Borja Navarro, escritor: "Me cuesta mucho comprometerme con la cultura, necesito obras que me sorprendan"
El escritor valenciano, afincado en Alicante, retrata la España esotérica de finales de siglo en Perros de caza, su última novela, inspirada en el exorcismo de Almansa en los años noventa, que Jaibo Films quiere llevar al cine

Entrevista con el escritor Borja Navarro / Jose Navarro
La nueva voz de una literatura diferente, que no pone el foco en el final sino en la digresión del texto. En Perros de caza (Malas Tierras, 2026), el escritor valenciano Borja Navarro, afincado en Alicante, construye una mirada literaria sobre Almansa que trasciende el mero retrato local para adentrarse en los pliegues más complejos de la memoria y la identidad del territorio. Con una estructura que dialoga entre pasado y presente, la novela articula un díptico narrativo que conecta el impacto de un suceso real, como fue el exorcismo que sacudió a la localidad en los años noventa, con el regreso contemporáneo de una mujer a un entorno marcado por la crisis y la transformación. En ese cruce de tiempos y experiencias, emerge un relato de atmósfera densa, casi en clave wéstern, que encuentra en imágenes como la de un pantano corrompido o el misticismo de un pueblo una potente metáfora de degradación, memoria y arraigo. Y ahora, además, podría dar el salto al mundo del cine de la mano de Jaibo Films.
La novela se ha definido como una especie de crónica wéstern de una España esotérica. ¿Qué queda de esa España de los años noventa en la actualidad?
El libro, evidentemente, se tiene que etiquetar de alguna forma. He partido de un caso real, como fue el exorcismo de Almansa, para dar forma a una historia cuidada. Estilísticamente, he sido mucho más consciente que en trabajos anteriores. En Perros de caza hay una intención clara de que el lenguaje esté muy presente, que transmita y se sienta. La parte del exorcismo, por ejemplo, la he escrito con un tono seco y asfixiante. De alguna manera, he intentado traducir la sensación que me produce Almansa en un estilo literario. Es un lugar familiar, pero también tiene algo terrorífico. La crisis del calzado está muy presente en la zona, y también una cultura esotérica que viene de lejos. Tiene sus raíces en migraciones del sur de Francia en el siglo XVIII, con especial presencia en zonas como Villena. Esa cultura sigue viva hoy en gente real, y no desde la ironía, sino como algo que les ayuda emocionalmente. El libro no juzga, simplemente retrata. El exorcismo de los noventa marcó mucho al pueblo porque generó estigmatización, pero esas prácticas siguen formando parte de una cultura heredada.
¿Qué une a Almansa con los perros de caza?
Hay dos grandes símbolos en el libro: el agua y los perros de caza. El agua está presente desde el pantano hasta una especie de imaginario energético. Y los perros de caza representan un arco narrativo concreto. A mí, personalmente, me afecta ver cómo viven esos perros, cómo se les instrumentaliza, me resulta violento. El libro adopta esa estructura vital de nacimiento, pertenencia a la manada, caza, traslado y abandono. De alguna forma, Almansa está en esa última fase, como esos perros que vagan sin saber muy bien qué han hecho ni por qué, con una sensación de abandono.
Si miramos el mundo desde la aridez de su escritura, ¿qué tiene de literario el exorcismo que ocurrió en los años noventa?
Yo no me acerco al exorcismo con la intención propiamente dicha de escribir sobre un exorcismo. Escribo sobre lo que habito. Cuando llego a ese suceso, lo hago desde una lectura literaria, buscando qué me permite explorar como escritor. El libro tiene tres partes: el origen, con el nacimiento de una niña que se supone que tiene el don; los años noventa, donde ocurre el exorcismo; y una tercera parte más ficcionada. A partir de ahí, lo importante es qué temas me interpelan y cómo puedo trabajarlos desde la escritura.

