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ENTREVISTA | Nacho Taboada Músico

Colectivo Panamera, antes de su doble concierto en Alicante: "Hay que picar piedra y tocar para 30 personas igual que para mil"

La banda celebra sus diez años en la música con una doble actuación en la provincia: el viernes 27 de marzo actuarán en La Llotja de Elche y el sábado 28 en la Sala Stereo de Alicante

Nacho Taboada y Pepe Curioni, integrantes del grupo Colectivo Panamera

Nacho Taboada y Pepe Curioni, integrantes del grupo Colectivo Panamera / Ricardo Arranz

Juan Fernández

Juan Fernández

Diez años son muchos y pocos a la vez. Un tiempo que permite consolidar ideas y comprender el rumbo de todo aquello que uno se propone. El grupo Colectivo Panamera, formado por Nacho Taboada y Pepe Curioni, celebra ahora su primera década en la música, recién llegado de una gira que les ha llevado por varios países de Latinoamérica para presentar su propuesta de canción de autor al ritmo del mestizaje, con la fusión de sonidos como la cumbia o el calypso. La banda madrileña hará una doble parada en la provincia para desgranar las canciones que han marcado su trayectoria. El viernes 27 de marzo, a las 21 horas, actuarán en La Llotja de Elche; y un día después, el sábado 28, a las 22 horas, en la Sala Stereo de Alicante. Para repasar estos diez años, hablamos con Nacho Taboada, uno de los fundadores del grupo.

Celebran diez años sobre los escenarios con una gira que acaba de pasar por Latinoamérica. ¿Qué ha cambiado en Colectivo Panamera en todo este tiempo?

La trayectoria de la banda ha sido el relato de dos amigos que un día decidimos montar un proyecto de música, poniendo en común nuestras canciones, las que cada uno había hecho como cantautor por su cuenta, y darles ese “vestido”, ese traje que abarca todo el abanico tan rico de músicas en Iberoamérica. Ahí surge la fusión de ritmos iberoamericanos, influida por bandas como Bomba Estéreo o Manu Chao, por aquel entonces. Luego vimos que la cumbia, un estilo que nos gustaba desde siempre, cada vez tenía más cabida en los discos de cantautores que admirábamos, como Kevin Johansen, Jorge Drexler o Lila Downs. Así surge el proyecto, y yo creo que es la historia de dos compositores que se juntan para tocar música. Poco a poco, las canciones llegaron a la gente y fuimos aumentando nuestra presencia en muchas partes de España. Fue un crecimiento bonito, no excesivamente rápido, pero muy sólido.

Hubo un momento en que la canción de autor hecha en España parecía estar dirigida hacia mentes encorsetadas que no dejaban paso a la inquietud. Sin embargo, el sonido se ha vuelto a encarrilar hacia el mestizaje.

Sí, estamos viviendo una época de cambios, tanto a nivel social como en la música. Estamos en un momento en el que se pueden decir muchas cosas en cualquier estilo. Solo hay que ver las letras de los grandes maestros de la música iberoamericana, que son maravillosas. En nuestro caso no tuvimos la necesidad de sonar a algo, fue solo una labor de lanzarnos a hacer un proyecto que se alejara del personalismo. Lo planteamos desde un sentido más amplio y colectivo. Eso también te da margen para vestir las canciones con ritmos pop o folclóricos, con chacareras, boleros o cumbias. Al final, el vestido que se les pone a las canciones es una excusa para llevarlas hacia un lado o hacia otro.

¿Cuál fue el punto de inflexión en el que fueron conscientes de que esto iba en serio?

