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Las San Juan Dolphins: sacrificio y supervivencia

La sección femenina del club de flag football, fútbol americano sin contacto, ha ganado la Spanish Flag Bowl y todo en lo que participa desde 2019 - Se autogestionan y pagan las competicioness

Jugadoras y cuerpo técnico de San Juan Dolphins posan con la medalla de campeonas de España. A la derecha, un partido de esta temporada.

Jugadoras y cuerpo técnico de San Juan Dolphins posan con la medalla de campeonas de España. A la derecha, un partido de esta temporada. PEDROSÁEz

Ellas son las Dolphins, un equipo que ocupa la escena de un cantar de gesta, sus realidades superan lo epopéyico. Las jugadoras Alicia Ortega (Alicante, 1995) ,Violeta Wiksten (Alicante, 1994) y su entrenador Rafael Manzano (Alicante, 1982) representan el núcleo de un bloque compuesto, en líneas generales, por 12 jugadoras. La extensión de un grupo que trata de normalizar todas las dificultades por las que pasan mediante un ambiente donde solo existen buenas palabras entre sí. Entrenan cuatro días a la semana, estudian y la mayoría trabaja. ¿El tiempo para vivir, descansar o disfrutar de un viaje? En la agenda de las Dolphins ya no hay hueco para más.

La filosofía de vivir para trabajar o trabajar para vivir queda lejos de lo que transmiten sus voces: sobrevivir para competir. «No es que no cobremos, tenemos que pagar mucho dinero para poder competir» responde Wiksten a lo que Ortega añade, «si no tienes ninguna ayuda es imposible, no todas tenemos un buen trabajo». La situación para las mujeres deportistas de élite en flag football es preocupante, se costean el gimnasio, los viajes y todos los gastos: tan solo recibieron el pasado año una ayuda del Ayuntamiento y la Diputación. Parece que no es suficiente con ganarlo todo en España y tener 3.000 espectadores en la final de la Spanish Flag Bowl retransmitida por Twitch. Al entrenador Manzano lo que más «rabia» le da es que los equipos masculinos tienen patrocinios de 50.000 euros, siendo «los equipos femeninos los que tiene igual o mayor repercusión».

La situación de desigualdad se transporta hacia el sobreesfuerzo que las jugadoras deben realizar en sus vidas para llegar a disputar torneos por méritos puramente deportivos. «Lo que me duele es que ahora, después de cinco años, es cuando tienen que recoger los premios, como ir al campeonato de Europa, al mundial de clubes, a la Sportmonda… Y que se pierdan todo porque no consigamos ningún patrocinador...», recalca Manzano. No obstante, Santiago Román el concejal de deportes de San Juan está realizando una gran labor, gracias a su ayuda, las San Juan Dolphins no pagan el alquiler del campo los cuatro días a la semana y reciben una cantidad económica. Según Manzano, «ha dado la cara por nosotros, todo para tener las mismas oportunidades que un club como el Intercity; eso no lo hace cualquier concejal, sabiendo la que le cae, ha cumplido siempre su palabra».

En San Juan, aunque de manera limitada, se intenta ayudar y cuidar algo tan valioso a nivel nacional como este equipo, para Wiksten el fútbol americano femenino «ha crecido mucho, hay más clubes, fichas y categorías”, no obstante pese al aumento añade: «Seguimos estando olvidadas, no nos ayudan, tampoco hay repercusión en los medios, aun así nos estamos moviendo mucho». Además del aspecto económico, no dejan de ser personas que necesitan descanso y ocio, libertad para poder respirar y cuidar su salud mental, Wiksten ya no sabe cuántos cumpleaños se ha perdido y repite la clave para seguir adelante: «Es lo que hay, estás compitiendo, te tienes que sentir como una deportista de alto nivel, porque lo eres, aunque luego no se demuestre para algunos». Galiana también menciona que incluso hay jugadoras que han doblado turnos o hasta han dejado el trabajo para ir a los campeonatos, «intentamos ir siempre todas, somos una piña» destaca la jugadora.

Las jugadoras eligen las competiciones que van a jugar, en Dolphins se hace todo en democracia, ellas son las que aportan el capital al club para poder jugar, el entrenador lo explica así, «una parte del club es de cada una, ellas eligen su futuro y gestionan el club». San Juan Dolphins solo tiene directiva por burocracia, las jugadoras toman el rumbo del equipo, lo mantienen a flote económicamente y además deben cuidarse a sí mismas, eso tiene un gasto: alimentación, preparadores físicos, gimnasios, suplementos para competir…

Si tras todo lo sacrificado en sus vidas son capaces de conseguir títulos, Ortega deja claro que «la satisfacción después de todo el trabajo no se puede expresar con palabras». En un contexto donde no existe apenas un apoyo firme ni visibilidad para las Dolphins, Wiksten comenta la sorpresa que genera que ganen: «No tenemos que dar la cara ante nadie, sabemos lo que nos ha costado, no lo sabe nadie más, nos da igual porque rendimos ante nosotras mismas, no ante nadie más».

La sensación que transmiten cuando relatan estas odiseas ejemplifica su voluntad de existir, de que se les valore y sobre todo de «darle al César lo que es del César». No obstante, aunque el camino hacia luz sea un barrizal pedregoso, gracias al tercer puesto de la selección española en el europeo de 2017 Ortega pudo entrar en una carrera universitaria. No sirve con ir a competiciones internacionales o entrenar cuatro días a la semana, en España no es suficiente, «el flag football todavía no es deporte de élite», comenta el entrenador. En otros países como México o Estados Unidos las jugadoras están becadas, aquí, dice Wiksten: «No basta con representar a tu país».

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