Borja Navarro, autor de "Perros de caza", en la sede de INFORMACIÓN en Alicante / Jose Navarro
Pero con una escritura que mantiene una carga poética pese a la crudeza de lo que expone.
Hay una idea clara en el libro de narrar lo feo. A mí lo bonito me repele porque suele tener fecha de caducidad o estar atravesado por modas. Lo feo, en cambio, carece de expectativas, no genera presión. Es por eso que me interesa tanto Almansa. Me genera más bienestar que lo que se asocia a lo bello. El libro es crudo, es violento, pero también es poético.
Su propuesta estilística se aleja de la narrativa convencional. ¿Es una decisión consciente?
Sí. En muchas novelas el estilo es transparente, está al servicio de la historia. Aquí no. Aquí el lenguaje está muy presente, más cercano a la poesía. Quería que cada página transmitiera por sí misma que no hay una necesidad constante de avanzar la trama. No se trata tanto de qué va a pasar, sino de apreciar lo que ocurre en el momento de la lectura. A mí me interesa la forma, no la necesidad de buscar un final. Necesito un hilo conductor, pero lo importante es permitir que el libro esté vivo. La realidad no es cerrada, es imperfecta. Me interesa que haya digresiones, que el texto se vaya por las ramas. Hay una idea de Italo Calvino que me marcó mucho: "si el inicio es el nacimiento y el final es la muerte, las digresiones son ese espacio donde podemos perdernos y, quizá, ser eternos".

Portada de "Perros de caza", la última novela de Borja Navarro / INFORMACIÓN
En la novela también aparece la idea de la España vacía y de lo efímero. ¿Qué papel juega la cultura en ese contexto?
No quiero hablar del resto extrapolando desde mi experiencia, pero ahora mismo noto que la concentración se me resiente. Me cuesta mucho comprometerme con la cultura si no me emociona o no me sorprende. Hay mucha competencia con las redes sociales y la cultura tiene que dar un paso más en riesgo y atrevimiento. Soy incapaz de sentarme a ver una serie de Netflix si sé cómo empieza y cómo acaba. Prefiero ver un partido de fútbol donde es totalmente impredecible lo que va a pasar. Por eso agradezco tanto cuando encuentro un libro o una película como Sirat: piezas culturales que te llevan a otro lugar y te piden que te quedes. La clave está en el riesgo, en no caer en el mainstream que repite fórmulas una y otra vez, sino en intentar crear obras únicas, personales, muchas veces fallidas, pero con una intención detrás. No ver edificios cebra, blancos e iguales, sino construcciones que pueden ser imperfectas, pero en las que se percibe que hay alguien intentando hacer algo. Y eso es lo importante a la hora de hacer cultura, es lo que yo intento hacer.
¿No le da miedo fallar?
No, porque escribo desde un lugar muy personal. No pienso en cómo se va a interpretar lo que hago, al menos en las primeras fases. Luego, en la edición, sí hay un trabajo más consciente con el editor, pero no parto de esa preocupación. Luego puedes hacer un esfuerzo para que llegue al mayor número de gente posible, pero creo que centrarse en "funcionar" desde el inicio es un error. Hay una frase de David Foster Wallace que dice que, al escribir, hay que estar más cerca de la parte de uno capaz de amar que de la que quiere ser amada.

El autor afincado en Alicante Borja Navarro sujeta un ejemplar de "Perros de caza" / Jose Navarro
En ese sentido, ¿cómo entiende el “funcionar” en la literatura de hoy en día?
Es un concepto muy amplio. Lo normal es que ningún libro “funcione” en términos comerciales. Para mí, funcionar es estar contento con lo que has hecho, sentir que la obra te representa. Si luego funciona más allá, en cuanto a ventas y repercusión, seguramente también haya un componente de suerte.
Una de las formas de “funcionar” es dar el salto al cine, y Jaibo Films le ha tendido la mano para hacerlo real.
Sí, tengo una relación muy cercana con esta productora alicantina, casi más de amistad que profesional. Con Pau Colomina ya desarrollé otro proyecto con mi libro Arcén, que se convirtió en un corto. Y también tenemos entre medias otros proyectos en paralelo a Perros de caza. Hay elementos comunes, una atmósfera similar, y están interesados en desarrollar algo que respire ese universo de mi nueva novela. Está todo empezando, pero ojalá en unos años pueda materializarse en una película.
¿Cómo dialoga ese universo con el lenguaje del cine?
El cine tiene menos margen para irse por las ramas que la literatura, pero aun así hay excepciones que lo hacen. En Sirat, por ejemplo, hay un momento en el que la película cambia completamente y deja de importar la historia en sí para convertirse en una experiencia casi existencial. Eso me interesa mucho, y el proyecto que estoy desarrollando con Pau también tiene algo de esa intención.
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