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Baloncesto | Primera FEB

Demasiado Obradoiro para un HLA Alicante huérfano de Larsen

Los gallegos aprovechan su buena dinámica y el mal día del danés para imponer la lógica

Eddy Polanco penetra a canasta para intentar superar a la defensa del Obradoiro

Eddy Polanco penetra a canasta para intentar superar a la defensa del Obradoiro / HLA Alicante

David Marín

David Marín

Ganar a este Obradoiro no es tarea sencilla. Doce triunfos en los 13 encuentros precedentes lo atestiguaban. El HLA Alicante necesitaba, literalmente, desplegar todo su arsenal para regresar de Galicia con un botín que hubiera sido de oro. Pero le fallaron cosas. No demasiadas, pero sí la principal. Su MVP (y el de Primera FEB), Kevin Larsen, cortocircuitó. Y no hubo manera de reiniciarlo: 3 puntos, un triple al inicio, y 1/10 en tiros de campo. Cero de valoración. Así, imposible.

Y eso que empezó bien, muy bien, la cosa para los alicantinos en el Fontes do Sar. Inspirados, con energía, atinados desde el triple. Así llegaron a amasar una renta de diez (4-14), con tres dianas consecutivas desde más allá del 6,75 de Richardson, Geu... y Larsen. Los interiores, siempre fuera. Porque en la zona mandaron Dos Anjos, que anotó los ocho primeros puntos locales y terminó el choque como máximo anotador del mismo con 18, y el exlucentino Galán, que sigue siendo el mismo titán que era. Defensa, coraje, tapones, robos, contras, mates. No demasiado de cada, pero lo justo para aportar su toque habitual al partido y, sobre todo, para contagiar a compañeros y grada.

Torres da un pase durante el partido del HLA

Torres da un pase durante el partido del HLA / HLA Alicante

Rubén Perelló temía del Obradoiro sus rachas. Y lo cierto es que los gallegos se mantuvieron en el partido, hasta que dieron el golpe definitivo, gracias a ellas. A instantes de inspiración. Daba la sensación de que el HLA jugaba cerca de su límite y Obradoiro iba y venía. Un parcial de 9-0 sirvió para sofocar el intento de escapada visitante, aunque el Lucentum aguantó por delante hasta la conclusión del primer cuarto (17-24).

Resistencia infructuosa

El ritmo más alto y alocado del retorno a pista no benefició al HLA. Lo aprovechó su oponente para nivelar el choque, primero, y tomar sus primeras ventajas a continuación (27-26, min. 14). Guiados por Westermann y con la anotación de Barcello y el poderío interior de sus pívots, el estirón únicamente lo consiguió limar Mwema con un triple a la desesperada en la última posesión de la primera mitad del duelo (44-41). El Lucentum seguía con vida.

Y continuó aferrándose al partido hasta el último periodo, pese a que nuevamente se vio perjudicado, inferior a su oponente, al volver a saltar a pista. Tanto HLA como Obradoiro estuvieron muy imprecisos en el tercer cuarto, pero en ese intercambio de flojera, los gallegos salieron beneficiados. Los hombres de Perelló, por su parte, siempre lucharon para no irse del encuentro. Y lo conseguían.

Hasta que dos triples seguidos locales y un cúmulo de precipitaciones en ambos lados de la cancha empezaron a abrir ya no una brecha sino un boquete que ni Perelló ni sus jugadores encontraron modo de cerrar. Especialmente porque Larsen seguía sin ver aro, ni desde lejos, con tiros impropios de él, ni desde cerca, superado totalmente por Dos Anjos.

El HLA Alicante dio la cara ante Obradoiro... pero perdió

El HLA Alicante dio la cara ante Obradoiro... pero perdió / HLA Alicante

Así, Westermann llevó la ventaja local hasta la máxima (76-60, min. 35) y la historia alicantina en tierra de meigas concluyó. Geu, con voluntad y acierto, maquilló el resultado y, sobre todo, impidió que la diferencia siguiera creciendo. El HLA llegó a acercarse a ocho, sin tiempo para remontar, aunque con probabilidades de asustar. Y ahí regresó la confusión.

Tres pésimos ataques y dos defensas mal ejecutadas tras tiempo muerto cerraron la puerta al milagro. El Lucentum dio la cara en Santiago de Compostela, pero no encontró a su santo. Al que nunca le falla. Por una vez, no serán demasiadas más, quedó huérfano de Kevin Larsen. Y sin el mejor, el arte de ganar se acaba convirtiendo en una quimera.

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