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Crónica

Rodrigo Cuevas firma el 'Manual de belleza' en Alicante

El asturiano montó en el Festival Noches Mágicas el arte sobre las tablas en su máxima expresión: todo parece improvisado, nada lo está. Desde por BLZA, pasando Xardineru y haciendo teatrillo sobre El pañuelín, anoche se brindó con sidra, se reivindicó a Rambalín y se bailó Un mundo feliz

Rodrigo Cuevas firma el Manual de belleza en las Noches Mágicas

Rodrigo Cuevas firma el Manual de belleza en las Noches Mágicas / Pilar Cortés

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Carmen Tomàs

Carmen Tomàs

Alicante

Se agolpaban los espectadores más de media hora antes del comienzo del cabaret de La belleza sobre el césped de los Jardines de Abril, que anoche ofrecieron una cabaretera, mamarracha y medida. Cuando tienes un disco conceptual -más temático que narrativo- puedes permitirte que el playlist de tus actuaciones sigan el curso del álbum, que canten su historia y sus entresijos: es lo que los fans supervivientes a la basca de Sant Joan han venido a escuchar. Rodrigo Cuevas lo hizo ayer así durante la primera parte del concierto en el Festival Noches Mágicas, ofreció un espectáculo del tirón al gusto de aquellos oyentes supervivientes a Spotify: los que aún escuchan un álbum desde la primera hasta la última canción.

Como una chica Almodóvar más, la introducción vino de parte de Rosi de Palma. Salió Rodrigo puntual al escenario con Un mundo feliz muy alejado del de Huxley y pasó de este “Ven aquí cuando estés solo...” a una fiesta en la que hasta quien no acudió acompañada se sintió en su salsa. Habló en un muy decente valenciano, con esa mezcla dialectal del oriental y el occidental de quien se ha esforzado mucho en aprenderlo aquí y allá, pero se ha esforzado -se cachondeaba el asturianu de aquellos que, estando años en Alicante, aún no se esmeran en pronunciar una palabra-. Y es que el de Oviedo defiende todo aquello que supone parte de la riqueza cultural, del folclore donde se esconden las canciones que resuenan generación tras generación, y con los ritmos también están las lenguas, los dejes, las palabras -i els misteris-. Cuevas cantó en su lengua y habló en la de la terreta durante todo el concierto, insuflando de aún más coherencia la filosofía que quiere transmitir.

El público jaleó, compartió y le corrigió alguna que otra cosa: porque no es lo mismo tener basca que hacerla. Se convirtió el concierto en un tú a tú donde la interacción no cesó en ningún momento, en una fiesta electropop, cuplé, reggajotero, que atravesó cada escalafón del tríptico que conforman sus trabajos, cuyas partes hicieron del espectáculo un cabaré para seducirnos amén al Manual del cortejo, para salir a la plaza del pueblo y enseñar el Manual de romería y acabar la fiesta del puro disfrute con el homónimo Manual de belleza. El arte sobre las tablas en su máxima expresión: todo parece improvisado, nada lo está. Empezó con el último álbum a quien le debe la gira, pero el concierto fue un homenaje al concepto de toda su carrera, de su esencia. No hubo ningún tipo de parón en un espectáculo donde hasta las pausas venían patrocinadas por él mismo gracias a pseudo-spots ideados como pequeños entremeses entre transiciones.

Rodrigo Cuevas firma el Manual de belleza en las Noches Mágicas

Rodrigo Cuevas firma el Manual de belleza en las Noches Mágicas / Pilar Cortés

También hubo momento para pausar la purpurina y rendir homenaje. “Que nosotros estemos aquí no es baladí, tuvo que haber mucha gente antes haciendo la mamarracha”, señaló. “Mucha gente antes que nosotros puso la cara, el cuerpo y puso la vida. Es ley que nosotros ahorales hagamos justicia y les rindamos honores haciendo la mamarracha como ellos no pudieron hacerlo”, reivindió Cuevas antes de dar entrada a Rambalín, habanera que reconstruye la vida y asesinato del gijonés Alberto Alonso Blanco.

El diálogo continuo de Cuevas con su equipo y el público convirtieron la fiesta de anoche en Un mundo feliz. Pasando por BLZA, Xardineru y haciendo teatrillo sobre El pañuelín: los que ayer conocían a Rodrigo se llenaron de gozo y los que aún no, aprendieron a sostener el disfrute y las contradicciones de lo bello. Puxa Asturies, Alacant y el mamarracheo.

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