Tenía 87 años
Fallece el peruano Bryce Echenique, una figura de la literatura latinoamericana
Su consagración llegó en 1970 con Un mundo para Julius, momento en que se convirtió en una de las referencias de la generación posterior al llamado boom latinoamericano

Archivo - L'escriptor peruà Alfredo Bryce Echenique / Europa Press/Contacto/El Comercio - Archivo

Alfredo Bryce Echenique, uno de los grandes escritores peruanos de la segunda mitad del silgo XX, referente de la camada posterior al llamado boom de la literatura latinoamericana, falleció este martes a los 87 años. "Su obra, que abarca novela, cuento, ensayo y memorias, dejó una huella significativa en varias generaciones de lectores", dijo la Casa de la Literatura Peruana en su necrológica.
Había nacido en 1939. En 1968 recibió una distinción de Casa de las Américas con su primer libro de cuentos, Huerto Deshonrado. A los 31 años obtuvo un resonante reconocimiento a partir de Un mundo para Julius, una radiografía de los sectores más acomodados de su país. En su libro de memorias, Permiso para vivir, recordó que sus amigos Mario Vargas Llosa y Julio Ramón Ribeyro presentaron la novela a los premios de fomento a la cultura Ricardo Palma, y ahí comenzó su notoriedad. La obra retrata la cotidianeidad de la élite limeña a través de los ojos de un niño sagaz. Bryce Echenique estima que cree que el libro fue aprovechado políticamente por el Gobierno del general Juan Velasco Alvarado, quien estaba enfrentado con los hombres más ricos del país andino.
Bryce Echenique se distinguió por el sentido de la ironía y la capacidad para auscultar las tensiones y contradicciones sociales y personales en Perú. Le otorgaron el Premio Nacional de Literatura en 1972. También ganó el Premio Nacional de Narrativa de España en 1998 y el Premio Planeta en 2002 con El huerto de mi amada.
Fue también elogiado por las novelas Tantas veces Pedro (1977), La vida exagerada de Martín Romaña (1981), El hombre que hablaba de Octavia de Cádiz (1985) y No me esperen en abril, (1995), entre otras.
Vivió en París y Barcelona, siguiendo la huella de Vargas Llosa. No solo la notoriedad literaria le otorgó visibilidad. En 2009 fue acusado de haber plagiado varios artículos periodísticos en Perú y España. Tuvo que pagar una multa de unos 53. 000.
Tres años más tarde publicó su última novela, Dándole pena a la tristeza. En 2012 también el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.
"Siempre he considerado que mi vida podía tomarse como una aventura", dijo al diario limeño El Comercio. Se consideraba un hombre de izquierdas, y por eso chocó con la aventura política de su amigo Vargas Llosa, en 1990.
"Me gustaría que me incineren y me echen al mar de La Punta. He pasado momentos de creación extraordinarios, aislado del mundo, escribiendo. Apenas salía a bañarme al mar en la mañana y me encerraba a escribir", dijo años atrás. La Casa de la Literatura Peruana se propone respetar ese último deseo.
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