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El local de Alicante que da libros gratis y se ha hecho viral en redes sociales: "Hay todavía miles de ejemplares esperando salir"

La Hormiga Poeta abre cada jueves en la calle Poeta Blas de Loma para regalar lectura y sus vídeos en Instagram han provocado que cada semana se formen largas colas de personas deseando entrar en el local

La Hormiga Poeta, el local que cada jueves abre sus puertas para regalar libros, se hace viral en redes sociales

Alex Domínguez

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Juan Fernández

Juan Fernández

Lo que comenzó siendo un pequeño acto para favorecer la democratización de la lectura se ha ido de las manos y ahora triunfa en Instagram. En la calle Poeta Blas de Loma, en el barrio de San Blas de Alicante, se esconde un local diferente al resto. La Hormiga Poeta toma el nombre de uno de los personajes más curiosos del dibujante Jan, un insecto gigante mutado que apareció en las historias de Superlópez y que sirvió para dar vida a una librería que no busca generar negocio con la cultura, sino repartirla gratuitamente.

El encargado de impulsar esta idea fue Ulises López, un amante de la lectura y especialmente de la novela gráfica, que en 2020 decidió rescatar libros de la basura o de gente que no los fuera a leer para darles una segunda vida en su humilde local. “Ya sea porque son viejos o porque ya los has leído, porque te ocupan mucho espacio o no te gustaron, no es motivo para tirarlos. Recogemos tus libros de manera gratuita para darles una segunda oportunidad y que encuentren nuevos lectores”, explicaba la librería en internet.

Ulises López, el librero detrás de La Hormiga Poeta

Ulises López, el librero detrás de La Hormiga Poeta / ALEX DOMINGUEZ

Un proyecto que permitió que muchas personas colaborasen con la causa y que incluso el propio Ayuntamiento de Alicante donase hasta 500 kilos de libros, pese a que su alcance fue limitado y solo un grupo reducido de personas supiera de su existencia. El establecimiento, que abre cada jueves, recibía la visita semanal de poco más de 10 personas, lo que servía para dar salida paulatina a las referencias que tenía y colaborar con centros escolares mediante la donación de más material.

Un número de asistentes al alza

Pero tras cinco años de trayectoria, La Hormiga Poeta decidió entrar en redes sociales y el impacto ha sido exponencial, haciendo que cada semana largas colas de interesados se agolpen frente a la tienda para rescatar algo de cultura en formato físico: desde libros hasta enciclopedias, VHS e incluso vinilos. Una labor que ha obligado a Ulises a ampliar más del 50% la zona de libros gratis. “El local es pequeño y sus capacidades son limitadas, pero tras la gran afluencia de gente hemos visto necesario ampliar la zona para que más gente pueda entrar simultáneamente”, apunta a INFORMACIÓN.

Además, al local no solo acude gente interesada en rescatar lecturas y descubrir nuevos autores de manera gratuita, sino también otros mecenas que aportan bolsas de libros con la intención de que puedan llegar a otras personas que puedan disfrutar de ellos. “Nunca nos vamos a quedar sin libros porque detrás, en la trastienda, tenemos estanterías con un montón de cajas que vamos sacando cada semana. Y viene tanta gente a donar que son cajas sorpresa, pues ni siquiera yo sé lo que hay dentro”.

Para dar salida al material, se ayuda de familiares y amigos que hacen de recepcionistas para recoger todo lo que va llegando: “Ellos separan cosas básicas como enciclopedias o libros infantiles, pero tampoco tienen la capacidad de catalogar todo lo que llega. Yo me encargo de catalogarlos, limpiar y, antes, incluso hacía reservas y gestionaba peticiones”, explica Ulises. Ahora eso ha cambiado, pues la exposición en redes, donde ya cuenta con más de 15.000 seguidores en Instagram, ha dado a conocer el local a un número más amplio de alicantinos.

No obstante, el local sigue abriendo, salvo excepciones, todos los jueves de 17 a 19 horas, y en su cabeza se plantea constantemente la posibilidad de ampliar ese horario, pese a que tendría que compaginarlo con su vida personal: “No te voy a engañar, sí lo he pensado. Antes decía que esto era una bola de nieve, pero es que esto ya no se puede parar. De todas formas, hay que entender que, al final esto es algo que hago porque quiero y cuyo gasto pago de mi bolsillo. Luego llego a casa y tengo que trabajar, pagar el alquiler, la luz…”, se sincera.

Destino incierto de los libros

Cada semana se forman largas colas de personas que acuden para encontrar algún libro y otras que optan por llevarse carros enteros. “No sé qué harán con ellos, ni quiero saberlo, pero a mí me da igual porque tengo un gran número de volúmenes a los que tengo que dar salida”. Para poder costearse el alquiler del local, ha instalado una hucha junto al mostrador donde acepta donativos de la gente que, a cambio de llevarse algún ejemplar, quiera aportar para que esta iniciativa se mantenga en el tiempo.

“En cinco años los donativos nunca han llegado para pagar el alquiler”, explica Ulises, que no obstante asegura que el éxito de La Hormiga Poeta puede ayudar a solventar mejor los gastos: “Hay que tener en cuenta que con este poder de convocatoria llevamos poco más de un mes, y esto nos puede ayudar de alguna manera”. El librero calcula que los gastos mensuales rondan los 500 euros y asegura que eso “nunca se ha cubierto ni era mi intención, yo lo pago con mi trabajo y el de mi pareja”.

La doble cara de la exposición en redes

Con la capacidad que tienen las redes sociales para dar mayor visibilidad a estas iniciativas, ¿por qué Ulises no había aprovechado antes la posibilidad de generar contenido que atrajese a más personas? Al ser preguntado por ello, asegura que venía de una mala experiencia al exponerse en este tipo de plataformas. “Hay mucho odio en las redes sociales y yo viví en mi propia piel una experiencia que no me apetecía volver a revivir, por lo que no quería que mi cara saliera en las redes sociales de la librería”.

No obstante, finalmente consiguió dar el paso y el resultado fue muy positivo, llegando a generar un impacto de cientos de miles de personas con sus vídeos y reels. Pero incluso con acciones como esta, el odio sigue siendo parte de la sociedad digital. “De 100 comentarios buenos, quizás hay dos o tres malos, pero cada día me encuentro con mensajes que aseguran que vivo de subvenciones o que en realidad estoy cobrando por los libros por poner una hucha”, se sincera.

“La hucha es un donativo; nadie está obligado a poner nada y, de hecho, la mayoría de personas no lo hace. Y yo estoy feliz de que se lleven libros porque no me caben más y, si no lo hacen, tendría que acabar tirándolos”. De hecho, prefiere no contar con la ayuda del Ayuntamiento de Alicante, especialmente después de una mala experiencia que llevó al cierre del local por una denuncia en la que se le exigía una licencia. “Ahora tengo una provisional y estoy contento porque se han dado prisa, también por la presión mediática. Pero no quiero saber nada del ayuntamiento ni de subvenciones; me valgo por mí mismo”.

En este sentido, una pregunta que le hacen muchas personas cuando acuden a la librería por primera vez es por qué hace esto. Y su respuesta es muy sencilla: “Porque me gustan los libros”. Mientras pueda compaginar su trabajo con la librería, sus puertas seguirán abriendo cada jueves para recibir a lectores interesados en conseguir libros gratis.

Ahora baraja la posibilidad de mudarse a un local más grande, ya que el actual solo permite mostrar unos 20.000 ejemplares al público. Y asegura que detrás, en la trastienda, hay mucho material de calidad: “Para que te hagas una idea, el otro día estuve en la casa de José Luis Lassaletta, exalcalde de Alicante, porque su hija nos llamó para que nos llevásemos sus libros. Y esos, como muchos otros, están esperando para ser donados a los alicantinos”, concluye.

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