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Reportaje

Música más allá de Spotify: el regreso de los formatos que invitan a escuchar con calma

En plena era del streaming, algunos oyentes recuperan vinilos, CDs o iPods en busca de algo que las plataformas no ofrecen: atención, control y tiempo para escuchar la música

Victor Abarca escuchando música en un iPod.

Victor Abarca escuchando música en un iPod. / Victor Abarca

Pedro Fernández

Con un teléfono móvil y una suscripción tenemos millones de canciones disponibles al instante. Pero en medio de esa abundancia empieza a aparecer un gesto que parecía propio de otra época: sentarse a escuchar un disco. "Un formato de escucha no es solo un formato de escucha", explica el sociólogo Pablo Santoro. "El formato condiciona qué música se hace, cómo se escucha y cómo se relaciona la gente con ella", añade.

A lo largo de la historia, cada tecnología ha transformado la experiencia musical: el vinilo permitió pensar la música en forma de álbum; el CD amplió la duración de los discos; y el streaming ha convertido la música en un flujo constante, siempre disponible.

Las plataformas de streaming musical salieron al mercado con la promesa de tener casi un acceso universal a la música en casi cualquier parte. Con una premisa parecida, pero años antes, se lanzó al mercado el primer iPod, un dispositivo portátil donde poder almacenar tu música y escucharla donde quisieras. A camino de cumplir 25 años del invento de Apple, hay quien lo reivindica en la actualidad, como un modo de uso alternativo a la dictadura del algoritmo. ¿Pero cuál es el uso actual de este aparato y qué alternativas tenemos a las plataformas de streaming musical como Spotify o Apple Music?

De tener discos y vinilos, a vivir "dentro" de una plataforma

Durante décadas, escuchar música implicaba tener físicamente algo. Un reproductor de vinilos, CDs, cintas de cassette… que se encontraban acumulados en estanterías en algún lugar físico de las casas. Esos álbumes eran un objeto concreto que ocupaba espacio y que había que comprar o pedir prestado. El músico vigués Pablo Lesuit comenta que gracias a la colección de vinilos de su tío nació en él "un interés por la música, para empezar a tocar y entusiasmarme".

«El cassette, el vinilo o incluso el CD formaban parte de una pieza casi de colección»

Pablo Lesuit

— Músico

El cantante, Pablo Lesuit, en el monte do Gozo.

El cantante, Pablo Lesuit, en el monte do Gozo. / Jesús Prieto

Con el streaming esa lógica se ha invertido. Hoy la música ya no está en una colección personal, sino dentro de una plataforma. La biblioteca musical se convierte en un catálogo infinito alojado en servidores. Durante los primeros años de internet, esa disponibilidad parecía abrir una puerta sin límites. "A mediados de los 2000 la sensación era que podías descubrir de todo", recuerda Santoro. La digitalización permitió escuchar géneros y artistas que antes eran difíciles de encontrar.

Pero esa apertura también integraba una nueva relación con la música. Cuando todo está disponible todo el tiempo, elegir qué escuchar se vuelve más difuso y la música empieza a ocupar un lugar más constante pero menos central. "La música está en todas partes, pero es menos importante que hace veinte años", señala el sociólogo.

«Un formato de escucha no es solo un formato de escucha: condiciona qué música se hace y cómo la vivimos.»

Pablo Santoro

— Sociólogo

El sociólogo escuchando música en un reproductor de cassette.

El sociólogo escuchando música en un reproductor de cassette. / P. S.

Una escucha más pensada

Para el artista Pablo Lesuit, el problema no es tanto la tecnología como la forma en la que se consume la música. "Estamos sometidos a mucho ruido: mucha música, muchos lanzamientos, mucha información", explica. Escuchar música puede convertirse fácilmente en una actividad secundaria, algo que acompaña otras tareas sin exigir demasiada atención. Este uso es similar al de la radio tradicional, en el que no esperabas escuchar una canción concreta, sino más bien una selección de la emisora.

En este sentido, el creador de contenido experto en Apple, Victor Abarca, expone que dentro de Apple Music existen las opciones de radio, como Radio One: "Ahí es donde descubro casi todas las canciones y luego las voy agregando a mi biblioteca". Es un ejemplo de cómo la radio se fusiona con el entorno de las apps creando nuevos modos de consumir canciones.

«El iPod lo he reservado para esos momentos en los que no quieres estar utilizando un teléfono móvil»

Victor Abarca

— Creador de contenido

El creador de contenido tecnológico, Victor Abarca, paseando con su iPod por las calles de Nueva York.

El creador de contenido tecnológico, Victor Abarca, paseando con su iPod por las calles de Nueva York. / Victor Abarca

Sin embargo, escuchar música no siempre fue así. Durante años, comprar un disco implicaba dedicarle tiempo. Es lo que pasa en el proceso de pasar un album a un dispositivo tecnológico, así lo explica Victor Abarca: "Primero tienes que comprarte el CD, ripearlo en el Mac o pillártelo a través de iTunes, luego pasártelo al iPod y todo eso es como una especie de proceso que lo he estado haciendo siempre". También señala que llevar eso a cabo te hace "sentir que además es tuyo", porque lo has comprado y no es solo una suscripción.

En la tienda Honky Tonk Discos de Vigo, el dependiente Kino Seoane sigue viendo ese tipo de relación con la música entre algunos clientes. "Lo bonito de esto es asimilar bien cada disco", dice. "Escucharlo varias veces, que se te quede algo en la cabeza".

«Hay quien no tiene plato, pero quiere el arte, el objeto, como si fuese un póster.»

Kino Seoane

— Honky Tonk Discos

Existe algo más, el valor estético de las portadas de los discos, que en los vinilos hace que mucha gente pueda coleccionarlos además de por la música, por el diseño de la portada del álbum. "Lo físico tiene un encanto que lo digital pasa por alto" señala Pablo Lesuit. Lo ejemplifica con el folleto que viene en los discos, algo de lo que carecen las aplicaciones, "los créditos son una pestaña que tú ves únicamente si tienes interés por leer quién lo hizo", señala el cantante. Además, el formato físico introduce algo que el streaming había eliminado casi por completo: el ritual. El hábito de elegir el vinilo, colocarlo en el tocadiscos y darle la vuelta cuando termina una cara. Un acto que obliga a tomar conciencia de lo que escuchas. "Cuando algo cuesta un poco más, adquiere más valor", señala el sociólogo Pablo Santoro.

Para el músico pontevedrés Pablo Corbillón, comprar discos también tiene una dimensión concreta: la relación con el artista. "Quiero que sea mío y poder acudir a él todas las veces que quiera", explica. "Cuando compras un disco también estás apoyando directamente a la banda".

Rechazo al algoritmo

El streaming no solo ha cambiado cómo escuchamos música, sino también cómo la descubrimos. Las plataformas utilizan algoritmos que analizan los hábitos de escucha para recomendar canciones similares a lo que solemos consumir. Para el sociólogo Pablo Santoro, ese sistema tiende a reforzar lo que ya nos gusta. "El algoritmo nunca se vuelve loco", explica. "Siempre te propone algo parecido a lo que ya escuchabas. Lo que hace es normalizar tu gusto".

Por su parte, la periodista musical Liz Pelly lleva años investigando el funcionamiento de Spotify. En sus artículos y en su libro ‘Mood Machine’ sostiene que el sistema de playlists y recomendaciones ha transformado la manera en que se produce y distribuye la música. Un ejemplo claro es el Spotify Wrapped, que reúne de forma cuantitativa tus escuchas anuales en la plataforma, pero no tiene por qué determinar tus gustos reales. Para Pelly el problema no es solo tecnológico, sino cultural: "Las playlists se han convertido en uno de los principales mecanismos de mediación musical".

Para el músico Pablo Corbillón la intención "no es que explores", sino "crear una cámara de eco musical". En ese modelo, muchas canciones circulan sobre todo dentro de playlists y recomendaciones automáticas. El contexto del álbum se diluye. "Un disco es un proyecto con principio y final", dice Corbillón.

Pablo Lesuit señala que el algoritmo puede ser útil para encontrar artistas cercanos a nuestros gustos, pero también tiene límites claros. "Si no tienes una búsqueda activa, el algoritmo acaba moldeando lo que escuchas".

«El vinilo hoy es casi una cuestión militante»

Pablo Corbillón

— Músico

El cantante de Pablo y los Ciervos Dorados con parte de su colección de vinilos y CDs.

El cantante de Pablo y los Ciervos Dorados con parte de su colección de vinilos y CDs. / U. M.

Auge de los DAP y resurgir de los iPods

La recuperación de dispositivos antiguos no se limita al vinilo. En los últimos años también han reaparecido reproductores digitales portátiles, los llamados DAP por su terminología en inglés ‘Digital Audio Players’, y modelos antiguos de iPods. Es común que en redes sociales algunas personas compartan su experiencia de uso con estos aparatos, mostrando cómo lo compaginan con las aplicaciones o incluso terminan sustituyéndolas.

El influencer tecnológico Víctor Abarca lleva años utilizando uno. Para él, estos dispositivos ofrecen algo que el teléfono móvil no puede, la concentración. "Con el iPod voy súper enfocado", explica. "No hay notificaciones ni distracciones". Sin embargo, estos dispositivos no suelen sustituir al streaming. Más bien funcionan como otra forma de escucha dentro del mismo ecosistema. "El streaming es comodidad", explica. "El iPod o el vinilo son momentos más especiales".

¿Hemos tocado techo con el streaming?

Aunque son muchas las voces que hablan de saturación y cansancio, lo cierto es que cada año la escucha en estas plataformas crece, haciendo que las cifras de usuarios aumenten proporcionalmente desde que se crearon. Spotify ha multiplicado por más de 15 sus suscriptores en 10 años, pasando de 18 millones en el primer cuatrimestre de 2015 a los 281 millones en el mismo periodo de 2025.

En este contexto, volver al vinilo, comprar CDs o usar un iPod puede ser también una forma de recuperar el control sobre lo que se escucha. Las plataformas pueden seguir siendo la forma dominante de acceso a la música, pero no impide que surjan otras maneras de relacionarse con ella.

También hay otras razones que explican un posible recelo hacia las plataformas de streaming. Más allá de los hábitos de escucha, el modelo de negocio del streaming lleva años generando debate dentro de la industria musical: desde la forma en que se reparten los ingresos entre artistas y plataformas, hasta el papel que juegan los algoritmos a la hora de decidir qué música circula con mayor visibilidad.

A estas críticas se han sumado en los últimos años otros factores como las decisiones empresariales de algunas plataformas. En 2025 el fundador de Spotify, Daniel Ek, fue objeto de polémica tras invertir parte de su capital en empresas vinculadas al desarrollo de tecnología militar, un movimiento que generó críticas entre artistas y oyentes que cuestionan el impacto político y ético de estas compañías.

Así, para algunos oyentes el regreso a formatos físicos, reproductores como el iPod o bibliotecas musicales propias no es solo una cuestión de nostalgia o estética. También puede interpretarse como una forma de recuperar cierto control sobre la forma en que escuchan música y sobre el sistema que la distribuye.

En una época en la que millones de canciones están disponibles a un clic y organizadas por algoritmos invisibles, volver a elegir un disco, comprarlo o escucharlo de principio a fin se convierte, para algunos, en un pequeño gesto de resistencia cultural.

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