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Tribuna

La cabeza del diamante

Noah Allen

Noah Allen

Decía Jorge Luis Borges que él imaginaba el paraíso como algún tipo de biblioteca... Lamento discrepar con el genio bonaerense pero a mí, eso de paraíso siempre me ha sonado a playas exóticas, música de fondo, sol, palmeras, aguas cristalinas, relax… ¿se lo imaginan, verdad? Yo también. Cierro los ojos en mi ensoñación paradisíaca y pienso en Hawái, en una de esas maravillosas islas polinesias, e irremediablemente llego a Waikiki. Si buscan alguna imagen de la playa más famosa de Oahu, se sorprenderán de lo muchísimo que se parece a Alicante. Hagan la prueba. Busquen una foto de Waikiki y enséñensela a alguien. El parecido con el Postiguet es muy singular. Allí donde los alicantinos visualizamos el castillo de Santa Bárbara sobre el monte Benacantil, los vecinos de Honolulú tienen un imponente volcán presidiendo la costa, que ellos llaman Diamond Head. La cabeza del diamante.

Así que yo me imagino a Noah Allen, el último fichaje del Lucentum, haciendo el recorrido inverso: buscando fotos de Alicante en Internet y sorprendiéndose del parecido con Hawái. No en vano el alero lucentino, nacido en California, pasó un tiempo en tierras tropicales disfrutando del surf y jugando en el equipo de la universidad.

Al llegar a Alicante se ha encontrado un escenario similar, sin música de ukeleles pero con playas espectaculares, y con una misión que conoce perfectamente, pues ya la vivió con Manresa: ascender a la ACB. Tras un mes con el equipo, sabe que los de Rivero son un conjunto peleón clasificado matemáticamente para la segunda fase de la competición y pendiente de la configuración final del bloque que luchará por alcanzar los play-offs, cuyo balance de victorias y derrotas no es definitivo.

Quedan dos jornadas en las que el HLA Alicante no se juega nada contra dos «reales» equipos: Real Murcia (mañana a las 12:30h en el pabellón Pedro Ferrándiz) y Real Canoe la semana siguiente, ambas en horario unificado. Dos magníficas ocasiones de que Rivero y los Albertos pulan las jugadas, prueben nuevas rotaciones, ensayen defensas y ataques y recuperen sensaciones tras la amarga derrota contra Granada. Una oportunidad de oro para Noah Allen y ese espíritu guerrero que cultivó a orillas del Pacífico. Valiosísimos minutos para reforzar el liderazgo de nuestros bases, el acierto de nuestros exteriores y la fluidez de nuestros pívots. El último test antes de la verdadera batalla, la que se librará contra el grupo del oeste. Un reto más para nuestro entrenador: hacer del equipo esa cabeza del diamante de la LEB Oro.

Y que el verdadero paraíso no sea solo la biblioteca soñada por Borges o la playa de Lanikai bajo el cielo hawaiano. A este lado del Atlántico, a estas alturas del siglo, el auténtico paraíso soñado como lo cantaría Coldplay, un paraíso ya perdido cual obra de John Milton, son las gradas del Centro de Tecnificación a reventar, la alegría de un pabellón en ebullición, las palmas, las gargantas y las canastas al son, con toda la afición gritando al unísono «¡Lu-cen-tum!» mientras el equipo disputa la eliminatoria de ascenso. Ojalá Noah Allen no tenga que soñarlo para vivirlo.

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