Escribir sobre sexo siendo mujer en los años 30: la historia de Anaïs Nin y 'Delta de Venus', el libro de relatos eróticos que permaneció oculto durante décadas
'Bamba Editorial' publica la obra de la escritora francesa, escrita por encargo de un coleccionista anónimo

La escritora Anaïs Nin.
'Bamba Editorial' recupera la obra más emblemática de Anaïs Nin, en una nueva edición con traducción y prólogo de Lucía Navarro Pla. Medio siglo después de su publicación, los relatos recogidos en Delta de Venus vuelven a las librerías para confirmar que la voz de Nin “sigue resultando sorprendentemente libre y contemporánea”, según destacan desde la propia editorial.
Anaïs Nin (1903–1977) nació en Neuilly-sur-Seine, Francia, y fue hija del compositor cubano Joaquín Nin y de la cantante Rosa Culmell. Los viajes formaron parte de una infancia transcurrida entre Europa y Estados Unidos, y desde muy joven -también como una forma de dirigirse a un padre que desapareció- comenzó a escribir unos diarios que jamás abandonaría y que se acabarían convirtiendo en una de las obras autobiográficas más extensas y singulares del pasado siglo. Esa escritura introspectiva, a medio camino entre la confesión y la creación literaria, sentó las bases de una voz narrativa donde el deseo, la identidad femenina y la libertad emocional ocuparon siempre el centro.
Nin se movió en los círculos artísticos del París de los años treinta, frecuentó el psicoanálisis con Otto Rank y desarrolló una obra narrativa experimental que no alcanzaría reconocimiento hasta muchas décadas más tarde. Fue su honestidad radical al explorar el erotismo desde la pluma de una mujer lo que la convertió en un referente imprescindible y, en su época, también en un peligro.
Nin y Miller: dos formas de escribir el deseo
En 1931, Anaïs Nin conoció al escritor estadounidense Henry Miller, autor de Trópico de Cáncer, con quien mantuvo una intensa relación amorosa, intelectual y literaria. Ambos compartían la voluntad de romper con las convenciones narrativas y morales de su época, pero lo hicieron desde perspectivas profundamente distintas, marcadas por un distintivo sesgo de género: la visión masculina de Miller, donde los roles de poder favorecen siempre a los mismos, chocan con la entonces revolucionaria narrativa de Nin, que exploró el sexo y el erotismo desde la interioridad, convirtiendo lo erótico en un lenguaje íntimo anclado a la feminidad y a su propia subjetividad. Tal y como describe Bamba su obra es “fundamental de la literatura erótica del siglo XX, escrita desde una mirada radicalmente femenina”.
La correspondencia entre Nin y Miller, así como los diarios de ambos, muestran un diálogo fecundo en el que ella fue construyendo una poética del deseo que iba mucho más allá de la mera provocación. Escribir sobre sexualidad cuando se era mujer en los años treinta estaba más cerca del pecado original que el acto en sí mismo, pues dejaba patente que las mujeres no se limitaban a ser objetos deseados sino que eran también el sujeto dueño del propio deseo.
Lejos de las miradas masculinas, Anaïs Nin reivindicó la mirada de la mujer como sujeto activo del deseo, capaz de nombrar, imaginar y recrear su propio universo erótico.
Delta de Venus: un encargo anónimo “oculto” durante décadas
Escritos en los años 40 por encargo de un coleccionista anónimo, los relatos que componen Delta de Venus permanecieron inéditos hasta 1977. Fue a final de esa década, rozando los ochenta, cuando sorprendieron por su modernidad y poder narrativo y se situaron como una obra central en la historia de la literatura erótica. Los relatos exploran el deseo, la fantasía, la intimidad, desde una sensibilidad profundamente literaria.
Y es que, en sus páginas, Nin no se limita a narrar encuentros sexuales con burda inmediatez, sino que convierte el erotismo en una esperiencia estética y emocional: los personajes viven y se mueven entre la vulnerabilidad, la curiosidad y la búsqueda de conexión. No se trata de relatos pornográfico sino en literatura de lo erótico, ahondando en las atmósferas, lo poético y lo psicológico. En Delta de Venus lo central no es el qué se describe, sino cómo.
Recuperar a Anaïs Nin en el siglo XXI es también recuperar la genealogía de una escritura que desafió los límites impuestos al cuerpo y a la imaginación de las mujeres. En una sociedad que, de cara a la sexualidad, sigue siendo una cárcel
Delta de Venus no solo documenta el deseo; lo piensa. Y al hacerlo desde la experiencia femenina, abre un espacio de libertad que el feminismo posterior reconocería como propio: el derecho a sentir, a escribir y a existir plenamente en el cuerpo y en el lenguaje.
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