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El bisonte lucentino

Ser bisonte imprime un carácter especial que no se olvida. Siempre queda un resquicio del búfalo en el corazoncito

Gonzalo García de Vitoria Jose Navarro

En la región de las Grandes Llanuras de Norteamérica, lindando con Canadá, hay un pequeñísimo estado llamado Dakota del Norte. Una de sus principales ciudades, Fargo, es la sede de la universidad estatal, cuyos equipos deportivos se llaman «Los bisontes». Sus fans suelen animar a estos equipos universitarios de fútbol, baloncesto, béisbol o atletismo gritando «go, bison!» («¡vamos, bisontes!») y lucen orgullosos sus camisetas con el fuerte y fiero búfalo que es la mascota oficial de la universidad. Los encuentros se disputan, lógicamente, en el Bison Sports Arena (el Centro de Tecnificación de allí). Uno de los lemas más famosos que tiene esta buena gente de Dakota del Norte es el de «Once a bison, always a bison»: si una vez fuiste bisonte, nunca dejarás de serlo. Ser bisonte imprime un carácter especial que no se olvida. Siempre queda un resquicio del búfalo en el corazoncito. Esa frase me encanta. Me pregunto cuánto hay de cierto en ella respecto a los colores del deporte. Cómo se tiene que sentir alguien que fue tan lucentino como Pedro Rivero, que fraguó aquel ascenso a la ACB que nunca fue en 2013, que regresó al equipo como base estrella para sacarlo de la LEB Plata y finalmente consiguió subirlo a Oro ya como entrenador, en su primera andadura como técnico profesional. Inolvidables para él han sido las dos temporadas que dirigió al HLA Alicante en Oro, llegando a las semifinales del playoff y haciendo soñar a la afición con el retorno de los días grandes del club. Rivero fue no una, sino muchas veces, lucentino. Aplicando la lógica de los bisontes, nunca dejará de serlo. 

Y sin embargo, ahora se encuentra al otro lado, al frente de un Zunder Palencia consolidado en la parte alta de la tabla, defendiendo el factor cancha para los playoff y jugando contra un Lucentum que esta vez no puede soñar con alargar la temporada más allá de la fase regular. Un Zunder Palencia de reconocible ADN lucentino. El discípulo se enfrenta al maestro, aunque mucho ha llovido para Pedro y para Gonzalo desde que cruzaran sus caminos en Ourense, como jugador varias temporadas el uno y como entrenador principal el otro. Ahora es Gonzalo el bisonte lucentino, que ha de empujar a los suyos en el pabellón de deportes de Palencia para exprimir al límite de sus fuerzas a la mermada plantilla del HLA Alicante. Las lesiones han terminado de empañar este final de liga y no permitirán el lucimiento del talento alicantino que tanto pudimos disfrutar en el partido de la ida, cuando los nuestros pusieron contra las cuerdas a los palentinos durante los 35 mejores minutos que hemos visto esta temporada. Ambos equipos llegan a este encuentro en una situación muy diferente, y a pesar de ello, el partido tiene ese sabor familiar de ver sobre la pista a Chumi Ortega, Bamba Fall, Noah Allen o Chuso González frente a Matulionis, Pilepic, Arcos o Galán. Rivero y García de Vitoria volverán a medir sus fuerzas desde los banquillos, con la gran desventaja para el conjunto visitante de apenas poder contar con la mitad de sus efectivos. Con todas las circunstancias en su contra, una vez más, el Lucentum tendrá que luchar como un bisonte si quiere conseguir la victoria. 

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