esa necesidad de explorar. Ahora sí echo de menos el mar, la naturaleza y un ritmo de vida menos acelerado, pero cada lugar tiene sus dos caras".

Con esa mirada, afronta su primer lanzamiento discográfico, Para nacer, que verá la luz el 10 de abril. Hasta entonces, el público puede adentrarse en su universo sonoro a través de los primeros sencillos de adelanto, entre ellos el reciente Años luz, producido por Gabriel Vidanauta. Una canción libre de etiquetas revestida con un neofolk contemporáneo intimista y emocional. "Este álbum se ha ido gestando durante dos años. Es un viaje sobre muertes y renaceres personales y colectivos. Habla de esperanza y de que no somos nada sin los demás", sintetiza.

Será presentado en su localidad natal el mismo día del lanzamiento con una obra-concierto, una idea concebida desde el inicio para unir sus dos pasiones: la música y la interpretación. "Me gusta combinar mi faceta de cantautora con la de actriz. Ahora mismo participo en Remienda, con La Chivata Teatro, un proyecto de mediación con mujeres que han trabajado en oficios no reconocidos", explica.

Este colectivo, especializado en procesos de mediación cultural y artística para la creación de nuevas dramaturgias, participará en una presentación que aspira a ser diferente a las habituales. Porque en esa búsqueda de apoyo colectivo y sororidad hay algo brujeril que se sobrepone a todo ello. Y ahí, precisamente, encaja la intención última de su música. Un punto de conexión con su público, de cobijo y de alquimia, posible gracias al poder natural de la música.

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