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Entrevista

Pablo Álvarez, ganador del Premio Azorín 2026: "Si alguien quiere definir esta novela como 'woke', que lo haga"

El editor madrileño gana el Premio Azorín de Novela 2026 con La necesidad de amar, una historia que aborda los tabúes sociales en torno al sida a finales de los años ochenta

Pablo Álvarez, ganador del Premio Azorín de Novela 2026, con el galardón.

Pablo Álvarez gana el Premio Azorín 2026 / Pilar Cortés

Juan Fernández

Juan Fernández

Un personaje viaja a Roma a finales de los años 80 para escribir sobre Beatrice Cenci. Sin embargo, es en la capital italiana donde el protagonista descubre su sexualidad a través de un triángulo amoroso, en una época marcada por el sida. Estos son los ingredientes de La necesidad de amar, la obra con la que el editor y agente literario Pablo Álvarez ha ganado el Premio Azorín de Novela 2026, organizado por el Grupo Planeta y dotado con 45.000 euros. Una historia que, en palabras de Luz Gabás, "invita a la reflexión de una forma valiente y atrevida".

Ha pasado un día desde que se alzara con el Premio Azorín. ¿Cómo se siente?

La verdad es que fue una noche mágica. Llevo toda mi vida trabajando con autores, defendiendo los libros de otros, pero resulta que cuando tengo que defender el mío siento mucho pudor. Estoy muy contento con el premio y ahora deseo que los lectores y las lectoras puedan sentir esta historia tanto como yo.

¿Siente inseguridad al defender su libro?

Muchísima inseguridad. Es muy difícil editarse a uno mismo, resulta mucho más fácil criticar las obras de otros. A lo largo de este trayecto he escrito obras de teatro, guiones, reportajes para medios… pero nunca me había atrevido con la novela por sentirme un impostor. Me preocupaba lo que pudiera decir la prensa o el sector editorial. Sin embargo, siempre tuve muchas ganas de publicar un libro y llevaba casi diez años escribiendo esta novela. Finalmente me he decidido a publicarla ahora que he madurado y soy capaz de afrontar todas estas inseguridades.

Con La necesidad de amar, los lectores van a poder conocer su manera de escribir. ¿Por qué cree que esta obra es la indicada para representar su voz dentro del mundo de la literatura?

Porque es un tipo de novela que a mí me gusta mucho: la novela de sentimientos y el drama dentro de la belleza. Es una historia de amor muy distinta al resto, un triángulo amoroso donde no prima el morbo, sino la relación del joven protagonista con una pareja. Tengo de referentes novelas como Tan poca vida o La soledad de los números primos, así que ya se puede ver el tipo de novela que a mí me gusta.

Siempre se ha dicho que la literatura es reflejo del autor que la escribe. ¿Qué tiene esta novela de usted?

Tiene muchísimo, la verdad, tanto el personaje como la historia. La época, finales de los 80 y principios de los 90, es una etapa que yo también viví con veintipico años. Fue un periodo de gran esplendor, pero que sufrió un golpe muy duro con la aparición del sida, un elemento que ocupa un papel importante en la novela.

Pablo Álvarez posa con el galardón tras la gala del Premio Azorín de Novela

Pablo Álvarez posa con el galardón tras la gala del Premio Azorín de Novela / PILAR CORTES

Luz Gabás definió su obra como "valiente y atrevida", y destacó especialmente su primera frase, admitiendo que es "una de esas primeras frases que todo escritor desea escribir algún día". ¿Cómo valora ese elogio?

Estoy muy agradecido a Luz Gabás por sus palabras. Que te digan cosas así da mucho ánimo y es cierto que está entusiasmada con la novela. El jueves por la noche me lo dijo 40 veces. Y yo, como editor, sé la importancia que tienen estas cosas y quería hacer una primera frase que por lo menos a mí me dejara satisfecho. Me llamó la atención que Luz también lo viera así. La novela arranca así: "Cuando tienes 20 años, nada malo te debería ocurrir"... Y ahí se abre un melón enorme de cosas que van a ocurrir.

La novela parte del recuerdo de una noble italiana, Beatrice Cenci, desconocida para el gran público. ¿Cómo dio con ella?

Viajé hace un tiempo a Roma a dar una charla a los jóvenes que estaban allí becados, y en la iglesia de la Real Academia de España, que es un convento franciscano, vi que en el altar mayor está enterrada Beatrice Cenci. Pregunté quién era y me comentaron que fue una heroína italiana que tuvo una historia muy dura. Eso me quedó dentro y empecé a indagar sobre esta mujer. Es verdad que hay un vacío histórico muy grande y muchas veces contradictorio, pero fue la musa de escritores románticos como Artaud o Dumas. De alguna manera, yo hice lo mismo que mi personaje y busqué por Roma documentación acerca de esta enigmática mujer que fue mandada ajusticiar por el papa del momento y el pueblo de Roma respondió saliendo a las calles y convirtiéndola en una heroína.

Pablo Álvarez, en el escenario del Auditorio Provincial de Alicante, con el Premio Azorín

Pablo Álvarez, en el escenario del Auditorio Provincial de Alicante, con el Premio Azorín / PILAR CORTES

También eligió como seudónimo el nombre de Guido Reni, un pintor de la escuela boloñesa.

Precisamente a Guido Reni es a quien se le atribuye el único retrato que hay de Beatrice Cenci. Pero en la novela, a través del personaje de Viola, se explica que eso no es verdad, que en realidad ese retrato lo pintó una discípula suya. Pero como en aquel momento no se daba valor a las mujeres, se le atribuyó al maestro.

En la novela también hay un viaje iniciático del protagonista, que descubre su sexualidad. ¿Por qué cree que es importante hablar de estos temas actualmente?

Porque es un tema que no se ha explorado demasiado en los libros, y mucho menos la bisexualidad. También porque en ese momento en el que te lanzas al mundo, la sexualidad tiene mucho que ver con cómo nos definimos dentro de él. Hoy en día hay más representación de todo esto, pero en la novela se ven los tabúes sociales que lo rodeaban. Además, hablar del sida tiene la intención de que las nuevas generaciones también sepan cómo vivimos aquello. La situación social a finales de los 80 hizo que mucha gente limitara su sexualidad por miedo al contagio. Yo mismo me coarté de alguna manera en un momento en el que, precisamente, los jóvenes buscan conocerse y abrirse a nivel sexual.

Últimamente, las expresiones artísticas que ponen el foco en cuestiones sociales como la sexualidad reciben el término despectivo "woke". ¿Teme que puedan etiquetar su novela de esa manera?

No, para nada. Si alguien quiere definirla así, que lo haga. Yo creo que son temas de los que todavía hay que hablar y por eso también decidí tomar este camino. También hay una cierta militancia, evidentemente. Y tener un altavoz como este sirve para normalizar, no para poner etiquetas.

Habiendo trabajado con muchísimos autores. ¿Qué ha aprendido de todos ellos?

A ellos y a ellas les debo el escritor que soy. A lo largo de todos estos años he aprendido muchísimo trabajando con grandes profesionales. Y no solo por trabajar con ellos, sino también por poder pedirles consejo. La autora con la que más he compartido estas inquietudes es Alice Kellen. Con ella he hablado mucho sobre estas cuestiones y sobre otras relacionadas con el arte y la creación, porque es una mujer muy interesada en todos estos temas. Coincidimos en muchas cosas y nos apoyamos mutuamente.

Su primera novela sale con el sello del Premio Azorín. De alguna manera, su vida queda conectada con Alicante.

Totalmente. Nunca se me va a olvidar la noche de la gala ni estos días en Alicante. Tampoco esta entrevista contigo. Me da tranquilidad hablar con vosotros y ver que hay interés por la novela y por los temas que trata. Ahora toca esperar al 8 de abril para que La necesidad de amar llegue a la gente.

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