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tribuna

Que nadie se duerma

HLA

Nessun dorma. Que nadie se duerma». Con esta petición, en italiano, comienza una de las arias más famosas de la historia de la música, de esas que todo el mundo sabe tararear, aunque nunca haya puesto un pie en un teatro. Quizá la recuerden de haberla escuchado en alguna Copa del Mundo, en el Santiago Bernabéu, en la voz de los tres tenores. No en vano, era la pieza favorita en los conciertos de Luciano Pavarotti, el modenés más universal (con permiso de Enzo Ferrari y del vinagre balsámico). Su voz tenía un timbre y una dulzura inconfundibles. Una noche, en Berlín, le aplaudieron tanto que tuvo que salir 165 veces a saludar al público (con sus correspondientes subidas y bajadas del telón). Poca broma con Don Luciano. Nessun dorma se canta en el acto final de Turandot, una ópera italiana ambientada en China que cuenta la historia de una princesa y su particular casting de pretendientes. La pobre tiene fama de cruel y despiadada por decapitar a los aspirantes que no aciertan sus tres adivinanzas… la gente se exalta por cualquier cosa.

El caso es que un príncipe tártaro se enamora de ella y decide probar suerte como candidato. Turandot le propone tres acertijos y, para sorpresa de todos, el príncipe los resuelve uno a uno. La única manera de que Turandot se libre de él es entonces adivinar su nombre. Es aquí cuando suena el Nessun dorma: que nadie se duerma, todos han de descubrir cómo se llama el príncipe tártaro para así librar a la princesa de su promesa de matrimonio. No les desvelo el final de esta obra maestra de Puccini.

En este mundo del espectáculo que es la LEB Oro, cuyo balance hasta la fecha para el HLA Alicante es de tres derrotas en tres partidos, más vale que cunda el ejemplo de Turandot y nadie se duerma. El equipo ha llegado a los últimos instantes de cada encuentro con opciones de ganar y de tener tiro para conseguir la victoria, y las tres veces ha errado en la ejecución y en la gestión de los segundos finales. El ataque depende excesivamente de las individualidades; la defensa no es tan sólida como para aprovechar las rentas que se acumulan en el tercer cuarto y el rebote vuelve a ser asignatura pendiente. Falta rodaje y acierto, confianza y estrategia, y las jornadas pasan y nos sitúan a la cola de la tabla. Los lucentinos no pueden permitirse seguir contando por derrotas las jornadas de liga, mientras el calendario nos cita este domingo con todo un Movistar Estudiantes en su templo.

El siguiente partido también será lejos del Pedro Ferrándiz, y es necesario llegar a él habiendo estrenado el contador de puntos de la LEB Oro. Jugadores, cuerpo técnico, plantilla lucentina: que nadie se duerma. Los necesitamos al 100%. Nos jugamos mucho, nunca mejor dicho. Entonen el Nessun dorma y lleguen hasta el final del aria, ese que dice que cuando llegue la luz y acabe la noche, cuando se oculten las estrellas, al alba, venceremos.

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