Hay varios puntos de inflexión. Por ejemplo, cuando agotamos las entradas de la Joy Eslava en Madrid. Cuando tocábamos en plazas importantes siempre sentíamos que la banda crecía. Luego hay que sostenerlo, porque no es lo mismo tocar en Madrid o en Barcelona que en lugares con menor afluencia. Eso también es bueno y sano, porque te das cuenta de que las cosas tienen un crecimiento sostenido. Al final hay que picar piedra, tocar para 30 personas igual que para mil. Hoy seguimos en la lucha, en la consolidación. Somos una banda que lleva tres discos y no tenemos malos números, pero aún queda mucho trabajo.

Una imagen del grupo cedida

Una imagen del grupo cedida / Ricardo Arranz

Habla de trabajo propio, y eso va más allá del poder de las discográficas.

Sí, las discográficas pueden ser un gran apoyo. Trabajamos con David Bonilla de Warner Music durante un tiempo, alguien a quien admiro mucho, y el trato fue espectacular. Pero si no te responsabilizas de tu proyecto, nadie lo hará por ti. La discográfica puede ayudarte y acompañarte, pero no puede insuflar motivación ni organizar la gira. Todo eso lo tienes que aprender tú mismo. Nosotros somos un ejemplo de autogestión, incluso tras haber trabajado con Warner; ahora estamos en condiciones de distribución y seguimos gestionando todo: vídeos acústicos, grabación en estudio, canciones… todo es gestión de la banda.

En esa necesidad de actuar en todos los escenarios posibles, este fin de semana tienen doble concierto en Alicante y Elche. ¿Qué tienen de especial estos espacios reducidos?

Generan siempre más intimidad. Sobre todo creo que al público le va a gustar mucho el directo. Tenemos una propuesta muy divertida, festiva y bailable, con bastante rock en el show y guitarras eléctricas. Tocaremos canciones que nos han acompañado durante estos diez años y contaremos cómo nacieron. Nos gusta tocar en todos los sitios posibles, convencer al público de que la banda vale la pena y hacer que quieran volver a vernos.

"La música en español tiene un poder cultural enorme, es una herencia que hay que honrar"

Han tenido desde el primer momento el apoyo de artistas consolidados y de otros que emergieron a la par, como Rozalén, Pedro Pastor o Valeria Castro.

Coincidimos con ellos por ser de la misma generación. Cuando empezamos a hacer música, gustó a nuestros compañeros como Muerdo, Mr. Kilombo, Rozalén… y fue fácil colaborar con ellos de manera orgánica. Luego, Valeria, por ejemplo, colaboró en nuestro bolero La despedida antes de sacar su primer single. Fue una colaboración preciosa, emotiva y cantada con sentimiento. Para nosotros es muy importante colaborar con amigos y gente con la que sabemos que va a fluir, más allá de números.

Echando la vista atrás, ¿qué simbolizan en lo personal estos diez años?

Personalmente, la música siempre ha sido difícil y siempre he valorado mucho cada logro, aunque sea pequeño. Cada persona que nos escucha es importante. Cuando alguien te devuelve que una canción se convirtió en banda sonora de su vida, eso da sentido a lo que haces. La música es identidad, conforma mi personalidad, mi forma de estar en el mundo. Me da propósito, satisfacción y la posibilidad de conocer muchos lugares. Es mezcla de arte y sustento, aunque vivir de la música sea complicado.

En todo este tiempo, el mestizaje y los ritmos latinos han pasado a formar parte de la cultura mainstream. Hasta Bad Bunny los ha hecho suyos mostrándolos en la Super Bowl. ¿Estas cosas abren puertas para los que, como ustedes, vienen detrás?

Creo que era cuestión de tiempo. La música en español, incluyendo Brasil, tiene un poder cultural enorme. Antes hubo precursores como Juan Luis Guerra, Eliades Ochoa o Buena Vista Social Club que marcaron el camino. Esa herencia cultural es oro y hay que honrarla. Ahora la música latina es más visible y da oportunidades a que proyectos emergentes lleguen a más gente. Nosotros somos fruto de los tiempos que corren, sociales, políticos y culturales, y entender el presente nos permite ver por qué y para qué se hace música.

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