The Molotovs da la sorpresa en el Low Festival con su descaro juvenil
La banda londinense, formada por dos hermanos de 17 y 19 años, firma un concierto para el recuerdo en el escenario de Radio 3, eclipsando a los grupos de los escenarios principales, y pone el broche de oro a esta edición

The Molotovs. / Rafa Galán
Bien está lo que bien acaba. Esta nueva edición del Low confirma que el festival sigue siendo el mismo esté donde esté. La suerte es que continúa celebrándose en la provincia, pues habría un gran número de municipios de toda España encantados de contar con una cita así en su programación cultural. Torrevieja ha sabido aprovechar el vacío provocado por el traslado y ha apostado por albergar en el Parque Antonio Soria uno de los festivales con mayor nombre del panorama nacional. Ya habían pasado por sus escenarios nombres como The Hives, Kasabian o Love of Lesbian, pero todavía quedaba mucha tralla por disfrutar y bandas que descubrir.
La jornada se abrió con un acto muy "made in Low", dando la oportunidad a una banda alicantina como Las Chavalas de darse a conocer en el escenario grande inaugurando esta tercera jornada. Fueron las encargadas de "cantar los créditos iniciales" con un desparpajo impropio de una formación con tan corta trayectoria. Mientras desgranaban canciones propias como "Demanda de amor" o "Vivos Murientes", además de alguna que otra versión para levantar a los más rezagados, dos miembros de su equipo técnico repartían entre los presentes un fanzine especial del concierto con las letras de las canciones interpretadas en el Low, el directo más importante de su todavía breve carrera, además de un abanico serigrafiado. Pocos se lo curran así y hay que reconocerlo.

Las Chavalas. / Rafa Galán
Todo ello ya hacía presagiar que la última jornada del festival, que a falta de datos oficiales apuntaba a congregar a unas 50.000 personas a lo largo de los tres días (contando una persona por tres si tenía abono, el truco de siempre), iba a estar a la altura de las expectativas. Y así fue, con una sucesión de buenos conciertos como los de unos interesantes Depresión Sonora y los siempre fiables Sidonie. Estos últimos presentaban su disco "Catalan Graffiti", con el que han apostado por regalar un álbum íntegramente compuesto en catalán. Una propuesta arriesgada de la que apenas sonaron un par de canciones, arropadas por una colección de hits atemporales. No quisieron jugársela demasiado con el repertorio en Torrevieja, pero es que sus conciertos siempre son una experiencia agradable a la que merece la pena entregarse. Música en directo de verdad, sin aditivos ni colorantes, como ellos mismos recuerdan en cada actuación. El ambiente, además, llegó a tal punto que Marc Ros acabó protagonizando una conga de personas subidas a hombros entre el público.
La adrenalina ya estaba en un punto muy alto y llegaba el momento de separar caminos según los estímulos de cada uno. Quien buscaba un directo más pausado y melancólico tenía en Natalia Lacunza un recital marca de la casa. Quien, por el contrario, prefería sacar a relucir la rabia interior, encontraba el escenario perfecto para descubrir a unos jóvenes londinenses llamados The Molotovs, la gran sorpresa de esta edición. Dos hermanos adolescentes que, si mantienen este estado de forma, están llamados a comerse el mundo. Con apenas 17 y 19 años presentaban su primer disco, "Wasted on Youth", con una propuesta sucia y descarada que se mueve con naturalidad entre el britpop y el punk. Son unos niños prodigio y, dentro de unos años, muchos recordarán esta edición como aquella en la que The Molotovs actuó en el escenario pequeño. "Ese de Radio 3".

Sidonie. / Roberto Almela
El público se fue enganchando a su descarga de adrenalina a medida que avanzaba el concierto. La bajista se movía tanto que cada dos por tres desconectaba accidentalmente su instrumento. Su hermano, mientras, al frente de la guitarra y la voz, desprendía una rabia impropia de alguien que todavía es menor de edad. Es absurdamente difícil hacer lo que hacen ellos siendo tan jóvenes. Un servidor los contemplaba desde la imposibilidad de saber siquiera tocar la pandereta. El ruido terminó apoderándose del Low hasta despertar pogos incesantes entre un público que no acostumbra a ellos si no es por petición expresa de los grupos. Era justo lo que le faltaba a esta edición para terminar de elevar el listón, y lo consiguieron antes incluso de que llegara el pop confesional y multitudinario de Dani Fernández.
Un año más, el Low Festival saca fuerza de las adversidades y demuestra por qué despierta cada verano el interés de personas llegadas de todos los puntos de España. Aún quedaban grupos como La Casa Azul, Barry B o la locura de Nerve Agent, pero eso ya queda fuera de esta crónica. El año que viene volveremos a encontrarnos. Supongo que en Torrevieja.
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