Entrevista | Mario Vilau NOVILLERO
"Mi horizonte taurino sólo mira a la Feria de Fallas"
Con 19 años recién cumplidos, el catalán Mario Vilau ya se ha convertido en el novillero del momento. Sus triunfos en el circuito valenciano y en la Liga Nacional de Novilladas así lo acreditan. Ahora se enfrenta a su prueba más dura: la Feria de Fallas, donde toreará esta tarde

El novillero Mario Vilau tras proclamarse triunfador del segundo Circuito Valenciano de Novilladas / Antonio Vigueras
Mario Vilau es un joven que habla poco o, mejor dicho, habla lo justo. Su aspecto es el de un adolescente serio, tímido y, al mismo tiempo, seguro de sí mismo, toda una contradicción que puede llegar a equivocar a sus rivales en el ruedo. Vilau es un torero barcelonés que comparte nombre de pila con otro grande de los ruedos catalanes, como fue el recordado Mario Cabré, figura que respeta y valora como uno de los grandes toreros catalanes. En Villena, en la Final del Circuito Valenciano de Novilladas, logró cortar cuatro orejas y sufrió también una tremenda voltereta que le dejó conmocionado en buena parte de la lidia, aunque nadie lo notó. Lo hizo en una de las tardes más reñidas y con más competencia de los últimos tiempos, de la que se alzó como vencedor. Más tarde llegó el triunfo en la Liga Nacional de Novilladas y, a partir de ese momento, su vida cambió para siempre. Hoy se enfrenta a su prueba más difícil en la Feria de Fallas, donde está anunciado como uno de los novilleros del momento.
¿Ha asimilado ya sus dos grandes triunfos?
Pues estoy en ello. La verdad es que estoy muy contento, porque han sido dos certámenes muy reñidos, especialmente el valenciano, y creo que el nivel ha sido muy alto. Pero eso ya es historia y ahora toca mirar hacia adelante.
Hoy tiene cita en la Feria de Fallas.
Mi horizonte taurino sólo mira a la Feria de Fallas. Es la cita más importante que tengo y necesito aprovecharla al máximo. Tengo que ser triunfador sí o sí.
¿No es esa una presión excesiva?
Pudiera ser, pero es la realidad. Si vengo de triunfar en la Liga Nacional de Novilladas y de ser el ganador del Circuito Valenciano estoy obligado a mantener ese nivel en Valencia también, no hay más.
Hablando del Circuito Valenciano, supongo que no debe haber sido un circuito sencillo para los toreros...
Nada sencillo. Había que apretar todos los días. Yo tenía la sensación de que si te relajabas se te iba el tren. Pero la final fue especialmente dura porque los tres creo que salimos a matar o morir. Cada uno con sus armas y con su concepto, pero todos íbamos a por todas. Fíjate cómo fue de intenso que las espadas entraron todas y eso no se suele ver en las novilladas. Eso quiere decir que cuando te tiras de verdad, la espada entra. Pero también quiero agradecer a quienes han estado detrás como es el caso de Pilar Tébar, la exsecretaria autonómica de Cultura. Gracias a ella este circuito es una realidad al igual que a la Fundación Toro de Lidia.
Usted es un novillero catalán de Barcelona, ¿supone esta victoria un doble premio, por aquello de vivir en tierra hostil?
Pues supongo que sí. Que un novillero catalán gane el circuito valenciano demuestra que hay algo de esperanza en mi tierra a nivel taurino, aunque sea poquito a poco. La sensación que tengo es que mi victoria ha devuelto la ilusión a los aficionados catalanes.
Viene de una familia que no es taurina. De hecho, me cuentan que al principio se oponían a sus ganas de ser torero…
Pues sí, mi caso es uno de esos en los que el torero no viene del seno de una familia de tradición taurina. Al principio fue más duro, tenía que ocultar en mi casa que me iba a entrenar con muleta y capote y decía que iba a jugar con el equipo de fútbol. Más tarde no lo pude ocultar más y se lo dije a mis padres. Ahora me apoyan, aunque me han puesto como condición que no deje los estudios, pero están conmigo.
Quien también está con usted día y noche es su apoderado, el matador de toros catalán Enrique Guillén…
Él es indispensable. Fue quien confió en mí desde el principio y también quien más me exige. Enrique sabe cómo hablarle a un torero en cada momento, porque él es también torero y eso no todo el mundo lo sabe hacer. Pero por otra parte me aprieta hasta el límite y no perdona un traspiés. Enrique es el director de la escuela de Cataluña, que está ubicada en Hospitalet de Llobregat, de donde yo soy, y sufre y lucha conmigo como si fuéramos uno.
¿Qué es lo que más le preocupa ahora mismo?
Que esta buena racha no pare. Me gustaría seguir toreando, cumpliendo mis sueños y demostrar, poco a poco, que estoy aquí para ser alguien importante en esta profesión. No me importa el sacrificio si la meta es la de ser figura del toreo. Y si eso se produjera, siendo catalán, la alegría sería doble. Así que, en ese camino estoy. Mi objetivo ahora es Valencia.
Y de Barcelona, de su plaza monumental, ¿qué me puede decir?
Pues mira, yo por mi edad nunca he visto toros en la plaza de mi ciudad y la ilusión más grande sería volver a verla abierta. Sé que es casi imposible pero no pierdo la esperanza. Todo lo que he visto ha sido por vídeos o por lo que me cuenta mi apoderado, el matador de toros Enrique Guillén, yo soy de esa generación de jóvenes que no sabe lo que es ver toros en Barcelona, ojalá algún día eso cambie. La esperanza no la pierdo.
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