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REFUGIO LITERARIO

Cierra Séneca

Imágenes de la librería Séneca de Elche.

Imágenes de la librería Séneca de Elche. / INFORMACIÓN

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Esther Guilabert

Esther Guilabert

Y hay noticias que, aunque no cambien el mundo, te cambian un poquito el tuyo.

Más de sesenta años después, baja la persiana la que, con permiso de todas las demás, siempre será la librería de Elche. Al menos para mí.

He comprado allí los libros del colegio, los libros por placer, los que he regalado y los que acaban llegando a casa sin que hubiera ninguna excusa para comprarlos. Porque sí. Porque un sábado por la mañana casi siempre acababa en Séneca.

Hace unos meses vivimos con angustia el posible cierre de 80 Mundos, en Alicante. Por suerte, aquella historia tuvo un final feliz y hoy es ese lugar maravilloso donde puedes comprar un libro, asistir a una presentación o tomarte un vermut mientras hablas de literatura. Ojalá todas las historias terminaran así.

Pero esta no.

Séneca, para mí, tiene muchos nombres. Manuel. José. Toda una familia que ha mantenido viva una librería durante décadas. Pero, sobre todo, tiene uno: Amparo.

Treinta años recomendándome libros. Me río yo de los influencers.

He dicho muchas veces eso de: "Espera, que voy a preguntarle a Amparo si ya me lo he leído". Porque, sinceramente, ella casi siempre lo sabía mejor que yo. Y aún más importante: sabía cuál iba a gustarme antes incluso de que yo lo supiera.

Nunca olvidaré la pandemia. Mientras todo parecía detenido, Amparo me dejaba en el ascensor una selección de novelas elegidas por ella. Como quien receta el medicamento exacto para seguir respirando un poco mejor. Aquellos libros hicieron mucho más llevaderos unos meses muy difíciles.

Y siempre he pensado que solo había una Amparo. Pero hoy me doy cuenta de que, en realidad, Amparo tiene decenas de "Esther", de lectores a los que ha acompañado durante años. Ese es el verdadero legado de una librera.

Las librerías son mucho más que tiendas. Son refugios. Son hogares para quienes disfrutamos viviendo mil vidas a través de los libros. Cuando cierra una librería, una ciudad pierde algo que cuesta muchísimo volver a construir.

Por eso también quiero mirar hacia quienes siguen ahí. A librerías como Ali i Truc, Punto y Coma o la joven Manzanera, que ha llegado llena de ilusión. Cuidémoslas. Entremos aunque sea a curiosear. Compremos allí ese libro que pensábamos pedir por internet. Porque las librerías solo permanecen abiertas si seguimos cruzando sus puertas.

Gracias, Séneca.

Y gracias, Amparo.

Nos habéis hecho mucho más felices de lo que probablemente imagináis.

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