Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Homenaje de Niño Josele a Bill Evans en el Fijazz

El guitarrista acoge el delicado enfoque de los acordes y la melodía del pianista estadounidense, y lleva a cabo una relectura de ese universo musical

Así ha sido la actuación de Niño Josele en Fijazz

INFORMACIÓN

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Marc Llorente

Marc Llorente

El homenaje a Bill Evans, uno de los compositores y pianistas más influyentes de la historia del jazz, estuvo a cargo del gran guitarrista Niño Josele, quien conmemora el 20.º aniversario de su álbum “Paz”, hermosa palabra para evocar a Evans. Revolucionó el género con el uso impresionista de la armonía y transformó la sección rítmica en un diálogo íntimo. Así, el almeriense acoge el delicado enfoque de los acordes y la melodía del estadounidense, y lleva a cabo una relectura de este universo musical.

Le dan su aliento el contrabajo de Dani Noel, la batería de Daniel García y la trompeta del artista invitado Raynal Colom, un cuarteto bien avenido con una guitarra flamenca que funciona como si fuese un piano, cuya riqueza armónica sirve al Niño para desarrollar su propio lenguaje. Entre otros temas del disco, tenemos “The peacocks”, “I do it for your love” y “Peace piece”.

La improvisación y la interacción vuelven a la carga lógicamente. Y la libertad triunfa de nuevo en la propuesta ofrecida, que se concibe como un proyecto jazzístico más que como una fusión. O sea, el flamenco tradicional se adapta al lenguaje expresivo del jazz y todos tan felices, incluyendo a los espectadores del ADDA. De tal manera, Bill Evans se transforma y llega a nuestros días con las seis cuerdas de Josele y los demás miembros de este club de los cuatro.

La guitarra mete la nariz en ese mundo y exhibe su bello sonido a partir de aquella pianística innovadora de entonces. Conmueve al público del Festival Internacional de Jazz de Alicante y transita por nuevos caminos llenos de posibilidades. Podemos comprobar, nuevamente, el instinto renovador del mestizaje. No se imita al piano de Evans. El flamenco-jazz reinventa la música negra en un equilibrado ejercicio con el que se demuestra la capacidad colectiva e individual.

La trompeta de Colom imprime a la causa un notable grano de arena, y lo mismo se puede decir del baterista y del contrabajista sosteniendo la base sobre la que se asienta el discurso de la guitarra, protagonista especial de un concierto con altibajos. El ayer de Bill Evans y el presente del Niño se alían de tal modo que la innovación está servida y no exenta de la identidad melódica del mencionado álbum de 2006. Rinde un tributo, que no tiene comunicación verbal, al legendario pianista con su fuego oculto en las teclas. “Waltz for debby”, “My foolish heart”, “The dolphin” o “Turn out the stars”.

La destreza técnica y el virtuosismo del renovador Juan José Heredia (Niño Josele) quedan palpables en este itinerario. La complejas e intimas notas originales de Evans adquieren la sonoridad que imprime el guitarrista, y el resultado puso de pie, otra noche, a los espectadores del Fijazz, en la sala de cámara del Auditorio de la Diputación.

Por cierto, Fernando Trueba es el director de un documental que incluye al Niño. “Bajañí” lleva el nombre que recibe la guitarra flamenca en caló, una variedad del romaní que hablan los gitanos de España, Francia y Portugal. Y un puente cultural entre el flamenco, el jazz y la música brasileña.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents